Democracia, Memocracia y Nueva Ola Política

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Es mi opinión. Si lo quieren en la lengua de los trumpistas (traducido, amigos de las trumpas), it’s my personal opinion.

La Democracia, el estado –al menos eso hemos acabado creyendo en general- más idóneo para la gobernanza de un país o un territorio, el que garantiza en mayor medida la libertad y el respeto a los derechos de sus integrantes, no es lo que nos quieren vender y meter ahora por los ojos.

O, vamos, si lo es o quieren que lo sea, al menos que sus promotores-defensores, chicos y chicas de la Nueva Ola Política (esto es, la de las votaciones y referéndum populares para todo o casi todo) tengan entonces los eggs de llevarla a sus últimas consecuencias. For example: que reclamen, defiendan y –lo más importante- practiquen la llamada Democracia Líquida.

¿Que qué es la Democracia Líquida? Muy fácil: aquella en la cual los electores tienen derecho a derrocar, votos mediantes, EN CUALQUIER MOMENTO y sin tener que esperar los cuatro años de rigor -algo que facilitan hoy en día enormemente las nuevas herramientas informáticas- a cualquier político que no les guste como lo está haciendo… pero, ya digo, eso no hay eggs para proponerlo ni para ponerlo en práctica. Vamos hombre: menuda manera más tonta de poner en peligro el figureo de ser edil, munícipe, regidor, conceller o cabildante, menuda forma de renunciar al caldito calentito del sueldete público así por la cara, sin haber sacado ni unas míseras oposiciones, ni ná de ná.

Bocachanclas. Eso es lo que son unos cuantos –muchos o pocos, exponga cada cual su idea- de estos de la Nueva Ola Política: se apuntan a una lista bajo el discurso de representar al pueblo oprimido por las corruptelas de los politicones de los grande s partidos y ya, sin más, creen estar preparados para la labor.

Oiga no. Mire usté, NO. Si vienen a salvarnos de algo estén preparados mínimamente para ello: ser una persona decidida, un echao p’alante, no basta. Hay que tener una preparación básica para saber en lo que nos estamos metiendo, sobre aquello que vamos a controlar y sobre lo que vamos a decidir. O, en todo caso, si no sabemos o no tenemos ese dominio, tener la decencia de buscar el consejo de quienes entienden de tal o cual asunto: no de amiguetes, oigan, eso no. De personas que sepan de lo que hablan, de esas que te dirán que es lo más adecuado, lo que tienes que hacer o saber, aunque eso no te guste, aunque no te halague el oído.

Ahí, ahí (al menos esa es mi humilde opinión) se distingue un verdadero político, uno que venga a hacer lo mejor por la gente de verdad y no solo de boquilla, de un verdemar de estos: en no creerte que contigo llega toda la gran verdad y toda la gran justicia. En saber que no lo sabes todo, ni mucho menos, y que en no pocos casos aquella persona a la que tienes señalada como de los de enfrente, de los contrarios, sabe mejor que uno lo que es más correcto hacer.

Eso son los políticos que, de verdad, trabajaran por la gente y no los que lo harán por su partido, agrupación o como se le quiera llamar a la formación política de turno.

Por último, aclaro: no estoy en contra de hacer referéndum para que la gente opine. De lo que estoy en contra es de no informar a la gente acerca de aquello que necesita conocer bien antes de votar acerca de ello, estoy en contra de las desinformaciones en lugar de las informaciones.

Democracia es la obligación para unos de informar y el derecho de otros a ser y estar informados.

Si no informamos no estamos creando una Democracia. Estamos imponiendo una Memocracia.

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