“Se produce un efecto mental, una sensación de conquista con cada nuevo tatuaje”

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Tiene apellidos como todo el mundo, pero su nombre de guerra es Candela Pájaro y pinta desde los ocho años. En algún momento de su formación, la curiosidad hizo que cambiase pinceles por agujas de tatuar y en eso anda. Nació en Oviedo en 1988 pero se crió en Celorio, porque como dice “en Oviedo iba a clase, en Celorio hacía vida”. Tanto sus abuelos maternos como paternos fueron de los primeros veraneantes del pueblo, hará ya unos 60 años así que tanto padres como tíos -y después ella y sus primos- “crecieron adorando la zona, yendo cada fin de semana, cada verano y cada vez que había ocasión”. Candela reconoce que “hoy por hoy todos mis amigos están relacionados con Celorio de una u otra forma”. Esta joven inquieta lucha por ganarse la vida contando historias sobre las pieles de otros. Historias bonitas de todos los colores.

candela

-¿Qué estudios tiene?
-Empecé con pintura a los 8 años con una pintora asturiana, Pilar Alvarez Viejo. Después, estudié el Bachillerato Artístico en la Escuela de Arte de Oviedo, más tarde empecé la carrera de Bellas Artes en el País Vasco, donde estudié los tres primeros años. Luego se me concedió una beca Séneca a la Facultad de Salamanca, donde cursé 4º y por traslado académico también 5º. A continuación, realicé un máster de creación artística en la facultad de Barcelona.

-¿Cómo y cuándo nace la afición por los tatuajes?
-Los tatuajes siempre me atrajeron, ya fuese de un modo meramente estético, técnico (ya que me interesaban cosas como pintura, dibujo o graffiti, el tatauje era una técnica mas a explorar) o incluso filosófico. No voy a ponerme mística pero son una herramienta e incluso una terapia muy útil para mucha gente. Como era natural, al llevar siempre rotuladores en el bolso, cuando mis amigos se aburrían en la playa me pedían que les dibujase tatuajes, pero de aquella me parecía un mundo muy inaccesible y todo se reducía a una idea lejana.

-¿En qué momento decidió que quería empezar a tatuar?
-Yo vivía en Salamanca, era el año 2010, y no sé cual fue el detonante definitivo, sólo se que se me metió entre ceja y ceja que iba a aprender a tatuar y me puse a buscar por internet como podría conseguirlo. Yo era una guajina intentando meterme en un mundo un poco especial. Encontré un estudio que ofrecía unos cursos iniciales y lo que empezó siendo una fría transacción comercial, acabó convirtiéndose en una gran amistad y unos meses de aprendizaje en un estudio. Me pasaba las sesiones mirando con atención el trabajo que realizaba Jose y escuchando los consejos que me daba entre cachondeos y burradas.

-¿Qué fue lo más difícil a la hora de arrancar?
-Lo más difícil seguramente es la enorme tensión que supone tatuar a alguien, los sudores y dudas del principio. Yo, durante el primer año o año y medio, sudaba cuatro litros en cada tatuaje. Todo lo demás es secundario, siempre supe que no sería un camino fácil, y aún me queda todo por recorrer, pero no dejaría de avanzar por más piedras que surjan.

-¿Tiene algún maestro o maestra al que recuerde especialmente?
-Jose fue el tatuador que más de primera mano se interesó por mi trabajo. Desde el primer momento me aseguró que yo servía para esto y me enseñó ciertos valores y premisas que me calaron mucho en mi profesión. Me enseñó a ser paciente en el progreso, nunca abarcar más de lo que me creyese capaz de hacer. Me enseñó que no hay que buscar la fama, si no la satisfacción y, en definitiva, me hizo creer que aquí había un sitio para mi.

-¿Cuáles son las mayores satisfacciones de su trabajo?
-La verdad es que son muchísimas, pero si tuviese que resaltar una, sería aludiendo a la calidad de los tatuajes como herramienta o terapia que mencioné anteriormente. Realmente se produce un cambio de ánimo en la gente, podría ser transitorio o superficial, eso es discutible, pero trascienden la estética. Pueden ser para recordarnos como queremos ser, para recordar a un ser querido, para portar por siempre una imagen de nuestra infancia o para marcarnos metas. Las posibilidades son infinitas. Lo que está claro es que se produce un efecto mental, una sensación de conquista con cada nuevo tatuaje. Y poder ofrecer esa experiencia a la gente es algo que no se puede conseguir de cualquier manera.

-¿Qué es lo más difícil del trabajo?
-No sé si difícil es la palabra, pero hay veces que los clientes vienen con una idea muy fija en la cabeza y resulta que esa idea no es la óptima por distintos aspectos y aunque argumentes el por qué se deberían cambiar ciertas cosas, no confía en ti y queda un diseño a medias, ni lo que él quería ni lo que tú querías. Y a mi me produce cierta desazón, aunque el cliente esté encantado con el diseño. Pero por suerte la mayoría de gente que me encuentro es lo contrario, me suelen dar libertad para sugerir todo tipo de ideas

-¿Se valora el trabajo de los tatuadores como otros tipos de arte?
-Pues depende de quien lo valore. El público joven en general está claro que lo aprecia cada día más. Hablando de valoración en su sentido más literal, creo que se paga bastante más felizmente por un tatauje que por un cuadro. Incluso mucha gente sigue a tatuadores y entiende de estilos como si fuese cualquier otra disciplina artística. Por otro lado hay un acceso muy directo mediante redes sociales y demás a los artistas, la gente puede ver procesos creativos y demás trabajo que hay detrás de un tatuaje, y valorarlo por lo que realmente es. Saliendo de la gente joven, también creo que hay una mayor valoración con respecto a hace no tantos años, pero también forma parte de esa nueva cercanía con el artista que antes no existía, los tatuadores daban”miedito”.

Otra cosa que me parece interesante comentar es que hoy día, mucha gente de la que se dedica a tatuar viene del mundo de la ilustración y el graffiti y eso genera una estética mas actual con la que mucha gente se identifica más que con un estilo más tradicional u ornamental. En la variedad está el gusto, y cuanto más variado sea a más gente gustará.

-¿Próximos proyectos que tenga entre manos?
-Más que proyectos tengo ilusiones. Ahora mismo no hay nada que inmediatamente necesite, soy bastante impulsiva, cuando se me ocurre algo voy a por ello sin dudarlo, luego me doy cuenta que me metí en un marrón y salgo al paso como puedo. Pero justo en este momento, simplemente seguir trabajando y sobre todo aprendiendo, todo lo demás llega solo.

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