‘Llacín’ con sabor a calidad e ingenio

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Cuando la calidad, el ingenio y la profesionalidad se unen el resultado siempre es inmejorable. Y delicioso. La Asociación Cultural Llacín y la Confitería Vega se han vestido de gala para presentar un producto que nace desde el cariño. Su nombre es ‘Llacín’ y sabe a ingenio, a cultura y a tradición. Son mantecados de almendra, avellana, chocolate y naranja, y bombones de chocolate negro, blanco y con leche. Desde hoy comienza su comercialización y su venta será exclusiva en la Confitería Vega y en el Museo Etnográfico del Oriente de Asturias (Porrúa)

Un proyecto que es capaz de vincular a dos instituciones que, a priori, nada tienen que ver entre sí, no puede sino ser un éxito, el fruto de un arduo trabajo que ha perseguido la perfección desde su gestación. Y eso sucedió hace «muchos meses».

Cuenta Maribel Ampudia, gerente de la Confitería Vega -cuya pastelería fue fundada en el año 1900-, que la idea volvió a ilusionarla como hacía tiempo no le sucedía. «Nunca solemos entrar en este tipo de iniciativas porque supone muchísimo trabajo, pero esto fue distinto, nos gustó desde el principio, nos ilusionó», asegura. Tanto como «para embarcarnos en un proyecto de estas características a estas alturas», bromea. Ha sido su profesionalidad la que ha medido estrictamente los pasos dados en el obrador con el que Vega obsequia a los amantes del dulce. «Hubo días de sacar del horno hasta cinco mantecados diferentes y no sabíamos cuál elegir porque cada uno estaba mejor que el otro», explica. Con los bombones, «lo tuve claro», y el resultado de ambos es un regalo al paladar. Un sabor suave, diferentes, que pronto se vinculará con este dulce tan característico.

Olaya Romano, presidenta de la Asociación Cultural Llacín, considera «muy interesante» este proyecto que vincula a un colectivo «muy unido a la tradición» con una confitería «cuyo trabajo artesano» fue el principal motivo para favorecer la unión entre las partes. Ambos, señala Romano, «compartimos valores, la cultura del esfuerzo» y el respeto a la tradición. Y ambos «tuvimos claro que el producto tendría la forma de hoja de roble, una identidad de nuestro concejo y de nuestra asociación», explica. Ellos, señalando a los maestros confiteros, «miman mucho sus productos y nosotros mimamos todo lo que tiene que ver con la asociación, con lo que sabíamos que esta unión iba a ir por el buen camino» y a fraguar un producto tan especial como el denominado ‘Llacín’.

No importa de quién partió la idea, sólo importa el resultado final «después de muchos meses de estudio y de preparación». Porque nada de lo que tiene que ver con este dulce es casual. Las cajas -con seis unidades cada una-, están diseñadas con estilo y recogen los logotipos de cada institución. Las bolsas -con dos unidades cada una- no pierden un sólo detalle del diseño original. El cartel, diseñado por la artista local Nieves González, muestra «a la perfección» la esencia, la sencillez y la complejidad del proyecto convertido en dulce. Y la forma sale de un molde que, como todo en este proceso, tiene que ver con ese afecto con el que nacen las cosas hechas a mano. «Fuimos hasta Navia para que un artesano» se encargara de la elaboración, huyendo de grandes empresas y aportando aún más valor, más devoción por la tradición.

«Sabíamos que con el apoyo de Vega esto saldría bien», cuenta Olaya Romano. Y con la aportación cultural de la Asociación este «bocado de tradición e innovación» tendrá el gran futuro que, a partir de hoy, le brinden los consumidores que, ahora, podrán conocer a qué sabe el cariño por la cultura de Llanes.

(En la foto, de izquierda a derecha, Julio Tamés, expresidente de la Asociación Cultural; Maribel Vega, gerente de la Confitería Vega; Gerardo Gutiérrez, miembro de la Asociación; Olaya Romano, presidenta de la Asociación y Germán Romano, expresidente el colectivo cultural de Porrúa)

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