Nos toca recoger el testigo y gritar

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Recuerdo las historias que mi abuela me contaba. Desde caminar una hora para ir a por agua para asearse, beber y cocinar, hasta allendar las ovejas en el monte fueran los inviernos más crudos o los veranos más cálidos. Cuidar de hermanos, primos, tíos… cuando aún su propia infancia no había acabado. Servir en casas, limpiar la propia, atender el ganado. Recoger nueces, avellanas y castañas. Ir a leña para atizar la lumbre y poder calentarse cada noche en la cocina. Tantas historias sacrificadas que formaban parte de lo más cotidiano…

Mi madre había repetido sus pasos. Nunca tuvo una vida alejada de aquello. Al amanecer le ocupaba el tiempo el ordeño, luego la siega para dar de comer a las vacas cobijadas en las cuadras; a continuación, arreglado y limpio el ganado, acudía rauda y veloz a casa para hacer la comida. Después de que todos llegaran y se sentaran a una mesa que ella servía sin olvidar sonreír, recogía la casa y, de nuevo, la siega para dar de cenar a los animales. El ordeño de la noche era la última labor que le competía a ella, justo antes de repartir a domicilio la leche entre los vecinos que así lo demandaban.

Todo eso desde que era tan niña que necesitaba un pequeño banco para poder llegar al fogón de la cocina para fregar. Y, además, nos crió, a los tres. Nosotros hicimos lo que quisimos: pudimos estudiar o trabajar. Pudimos elegir.

Yo elegí este camino, el que tiene que ver con las letras, con contar cosas, con empaparme de historias, con aprender a diario. E inevitablemente me fui haciendo a mí misma, me sentí un ser diminuto ante tantas mujeres que fueron tan grandes ocupando tan poco, entre tantas mujeres que nos trajeron hasta donde estamos hoy, luchadoras que no fueron escuchadas, la esencia en un mundo de hombres, el pilar de cada casa, el bastón de cada marido. Me siento pequeña al mirar a todas aquellas mujeres silenciosas que han labrado un futuro marcado por la falta de oportunidades.

Por ellas, por todas, nace precisamente hoy, Día de la Mujer Trabajadora, este proyecto que hemos parido entre dos mujeres con ganas de crecer y demostrar. Nos toca recoger el testigo y gritar, por nosotras, pero, sobre todo, por ellas. Y porque todos los días sean 8 de marzo.

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