Sentir un Bando

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¿Cómo explicar qué significa sentir un bando? Pertenecer a uno, es muy diferente, basta con ponerse el distintivo respectivo en la fecha adecuada, y ya está ¡Yo soy de tal bando! Pero no, no es eso, un bando es mucho más. Para sentirlo tampoco es necesario haber nacido en Llanes, desgraciadamente el lugar de nacimiento no se elige, pero lo que sí es necesario es respetar Llanes y sus costumbres. Por eso me duele la actitud de algunas personas en las respectivas fiestas, para algunos son sólo eso “fiestas”, pero para otros son mucho más. A esos otros nos llaman “fanáticos”, por sentir algo que nos es difícil de expresar, por defender unas tradiciones y costumbres tal y cómo nos las inculcaron desde la cuna.

Yo no pude nacer en Llanes, pero mis raíces son puramente llaniscas -¡y a mucha honra!- pero siempre me he sentido como tal, y he intentado respetar lo que he aprendido de mis mayores: el amor a Llanes y a sus gentes. Tampoco elegí un bando, pero de haber tenido uso de razón -y que me perdone el resto- no hubiese escogido otro. Lo que sí me enseñaron es a respetar a los demás.

A veces, me veo incapaz de hacer comprender este sentimiento. Para mí, el clavel rojo, es algo más que una flor. Vestirme de aldeana no es disfrazarme, ni ir de cualquier manera en la procesión y mucho menos jactarme de las costumbres y tradiciones del lugar en que veraneo. Porque para mí – como para otros muchos- Llanes y sus Bandos son algo más que un lugar maravilloso para pasar el verano y fines de semana de invierno. Aquí tengo mis raíces, mí tierra y mi bando, al cual pertenezco y siento. Quién no lo entienda así, no le voy a decir que debe hacer, pero que no intente dar lecciones de cómo deben ser los bandos, de cómo sentirlos y de que lugares o no ocupar, pues carece de autoridad moral para hacerlo.

Sentir un bando es algo tan inexplicable, como oír a una madre (de san Roque) absolutamente deshecha por la pérdida de su hijo menor (de La Magdalena), como lo primero que hizo cuando le entregaron su cuerpo fue ponerle un clavel rojo; o ver a tu abuelo (llanisco de nacimiento y de corazón) llorar cuando por primera vez  bailaste el Pericote. Para algunos esto será sensiblería, para mí, lo mismo que para ella, para él y para muchos más es sentir un bando.

A los que no lo ven cómo nosotros, para aquellos que un bando sólo es ponerse algo en la solapa y quizás vestirse un determinado día del verano, no les pido que piensen como yo, pero sí les ruego comprensión y les exijo respeto. Respeto a esta Villa y a sus tradiciones, costumbres, lugares  y gentes, por los que están vivos y por los que celebran y sienten su bando desde allí arriba, sea cual fuera, aunque no sea el mío.

 

Mª Magdalena Fdz-Peña Bernaldo de Quirós

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