La Hoguera de la Magdalena

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Aún quedan rescoldos de las hogueras de san Juan. Estamos muy habituados a ver las hogueras plantadas en muchos lugares del concejo, con sus banderas ondeando en lo más alto, y quizás alguien se pregunte por el origen de esta tradición, que con el devenir de los siglos les ha convertido en mitos. Pueden ser actos rutinarios de propiciación o de sacrificio, pero los ritos se convierten en “ritos de pasaje” en permanente contacto con la naturaleza y relacionados con la fertilidad. Los mitos importantes están relacionados de algún modo con la religión. Los mitos tratan de dioses, y estos forman parte de las religiones, por tanto podríamos decir que surgen de las mismas fuentes.

En el tema que nos ocupa, el árbol, se asocia con la trasformación. Es un elemento mediador entre lo divino y lo humano. Al que añadimos el fuego, algo que influye poderosamente en el hombre, bien en su uso profano (para cocinar y en las manufacturas) o en su utilización sagrada en diversos rituales.

La procedencia de estos ritos se halla en la práctica religiosa de la raza aria en Europa, donde la adoración a los árboles ha jugado un importante papel. La costumbre de poner una rama verde (mayo) ante la casa de la amada surgió de la creencia en el poder fertilizador del espíritu del árbol. El árbol simboliza la salud, la juventud, la sabiduría, la inmortalidad. El objetivo es atraer a la aldea y a cada casa sus bendiciones. De entre todos, destaca el roble, incluso podríamos hablar de la “religión del roble” o del culto al roble. Hallamos ejemplos de estos ritos en Grecia y Roma, que asociaron su máxima deidad -Zeus o Júpiter- con un árbol. En Grecia, después del oráculo de Delfos, el más importante era el de Dodona, donde Zeus era venerado en un roble.[1] También hallamos al gran dios del roble entre los pueblos que habitan en los bosques de la Europa meridional y central, lo más probable es que los bosques sirviesen de santuarios naturales para los germanos. De otra parte, sabemos que para los druidas de las Galias nada era tan sagrado como el muérdago que crecía en los robledales donde realizaban sus ritos. Coincide en esta apreciación Canella Secades, quien sostiene que esta práctica puede ser un vestigio de antiguos pueblos como los celtas que celebraban los solsticios de invierno (23 de diciembre) y de verano (23 de junio)[2] adorando al sol y al fuego; o de los griegos, que conmemoraban el nacimiento de Adonis encendiendo hogueras, y gritando en torno a ellas.

En el concejo de Llanes se denomina Hoguera, Foguera, Joguera, e incluso Cucaña como observamos en algunas crónicas de El Oriente de 1907. Respecto a su simbología se cree representa el culto a la virilidad que rinde la comunidad. Cea Gutiérrez indica que los ritos llaniscos están marcados por tres elementos: el árbol, el fuego y el agua. Los “enrames” y “jogueras” eran antiguos cultos solsticiales -hoy cristianizados- que significan “Ritos de Fecundidad”.[3]

La Hoguera de La Magdalena, cumple con estos requisitos, aunque hoy día no se planta, como ocurría antes, y sólo se quema. Los mozos portan a hombros un árbol de grandes dimensiones, la “bailan” hasta depositarla en la plazuela de la Magdalena al grito de: “se acabó el baile”. Hoy, es un eucalipto, aunque De la Moría indica que antes era un aliso o chopo de la rivera del Carrocedo[4]. Sobre su origen, Morales Saro señala que se trata de una fórmula de origen pagano de las fiestas de la primavera. La referencia más antigua data de 1574, recogida en el Libro de cuentas de cargos y descargos de los procuradores de la Villa de Llanes y de otras cosas tocantes a dicha Villa[5]:

“Del gasto de los señores que traxeron la hoguera. Del vino con que se obsequió a los que asistieron a la hoguera. Del costo del castañar del día de la hoguera y a los que la traxeron. A los que traxeron la hoguera el día de la Magdalena”[6].

Testimonio significativo ya que los bandos de – La Magdalena y san Roque- nacen en 1837. Mientras que La Hoguera, está documentada desde el s. XVI, hecho que coincide con la narración de los cantares. Alrededor del fuego, se canta El Rodeo de la Hoguera. Romance alusivo a la “enramada” momento de la relación íntima entre el hombre y la mujer. Contiene estrofas de ambiguo simbolismo como: “Naranjal ante mi puerta, quién te ha dado la vuelta”, cuyo significado es quién poseyó a mi amada.  Otras estrofas narran la lucha entre moros y cristianos: “Mal moro, no me lo robes,” e incluso rivalidades dentro de la misma raza: “Plantáronla dos galanes de aquesta villa de Llanes.” El grito final marca el sentido de posesión sobre las mujeres de la misma tribu: “Aquí cortaremos los ramos los asturianos[7].

Ya falta muy poco, para que un año más, la noche llanisca del 21 de julio, se ilumine cuando arda La Hoguera de La Magdalena. Y con ella, de nuevo, renazcan las tradiciones y la historia de Llanes mostrando a todos este extenso y rico patrimonio cultural.

Magdalena Fdez-Peña Bernaldo de Quirós

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[1] Frazer, J. G. G, La rama dorada: magia y religión, México, Fondo de Cultura Económica, 2006.

[2] Canella Secades, F. Historia de Llanes y su concejo, Llanes, Ángel de la Vega, 1896, (reed. Oviedo, Mases, 1984).

[3] Cea Gutiérrez, A. La Canción en Llanes, Salamanca Calatrava, 1978.

[4] Morales Saro, MC. “El barrio de la Magdalena”… “El barrio de la Magdalena”, Especial Verano 2004, El Oriente de Asturias, Llanes.

[5] Archivo Municipal de Llanes.1.c.

[6] Martínez, E. Extraordinario de “El Oriente de Asturias”.

[7] op. cit. Cea Gutiérrez, A. p.41.

 

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