Las mujeres de La Guía, mérito a la devoción

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Lo único que permanece es la devoción, el fervor y el deseo común de que las fiestas de La Guía se superen año tras año. Cueste lo que cueste. Aunque ahora «ya nada es como antes, es mucho mejor». Coinciden en ello las cuatro mujeres que participaron en una mesa redonda organizada por el Bando de La Guía con motivo del Día Internacional de la Mujer. Carmen Carús Junco, Paloma García Caso, Pilar Calero González y Gema Cea Gutiérrez fueron las encargadas de contar durante una charla en la Casa de Cultura cómo fue ‘El trabajo de la mujer en las fiestas de La Guía’. Así, haciendo honor al título del encuentro -uno de tantos actos culturales organizados por el Bando para conmemorar los 500 años de culto a la Virgen- estas mujeres dieron ejemplo de tesón y empeño por sacar adelante hace décadas los festejos que acoge Llanes durante el mes de septiembre.

Contaban Carmen Carús y Paloma García que, juntas, «no había rincón del concejo» que dejaran sin visitar con el único objetivo de «conseguir sacar dinero para celebrar las fiestas». Antes había Bando, pero no existían los socios con lo que «costaba mucho más» poder poner en marcha todas las actividades. «Comenzábamos el 19 de agosto y acabábamos el 7 de septiembre», recuerda. No había domicilio ni comercio que se resistiera a la petición de estas dos fervientes devotas de la Virgen que, a día de hoy, reconocen, «lo echamos muchísimo de menos». Porque fueron tiempos duros, pero también bonitos.

Es verdad que en la actualidad «hay muchísima más gente» durante las fiestas, pero también es cierto que parte de aquel programa festivo que ellas organizaban se ha quedado atrás. Como aquel momento en el que «las carrozas, engalanadas, desfilaban durante El Bollu mientras las reinas de las fiestas», vestidas de gala para la ocasión saludaban a todos los que se amontaban para ver pasar a la comitiva. «El teatro Benavente y el Cinemar acogían obras de teatro y variedades» que protagonizaban los mozos del Bando, y todo aquel que simpatizaba con el mismo. El aforo se completaba, las butacas las reservaban «los de La Guía» y el gallinero «para el resto de vecinos», fueran del Bando que fueran. El dinero recaudado servía para financiar la fiesta, con lo que todo esfuerzo era poco para ensayar. «Hicimos de todo», recuerdan, «desde Las Chicas de la Cruz Roja, pasando por El Soldado de Nápoles, para el que nos mandaron los trajes alquilados de Madrid». Paloma, Carmen y otras tantas mujeres de La Guía aprendieron a bailar, a cantar, a tocar el piano y a interpretar lo que se les pusiera delante con tal de aportar todo su esfuerzo al desarrollo de las fiestas.

Hasta que en el año 1958 «nos las quitaron». La polémica comenzó cuando la celebración de El Bollu (el domingo anterior al 8 de septiembre) cayó en el mes de agosto (mes de San Roque). «No nos dejaron hacer nada, pero lo hicimos, desfilamos,  hicimos una danza y lo pasamos como los indios», eso sí, sin traje regional «vestidos de calle». El caso «es que les dimos mucha guerra y reímos lo que quisimos».

Aunque las fiestas de Llanes son algo muy serio y esa formalidad se ha mantenido e incluso mejorado. Ocurre con los bailes. Explicaba Gema Cea -cuya familia ha aportado al Bando gran parte de la historia del Pericote- que «ahora se baila más que antes, mucho más» e incluso el propio Pericote ha cambiado. A ellas les «enseñaron a la antigua usanza», pero reconocen que «el que se baila ahora es precioso, más pausado y cantado» acompañado del pandero. «El nuestro, el de antes, era más rápido y con la gaita» marcando el ritmo elegante que se desprende de esta pieza tan íntimamente ligada a Llanes.

El Cuetu, el barrio más emblemático de la Villa en lo que a las fiestas de La Guía se refiere, «se engalanaba en todas sus calles» y los vecinos «salían a la calle después de comer, el día 8, para unirse en una danza» interminable. Pronto comenzaron a adquirir relevancia las fiestas de El Morru, inevitablemente asociadas a La Guía. «Llegamos a hacer un Concurso de Feos» con claros ganadores, explicaba Pilar Calero. Una mujer «con un don» materializado en la venta masiva de papeletas.

Son sólo algunos ejemplos de una charla que podría durar años. Pequeñas muestras de los grandes gestos de estas mujeres. Aunque ayer, durante la mesa redonda, faltaba «alguien muy especial que debería haber estado junto a nosotros, Cani (Gutiérrez Celorio)», recientemente fallecida, «cuya figura fue esencial en las fiestas de La Guía y a quien hoy dedicamos este encuentro», declaró emocionado el presidente del Bando, David Prada.

Ha sido durante la presidencia de Prada cuando el Bando ha echado la vista atrás con la intención de recuperar partes de aquella tradición de la que Carmen, Pilar, Paloma y Gema hablan con tanta nostalgia e ilusión. Ya el pasado año el programa de La Guía reservó una jornada dedicada al ‘Día del teatro’. Un momento que no se repetía desde el año 1971, cuando el Teatro Benavente, el Cinemar y el Salón Moderno cerraron el telón de sus escenarios para despedir el séptimo arte interpretado cada mes de septiembre.

«Ser de La Guía es algo inexplicable». Y ese sentimiento es el que se mantendrá por muchos años que pasen. Estas cuatro mujeres, y otras tantas, fueron vitales para mantener el ritmo de la fiesta, «pero ahora nos superan», asumen contentas, aunque ellas mismas continúan vinculadas a los festejos ayudando en todo lo que pueden. Porque los miembros del Bando tienen un objetivo claro, hacer que el mes de septiembre honre a la Virgen por todo lo alto, y que el día 8 La Guía brille con toda su esencia.

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