Dos apuntes sobre San Antolín de Bedón

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Vamos a ver si empezamos ya a hablar apropiadamente en lo que respecta a la iglesia de San Antolín de Bedón.

Una servidumbre de paso es un paso libre. ¿Debe haber una servidumbre de paso para la iglesia del antiguo Monasterio? Sí.

¿Puede cualquiera, en caso de que ese paso no esté abierto, abrirlo por su cuenta y riesgo? No. La servidumbre de paso ha de señalarse de mutuo acuerdo entre las partes –en este caso la administración pública y los propietarios de la finca- o, de no darse ese acuerdo, por decisión judicial. Es más: puede darse el caso de que quien cede ese suelo para servidumbre de paso reciba una indemnización por ello. Y, en todo caso, nadie puede a la torera abrir un cierre y decir por aquí se pasa ya que –tal y como ocurrió en el desafortunado incidente de San Antolín- derribando ese cierre se está dejando el paso franco no sólo a la iglesia de titulardad pública sino a todo el resto de la finca privada. Y una servidumbre de paso interesa, única y exclusivamente, al camino que se ceda para acceder a la antigua iglesia. No tiene porqué nadie poder andar por una finca privada.

Dicho esto vamos a otro asunto no menos importante y del que nadie dice nada y se procura callar.

¿Qué pasa si, finalmente, se consigue que el Estado asuma la iglesia como propia? Sencillamente nada.

No llenemos de pájaros las cabezas de la gente. ¿Significaría eso que la iglesia pasaría a ser visitable? Si hay servidumbre de paso, sí. Pero únicamente el exterior de la iglesia. El interior sólo sería visitable si así lo decidiese la administración competente creando la figura de un guardés o guardesa en cuyo poder quedarían esas llaves.

¿Significaría eso que el Estado decidiría restaurar la iglesia? Podría ser pero no obligatoriamente. ¿Saben ustedes la cantidad de monumentos y bienes propiedad del Estado –o, simplemente, del Principado o del Ayuntamiento… sí, sí, del Ayuntamiento- que permanecen cerrados a cal y canto, sin ser visitables o sin ser restaurados? A patadas, oigan, los hay a patadas.

Por lo tanto, mesura. Mesura a la hora de actuar, nada de disparar primero y luego preguntar. Y mesura a la hora de crear falsas expectativas con respecto a lo que se conseguiría si el Estado acaba asumiendo la titularidad de esa iglesia.

 

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