¡Viva la Virgen de Guía!

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Los que somos de adopción también sentimos. Y mucho. Para nosotros también septiembre es un mes mágico lleno de mil momentos para disfrutar. Y para sentir muy dentro. No somos ‘llaniscos de pro’, pero somos llaniscos de corazón. Y a veces, esto último se siente tanto o más que lo primero porque no es algo que haya venido dado, es algo que ha sido elegido de forma libre.

Yo nací lejos de la costa, a unos treinta kilómetros. Lejos de la ermita que otea Llanes desde lo más alto de la Villa. Lejos de los nardos y el trasiego de un Bando que huele a juventud con ganas y talento.

Pero era bastante joven cuando llegué aquí. Y nunca más me fui. Y viví todas las fiestas. Y de todas ellas siempre hubiera elegido ésta. Porque la primera vez que la vi, lloré. Sin querer y sin pensar. Lloré.

Se me puso un nudo en el estómago la primera vez que vi a miles de personas quedarse mudas en una noche donde la luz se apagó para que nos deslumbráramos con Ella. Más de cien velas desfilaron ante nuestros ojos. Las portaban mujeres regias, con rostro serio, de negro impoluto y mantilla española. Y cuando aquel desfile perfecto terminó, apareció una imagen inmaculada a hombros de decenas de hombres con rostro serio y alguna lágrima. El resto, me parece  indescriptible. No tengo el suficiente criterio literario para contarlo. Sólo sé que las lágrimas salieron solas, igual que sucede al recordarlo.

Aquel 7 de septiembre me enamoré de una fiesta -religiosa y también pagana-.

Puede ser que mis primeros sentimientos por La Guía nacieran porque me ‘ennovié’ con uno de los del Bando. Puede ser que primero fuera por obligación conyugal. Pero después fue una convicción personal.

Nunca nadie me preguntó de dónde era ni por qué festejaba. Porque en este Bando, además de acogerte, te arropan y disfrutan al ver que quienes les conocen se quedan para siempre.

Recuerdo el día en el que el anterior Presidente del bando me dijo: “por qué será que todos los periodistas que no son de Llanes se hacen de La Guía”. Aún no lo sé, Óscar, pero tenéis que estar orgullosos de que todos los que pasamos por esa redacción del centro de la Villa hemos cantado Los Nardos; hemos ido a buscar y a despedir al Tren de Madera; hemos escanciado sidra en el camino hacia la ermita para comer el Bollu, hemos madrugado a horas intempestivas, no nos hemos acostado, y hemos tirado por más de una docena de kilos para lucir corales y azabache el día 8 de septiembre… y hemos hecho todas las maniobras posibles para que el día grande no nos tocara trabajar.

Yo no pude vivir esto desde pequeña, pero lo aprendí de grande. Mi hija, que tiene ahora ocho meses, podrá elegir cuando sea mayor, pero para entonces, ya tendrá su carné de socia y ya se habrá calzado unas alpargatas que apenas miden diez centímetros. Ya se habrá vestido de blanco y azul y habrá sido ofrecida a la Virgen. Ya habrá desfilado por la Villa en busca de un Tren que ya no llega, pero se siente de igual modo. Y ya habrá visto en silencio la Bajada más bonita que verá en toda su vida.

Gracias a la gente del Bando. Gracias por hacerlo posible. Gracias por contarnos a los que no somos de aquí que en Llanes colocarse un nardo en la solapa está lleno de historias y sentimientos que de inexplicables son únicos e inigualables.

Disfrutemos todos, los de la flor y los que han dejado atrás la suya. Los de aquí y los de fuera. Hoy Asturias celebra su día y Llanes brilla con luz propia.

¡Viva la Virgen de Guía!

 

La Virgen de Guía vino por el mar…
De Irlanda lejana, de la Verde Erín
la Virgen de Guía vino por el mar.
Vino por el mar
como vino el Santo Cristo de Candas.
Desbravando vientos, domando galernas
vino por el mar
hace cuatro siglos, cuatro siglos ya (cinco).
Vino como vienen los vientos mareros,
vino por el mar,
vino en la marea del buen marear.
Vino de la mano sabia de la luna,
vino por el mar,
vino como el Ocle con yodo y con sal.
Vino por el mar
la Virgen de Guía vino por el mar.


Celso Amieva (1911-1988)

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