El dossier del BIC

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Mª Magdalena Fdez.-Peña Bernaldo de Quirós

He de confesar, que cuando acepté realizar el dossier para la propuesta de Bien de Interés Cultural de Carácter Inmaterial (BIC) de nuestros trajes no imaginé la repercusión que tendría. Sabía que era importante y necesario para mantener la ortodoxia en el vestir y para conservar nuestras tradiciones. Pero el cariño con que se ha acogido esta propuesta entre todos los llaniscos, me sorprendió. Numerosas han sido las muestras de adhesión recibidas, y daba gusto ver como desde las redes sociales como el grupo de Facebook “Eres de Llanes si…” se inundaban los perfiles y los muros de trajes de aldeana y de porruano. La historia de Llanes en todo su esplendor salía cada día de un cajín, antes casi olvidado. Más de mil fotografías salieron a la luz aportando amplia y variada información.  Doy las gracias a Diario del Oriente por dejarme asomarme desde aquí y agradecer a todas esas personas que me han mostrado su cariño por haber contribuido a este gran proyecto para todos los llaniscos.

El dossier presentado debía responder a las premisas exigidas por Cultura y a eso me ceñí. Como cualquier trabajo de investigación lo primero es ver el estado de la cuestión, buscar las fuentes y bibliografía, y una vez ordenada la documentación ponerse a escribir.  Ante la escasez de fuentes para la elaboración de este discurso histórico, resultó de vital importancia la fotografía. A menudo infravalorada, ahora ya considerada como una fuente primordial de información para una investigación. Una imagen no sólo es algo que enriquece e ilustra un texto, sino que es un documento prioritario que ofrece gran cantidad de información dentro de un espacio temporal determinado. A partir de una fotografía, podemos elaborar un discurso histórico, una hipótesis y una teoría. La fotografía fue una herramienta fundamental sobre la que basar nuestra argumentación para solicitar la declaración de BIC de nuestros trajes. Al observarla se puede determinar el momento histórico, la clase social y otros puntos de referencia que nos ayudan a componer nuestro relato.

Nuestros trajes tienen antecedentes históricos. Hasta el siglo XVII, la vestimenta europea responde a piezas más o menos similares sólo diferenciadas por la climatología y las costumbres locales. Es difícil precisar con exactitud el origen de cada traje regional. Se hallan elementos muy antiguos, consecuencia de las formas de vida de la población. A partir del siglo XVIII la moda francesa se introduce en España, al igual que en el resto de países europeos. A mediados de dicho siglo, se produce una reacción a favor de las prendas más castizas, tendencia que aumenta y continúa durante el XIX. Respecto a la indumentaria del concejo de Llanes, hallamos antiguas crónicas que nos sirven de antecedentes del traje que hoy conocemos. El origen medieval y diferente de los tocados femeninos de la cornisa cantábrica llama la atención a quien los observa por vez primera. Algunos llegan a ser tan lujosos que en 1318 se establecen unas ordenanzas que moderen este exceso.  Más tarde, Isabel la católica concedió un permiso a las mujeres de Asturias para vestirse con el lujo que considerasen. Años después, Laurent Vital, cronista del viaje de Carlos V a Asturias, describe la indumentaria con la que se atavían las gentes, y le llaman poderosamente la atención los tocados femeninos. El uso y lujo de estas piezas, acabó en los tribunales. Este gasto excesivo causó envidias, hasta el punto de que hallamos referencias a juicios por tocados usados por las mujeres del valle de Celorio, en 1661. El juez ordena que, deben retocarlos a semejanza de los usados en la villa de Llanes.

Y así casi sin darnos cuenta llegamos a nuestro pañuelo “repicau” todo un símbolo de identidad de “lo llanisco”. Los vecinos de Llanes, hemos sabido unirnos para conservar nuestras ancestrales tradiciones, y así engrandecer el importante legado cultural heredado de nuestros mayores. Es este legado el que pretendemos conservar y potenciar con el reconocimiento del BIC. Lo más difícil ya está hecho. Lo mejor, siempre está por venir.

 

 

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