Llanes se prepara para la procesión nocturna más solemne de La Guía

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«Sentir cómo te arropa durante la procesión» es un sentimiento difícil de entender si uno no tiene «la devoción» que Claudia Balmori Ruenes siente hacia la Virgen de Guía. Y cuanto antes uno llegue a la ermita, más cerca de la Virgen recorrerá el camino, la bajada más solemne de Llanes, la que lleva a La Guía desde su capilla hasta la basílica, donde mañana se iniciará el día grande.

Esta noche un silencio sepulcral sobrecogerá la Villa pasadas las nueve de la noche. Es el momento en el que el descenso comienza, un descenso que se inicia con el desfile de cientos de mujeres vestidas de riguroso negro y ataviadas con mantilla española. La vela que llevan entre sus manos marcará el camino que seguirá la imagen, portada por los costaleros del Bando desde la ermita que mira al mar en el Campo de La Guía.

Claudia es una de ellas. Y también un ejemplo de tesón. «Salvo un año he sido la primera en llegar», explica la joven llanisca que llegó a la capilla a las nueve y diez de esta mañana. Diez minutos antes había llegado su hermana Lucía, que portará la mantilla blanca que otros años luce Claudia, que durante la procesión de esta noche, desfilará de negro.

Claudia y Lucía Balmori Ruenes

En un día en el que el calor ha sido el protagonista, ni los 27 grados de las cuatro de la tarde han hecho mermar la ilusión de las mujeres, trece a esas horas, que cogen sitio en la ermita para caminar al lado de la Virgen esta noche.

«El calor se lleva bien, se lleva peor la lluvia y el frío», porque en los seis años de Claudia ha habido jornadas de todo tipo, como aquella en la que «nos tuvieron que abrir la capilla para que nos resguardáramos» del temporal que azotaba agua enturbiando «la procesión más bonita».

Porque la espera se hace en el campo. En él se agolpan las mujeres vestidas de mantilla, recién salidas de la peluquería y con todo a punto para iniciar el desfile. A menudo las medias y los zapatos de tacón se ponen a última hora, pero la peineta y la mantilla han de estar colocadas. Son normas no escritas que el tiempo ha ido implantando. Igual que la hora. «Quien primero llega más cerca va» aunque con el paso de los años «la gente cada vez sube más tarde, por eso hoy hay tan pocas aquí a estas horas», aclara Claudia.

Son muchas las horas de espera, de conversaciones, de risas y de nervios. Algunas madres suben a llevar víveres. Otras amigas se acercan para llevar agua. Hay quien va a dar conversación a quien tiene «arriba» desde horas muy tempranas. Y hay quien afronta su Bajada en la soledad. Y, habitualmente, casi todas llegan porque han hecho una promesa a la Virgen que cumplen de este modo.

 

Cuando la Virgen salga de su capilla, justo después de la novena, Claudia llevará en el campo que rodea a la ermita unas doce horas. «No importa el tiempo» porque esta noche los fieles a La Guía celebran «uno de los días más especiales».

Esta noche la aparición de la Virgen, impoluta y con rostro sereno, será el momento en el que todas las personas que se agolpan desde Correos hasta la entrada a la Calle Mayor enmudezcan ante su paso y vean cómo sus lágrimas afloren en la parada sobre el puente, con la vista puesta en el mar.

Fotos, Claudia Balmori

 

 

 

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