Las galletas de Vibañu

Sobre hambre e historias

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Con todo lo que pasó hoy con el monolíto del Altu de la Tornería a mí se me despertó un hambre extraña que no terminaba de identificar hasta hace un ratín, que ya di con ello.

Se me apetecen galletas de Vibañu.

Y os preguntaréis qué tendrá que ver que yo tenga antojos con la Guerra Civil, la Memoria Histórica o la Legión Cóndor. Pues mucho. El hambre y la Historia van de la mano tantas veces…

La cuestión es que a mí hoy me dio por preguntarme cuántos alumnos del instituto llanisco sabrán algo de la batalla del Mazucu y si habrá algún profesor que les cuente -como nos contaba Toño Núñez a nosotros- aquello de las famosas galletinas.

Para quien no lo sepa… Se cuenta que aquel avión alemán que se estrelló cuando la Guerra Civil en territorio llanisco (no sé si en concreto el que se homenajea en el monolito u otro) cayó cerca de la localidad de Vibañu. Los vecinos acudieron corriendo al lugar del accidente y entre los restos encontraron unos paquetes de galletas con muy buena pinta que se repartieron, pero empezaron a pasar cosas raras en el pueblu. Los viejos se ponían cariñosones como hacía años que no se ponían, el cura no paraba de subir y bajar por el valle y la mayoría tenía ánimos y fuerzas para segar praos de sol a sol, atender a las vacas y no pegar ojo. No fue cosa de ninguna maldición ni encantamiento germano. El dichoso tentempié eran tabletas de anfetaminas, de las que usaban los militares para permanecer despiertos en sus largas jornadas de vuelo.

Habrá quien diga que es una simple anécdota tontorrona, pero cuando la escuché siendo una adolescente me enteré de que eso de la Guerra Civil no era algo que hubiese pasado de Pajares para abajo, que pillaba mucho más cerca -en el tiempo y en el espacio- de lo que yo pensaba.

Así que sí, hay que aplicar la Ley de la Memoria Histórica sin dudarlo un segundo y las instituciones no deberían ni remolonear ni hacerlo a trompicones. No se trata de esconder el pasado, sino de recordarlo tal como fue, con todas sus aristas y caras.

Tampoco estaría de más seguir contando las historias que hacen que los grandes acontecimientos históricos nos suenen cercanos, para que les sigan sonando a los que cada vez les pilla más lejos.

Yo por ahora voy a hacerme un colacao con galletas. ¡Buenas noches!

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