Sobre Bilbao, Llanes, botellón, alcaldes y vecinos

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Leo en la prensa que el Ayuntamiento de Bilbao multa a tres chicas por beber en la calle.

Más allá del caso concreto –que si estaban bebiendo solo unos refrescos y una cerveza sin alcohol, etc, etc- llama la atención el contraste con Llanes.

En Bilbao la ordenanza del Botellón multa por el consumo de bebidas «preferentemente alcohólicas, no procedentes de locales de hostelería, en la calle o espacios públicos por un grupo de personas, cuando como resultado de la concentración de gente, o de la acción de consumo, se causen molestias y provoquen situaciones de insalubridad».

En Llanes la ordenanza multa por consumir sólo bebidas alcohólicas. También difiere de la de Bilbao en que esta también protege a la hostelería local. En Llanes, no.

Pero lo que me llama de la noticia en realidad es el diferente rasero.

Aquí se lleva tiempo consintiendo el botellón en el aparcamiento del antiguo Hospital, ahora INEM. Y se deja al vecindario sólo ante la muchachada que luego baja, convenientemente «caldeada», al barrio del Cuetu arremetiendo contra ventanas, puertas, coches…

Es triste – más bien lamentable- que haya que acabar llamando a la Guardia Civil (la Guardia Civil, habiendo servicio de Policía Municipal, debiera poder dedicarse a otros asuntos más importantes) después de llamar primero a los Municipales y recibir como respuesta que no pueden acudir porque «no tenemos patrulla». Claro, alucinas.

Alucinas y te preguntas qué servicio de Policía Municipal tenemos, cuando no son precisamente cuatro o cinco los Policías Municipales en plantilla. Claro que luego lo piensas y hasta entiendes que no aparezcan por la noche cuando por el día y en plena Semana Santa –con las calles a tope de gente y vehículos- tienes que dedicarte a rastrear Llanes para encontrar a uno.

Te puedes cabrear y echar de los propias Policías. O pensar no sólo en los mandados sino en quienes los mandan. Y ahí acabas no sólo pensando en su Jefe directo, sino en el Alcalde.

Y cuando llego al Alcalde me acuerdo de una persona de la que sé que le ha pedido a este señor una entrevista hace más de un mes para hablar con él sobre precisamente todos los problemas que tiene con la muchachada del botellón –solo en retrovisores para el coche, creo que si no le han tumbado 10 no le han tumbado ninguno- y me dice que todavía no tiene ninguna noticia de usted.

Y está muy bien acordarse de los refugiados que lo pasan mal, y del caso Kaype también, pero de vez en cuando tampoco estaría mal ocuparse del vecindario que sufre problemas causados porque el Ayuntamiento aplica la Ordenanza del Botellón con un pasotismo alucinante.

P.D. La persona que espera poder hablar con el sr. Alcalde no sabe nada de éste escrito, que es totalmente responsabilidad mía. Lo aclaro para que sí alguien quiere pedir explicaciones sobre algo sepa a quien dirigirse.

 

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