Rincones secretos XXI

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Desde Los Lagos de Covadonga, más concretamente desde el aparcamiento de Buferrera (1.039 metros) empezaremos la senda de Frassinelli.

Al fondo sale un camino con el nombre de «El Escaleru» que baja atravesando un oscuro túnel -«El Furacón»- y nos lleva a los restos de unas vigas enormes donde estaban los lavaderos que utilizaban para el mineral de manganeso y de hierro de las minas que estuvieron en funcionamiento hasta 1979.

La vegetación hace que este camino sea un remanso de frescor, lleno de helechos enormes y arbustos. De pronto, se nos muestra en todo su esplendor la Vega de Comeya (856 metros). Verdadero regalo para la vista, se hace extraño que en ese mundo de caliza, picos y bosques surja una extensión verde y llana como la palma de la mano (son 59 hectáreas). Es un claro ejemplo de lo que en geología se llama un «poljé». En otros tiempos fue un lago inmenso y ahora es un terreno que se encharca y que sirve para los ganados que suben todos los años a pasar el verano al «puertu».

Seguimos el camino marcado por el centro de la Vega, está muy seco y no tenemos problema. Hacia atrás aparecen montes preciosos como el Cantón del Texu y el Jascal y el Cabeza Llerosos que están sobre el río Casaño.

Desde una collada empezamos el descenso hacia la carretera de los Lagos, saldremos por debajo de la Huesera y al poco volvemos a meternos por un camino a la derecha que nos lleva hacia las crestas que acompañan al Picu Priena, esta vez no subiremos. Tomamos una senda que va por la ladera norte de esa pequeña sierra de Priena. Esa zona está muy poco cuidada, todo es maleza, cotollas y helechos que se están comiendo literalmente todo el terreno. El día que dejen de pasar los senderistas no quedará traza del camino.

Desde aquí se ven los pueblos de Teleña y los que hay en la zona de Las Bobias. También pasamos cabañas con un curioso corredor de esquirpia (varas de avellano entrelazadas haciendo el frente del corredor). En un recodo del camino hay un «peyu» (en Asturias es una pequeña concavidad de piedra que actúa de cuenco, generalmente natural, para albergar el agua de un manantial o, sin existencia de fuente, la cavidad en la piedra que puede contener agua de lluvia).

Cuando llega la hora del refrigerio paramos en una braña preciosa, la de Los Llazalones (483 metros), en la que hay unas cuantas cabañas entre árboles enormes y se agradece la buena sombra en un día tan caluroso. Aquí tenemos fauna, tres gatos famélicos, que nos ayudan con el bocata y 5 ó 6 vacas que se nos plantan al lado esperando que les toque algo del festín.

Seguimos bajando ya entre praderías y frutales y pronto llegamos a Abamia. De la Iglesia de Santa Eulalia de Abamia (siglos XII-XIV) y de su historia nos ocuparemos en otro episodio, así como del personaje de Roberto Frassinelli, enterrado en esta Iglesia y a quien se debe el nombre de la senda que recorrimos.

De Abamia bajamos a Corao y desde aquí siguiendo el río Güeña llegamos a Soto de Cangas. Y de regreso en bus hasta Covadonga a recoger el coche que tuvimos que dejar allí aparcado porque durante el verano y determinadas temporadas de gran afluencia el acceso a Los Lagos está restringido.

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