La xíriga, más viva que nunca

La Casa de Cultura de Llanes acaba de clausurar la décima edición del taller sobre la lengua de los tejeros

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Que el lenguaje define el mundo que nos rodea es algo que está claro. Una de las cosas buenas de las palabras es que te permiten jugar hasta llegar a inventar realidades, como pasa con la literatura. Del poder que tiene el lenguaje dentro de la ciencia ficción no hace falta explicar mucho tampoco.

Pero las palabras pueden convertirse también en escudo, nos arropan cuando hace falta. Por eso nos inventamos lenguajes. Por eso los tejeros (o tamargos) llaniscos se sacaron de la manga la xíriga, una lengua para protegerse del entorno hostil en el que les tocó ganarse el jornal.

La Casa de Cultura de Llanes acaba de clausurar hace unas semanas la décima edición de su taller de xíriga, con un gran éxito de participación. Cuando el director de la Casa de Cultura, Higinio del Río, impulsó el taller en 2007, lo planteó como un ciclo de cuatro o cinco años, pero todo apunta a que tendrá que continuar unos cuantos más. Raro es el llanisco que no entiende -por ejemplo- la expresión «zancañeru», que en xíriga significa compañero o amigo.

La riqueza de la xíriga reside en que no es un argot profesional, que tiene palabras concretas para designar las herramientas o procesos de una labor. Los teyeros del concejo fueron más allá y tenían palabras para el día a día. Aquí hay que destacar la gran labor de Ramón Melijosa, cuyo diccionario contiene más de 600 términos como «gachez» (maldad), «xagarda» (manzana), «chirriu» (carro) o «morata» (pulga). Éste es uno de los libros de texto básicos para los estudiantes de xíriga, al igual que “El lenguaje de los tejeros llaniscos”, de Emilio Muñoz Valle.

Un de las piezas claves del taller (asistí dos años como alumna) son los testimonios de antiguos tejeros como Evaristo Celorio (Tito), Evaristo Concha, Pepe Díaz Díaz o Pedro Gutiérrez Tamés. Salían de críos para la tejera (con 12 o 13 años) a trabajar por temporadas -normalmente de abril a finales de septiembre- a Castilla y León, Cantabria y el País Vasco. Sus anécdotas sobre lo que comían, en qué gastaban las perras o dónde dormían no tienen precio. Son la voz viva de un mundo que puede parecernos lejano, pero que no terminó hace tantos años, ya que hasta que comenzaron los flujos migratorios a Europa de los años 60 no comenzó a decaer la actividad de los tamargos.

Esperemos que en enero del año que viene el taller vuelva a ofrecer sus sesiones en ese mes tan simbólico, ya que era durante las ferias de La Candelera de Posada o de Santa Dorotea en Balmori cuando los patronos cerraban los contratos de las cuadrillas para la próxima temporada.

¡Que apare xidu, zancañeros!

Imagen del taller del pasado mes de enero cortesía de Manuel Vela Martínez
Más información, vídeos de las charlas y otros materiales en el grupo de La xíriga y los teyeros

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