El silencio de la mar por Rodrigo Núñez Buj
El silencio de la mar

Buscando detener el tiempo y el espacio, encuentro un lugar apropiado en la costa llanisca creado por los primeros dioses. Atravesando el pueblo de Pendueles y tomando dirección a la playa, llego a ella justo antes del atardecer e inmediatamente bajo hasta tomar contacto con su oscura arena. Esta zona está vigilada por el islote de Picones, y protegida por el islote de Piedras Llegüeras, más lejos de la costa y más visible para cualquier visitante que entre en Asturias por el este.

Al empezar la noche en la playa de Pendueles, los cantos de las gaviotas y de algún cuervo que, acertadamente, se dejó caer por allí en ese mismo instante, conferían a la zona un halo de misterio, que, con el toque azul que la atmósfera terrestre nos brinda después de ponerse el sol, moldean una playa tenebrosa que parece ser una entrada al inframundo, como si el mismísimo Caronte fuera a llegar amenazante con su barca.

Entrada al Hades por Rodrigo Núñez Buj
Entrada al Hades

Esa misma noche me asalta Poseidon, que no comparte mis visiones, y moldea la playa para que pueda presenciar la vuelta del sol sobre ella. No estaba conforme con que su hermano Hades se quedara con este trozo de costa bañada por su mar cantábrico. Poseidon consigue que el tiempo realmente se detenga, poder arrebatado a su padre Crono, y nos muestra un lugar totalmente tranquilo, bello y armonioso.

El silencio de la mar por Rodrigo Núñez Buj
El silencio de la mar

Poseidon con la ayuda de Néfele, diosa de las nubes, me muestra un espectáculo que no podré olvidar. El sol comienza a salir y Néfele trae un grupo de nubes justo encima de mi, estas, que se colorean de un rojo cada vez más intenso, ayudan a reflejar dicha tonalidad en el agua, que a su vez tiene su propio color azul y tonos violetas… El tiempo ya no solo se detiene, estoy siendo transportado a otra dimensión.

El poder de Néfele por Rodrigo Núñez Buj
El poder de Néfele

Poseidon es poderoso, y esto para él no es suficiente, con la ayuda de Helios, dios del sol, que proporciona una intensidad al astro rey nunca antes vista, consigue un nuevo cambio de escenario, consigue dividir las luces de las sombras, consigue que los rayos del sol se detengan para que pueda observarlos y grabarlos en mi memoria, comenzando a iluminar una zona sin igual, que Poseidon ha creado a su antojo y que impedirá por todos los medios que yo, pobre mortal, vuelva a identificar con otros dioses.

En el límite de la luz por Rodrigo Núñez Buj
En el límite de la luz

Para acabar de mostrarme su poder, Poseidon junta a Néfele, Helios y ahora también a Eolo, dios del viento, me quiere mostrar como ha moldeado el lugar donde vivo, sus playas, sus castros y sus acantilados, acompañado de la majestuosidad de un atardecer que hace incluso enmudecer a todas las deidades que han conseguido tal belleza.

El atardecer de los castros por Rodrigo Núñez Buj
El atardecer de los castros

En mi vuelta a la realidad, mientras me dirijo en coche hacia casa, observo un raro efecto en el cielo, lo primero que pienso, después de un día tan extraño, es que Urano, dios de la lluvia y la fertilidad, nos va a regalar otra tormenta, de esas que tanto conocemos en la zona, pero es algo que va más lejos. Ya en Llanes observo como las nubes toman forma de ánimas que van cubriendo la villa, como el viento hace que la velocidad con que las nubes lleguen encima de mi sea inaudita, como el día da paso a una noche llena de estrellas que se pueden ver fugaces entre las carreras de las nubes, como la luz se desvanece, como el cielo en su conjunto coge una forma amenazante…

Ánimas que no amanezca por Rodrigo Núñez Buj
Ánimas que no amanezca

Zeus es el dios de los dioses y de los hombres, dios del cielo y del trueno, y no va a permitir que ninguno de sus hermanos, con ayuda o sin ella, interfiera en sus dominios. La lluvia y los rayos forman círculos a mi alrededor, acompañados por el estruendoso sonido de los truenos, y una voz que no deja ver su rostro me grita enfurecida “soy el padre de los dioses y de los mortales, yo he creado esta zona y ni Poseidon ni su tridente podrán nunca adjudicarse una parte de mi costa preferida”… Al terminar de escuchar estás palabras, vi por unos segundos el resplandor de un rayo que me devolvió a la realidad pero… un momento, ¿de verdad no era real? ¿seguro qué esta costa no tiene el poder de transportarme en el tiempo y el espacio? ¿puede ser qué hasta los antiguos dioses del Olimpo quieran venir a disfrutar de la costa llanisca, además de adjudicarse su creación? Antología de conjeturas que no voy a resolver ahora, tendré que seguir sacando fotografías de la zona, a ver con quién me encuentro…

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3 Comentarios

  1. Ja, ja, ja y muchos jas… ¡ medescohono !
    Si Zeus hubiera conocido a Hera a tiempo, el Olimpo estaría en el picu Soberrón, porque Hera «era» de La Galgu»era», y tiran más dos tetas quer dos carretas.

  2. ¡Te he pillado! ¡Eres un farsante! Alguién tan identificado con Llanes como el Cardenal Inguanzo no se habría olvidado de decir: ¡…y vivan Santa Ana, La Magdalena y San Roque y el perru!

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