Raquetas en el Bosque de Peloño

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Invierno. Lluvia, viento, frío, nieve… ¿Qué hacemos? ¿Meternos en la cueva como osos? Pues no.

Hay nieve, mucha nieve en las zonas altas del concejo de Ponga y hacia allí fuimos el pasado fin de semana buscando un paisaje de cuento.

Salimos de Poo de Llanes a las 9.15 horas y paramos en Arriondas a recoger las raquetas, polainas y bastones que habíamos dejado alquiladas unos días antes por teléfono. El alquiler del equipo cuesta 15 euros. Continuamos en dirección a Cangas de Onís, desde donde salimos por la carretera del Pontón (N-625) y seguimos hasta Santillán, para coger provisiones en la panadería de Mª José, al lado de la carretera: empanadas, hogaza, bollos preñaos, quesu de Los Beyos, magdalenas, bizcochos, casadielles… ¡Será por comida!

Retrocedemos unos metros hacia atrás hasta el cruce que nos lleva a Sellaño y San Juan de Beleño (AS-261), carretera que va paralela al río Ponga, que con las últimas lluvias y algo de deshielo parece un río en miniatura de los que hay por el Himalaya. Aguas verdes, cascadas y una fortísima corriente que deja las piedras pulidas.

Una vez en San Juan de Beleño, atravesamos todo el pueblo hasta el cruce que va a Viego (PO-2). Es una carretera con buen firme pero con curvas importantes, por lo que hay que tomarla con precaución y sin prisas. En pocos kilómetros se llega al Collado del Cabañón del que sale una pista a mano derecha hacia Les Bedules (1,7 kilómetros). No pudimos entrar porque había muchísima nieve, así que aparcamos en el mismo cruce y nos pusimos las raquetas. La pista va subiendo poco a poco y es muy llevadera pues las vistas hacia la derecha son impresionantes, con el Tiatordos sobresaliendo todo nevado.

En una hora llegamos a Les Bedules (1.083 metros de altitud). Hay cabañas y una fuente que sólo pudimos intuir ya que estaba cubierta de un montón de nieve. Las vistas que se ofrecen desde allí no dejan de asombrar a nadie, aunque no te guste el monte. Hacia el este se ven los Picos de Cornión con la Torre de Santa María y Peña Santa; delante Peña Beza y el Cantu Cabroneru y Peña Salón. Hacia el norte, el Picu Pierzu, completamente blanco (parecía el Fujiyama) y hacia el oeste, Maciédome, Tiatordos, Peña Taranes, Ten y Pileñes, entre otros.

Desde Les Bedules cogimos una pista hacia el sur que se adentra en el Bosque de Peloño, una inmensa masa forestal de las más importantes de Asturias. Calculan que tiene unas 200.000 hayas, además de robles, servales, avellanos y acebos. En estos momentos, es como un bosque de merengue gigante, con algunas pisadas de corzos, zorros o venados que son los animales que lo habitan.

Llegamos hasta el cruce que va hacia Les Llampes, una majada hermosísima con un bosque de acebos único, pero hay tanta nieve que es difícil transitar por la pista, así que decidimos dejarlo y dar la vuelta, aprovechando para hacer un montón de fotos.

La bajada se hace muy rápido, sobre todo pensando en la comida de la Fonda de San Juan de Beleño.

Este es un paseo apto para todo aquel al que no le importe realizar un poco de esfuerzo físico. Caminar con raquetas no es algo que hagamos frecuentemente, pero con paciencia se le coge el tranquillo y ayuda a adentrarse en unos paisajes de ensueño que de otra manera sería imposible.

 

Texto e imágenes: Sol Caso Blanco

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