Relatos con alma

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«Creció en la pequeña aldea de El Mazo, y cada domingo escuchaba misa en latín en la ermita barroca, del barroco popular, dedicada a San Antonio de Padua. Tal como deseaban sus padres, a Alma le gustaba leer y le gustaba rezar, pero no tenía ninguna gana de hacerse monja». Es un fragmento de ‘Cuento de Hadas’, un pequeña anécdota real de la vida de Sinforiana Escandón ocurrida durante la Guerra Civil y que forma parte de un compendio de 14 relatos breves que la autora ha dado en llamar ‘Frágiles Biografías’.

Son historias reales narradas desde el alma. Carmen Ibarlucea Paredes presentó ayer en Panes su nueva obra, la novena que tiene en el mercado y la primera que ha escrito «porque sí». Ibarlucea desciende de Peñamellera Baja, aunque su origen fue Chile. La primera vez que conoció el lugar donde había nacido su padre, y a su propia abuela, fue en la distancia, con las historias que su progenitor le narraba. Después, «entre mis 19 y mis 21 pasé dos años en El Mazo» y durante la semana, «como no había gente de mi edad», acudía a la Biblioteca municipal de Panes en busca de literatura que consumir. Ahora dejará varios ejemplares de su última obra en el centro cultural de la capital peñamellerana para que otros puedan conocer su propia literatura. Otros 300 ejemplares viajarán a Chile, para llenar las estanterías de las bibliotecas del país andino.

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Carmen Ibarlucea es escritora y cuentacuentos, y diseléxica. Un dato que, dice, «me ha hecho reconciliarme con mi inteligencia y conmigo misma», hasta reconocer que «la oralidad es mi fuerte».  Y es capaz de hacer sentir a quien la escucha cuando lee aquello que ha escrito Al menos así sucedió ayer en el salón de actos municipal, donde decenas de personas acudieron a la presentación de un libro que cuenta dos historias del concejo peñamellerano y de su propia familia. Una, la citada, de Sinforiana Escandón, y otra de su abuelo, Andrés Ibarlucea.

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«Se dice que en las culturas orales la memoria no alcanza más que a tres generaciones», explica Ibarlucea.  Pero la tradición escrita garantiza la supervivencia de todo, o casi todo, lo que ha sucedido. La escritora narra en ‘Frágiles Biografías’ historias reales «de gente cercana» que ha escrito durante 14 años y que se han sucedido durante un siglo.

 

 

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