Lo que es tener mucha jeta

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Hay un tipo de personas al que admiro profundamente, entre otras cosas porque me considero incapaz de siquiera intentar aquello en lo que ellos son auténticos maestros. Me refiero a la especie de los trileros, los que tienen como profesión dar gato por liebre, como objetivo primario crear confusión, desconcierto y asombro en sus víctimas con el fin de obtener algún tipo de provecho, generalmente económico. Esa gente que tiene mucha jeta, un morro que se lo pisa, una cara más dura que el hormigón, o más cara que espalda, capaz de hacerse el cojo para quitarle el asiento a un anciano o colarse en una boda diciendo que se es amigo íntimo del hermano del novio. Esas personas que, culpables hasta la médula del derribo de un hotel que va a ocasionar la quiebra de un municipio entero, son capaces de coger un micrófono y no sólo eludir sus responsabilidades sino además echarle la culpa a todo el mundo menos a ellos sin sonrojarse ni nada. Esas damas que, no contentas con no parecer honradas ni por asomo, les importa un comino su apariencia y tratan de cubrir con sus miserias a unos convecinos atónitos sin pudor ni vergüenza algunos. Y encima a voces, como si estuvieran en una verdulería, para que se entere todo el mundo. Las admiro de verdad.

La vergüenza. Ese lastre que tantas veces impidió que uno osara entablar conversación con una chica bonita, esa pared que tanto costaba escalar incluso para pedirle veinte duros a un amigo. ¡Es que me da vergüenza! Quién no lo ha experimentado alguna vez. Pues, por ejemplo, la diputada estrella del socialismo patrio. La dulce, la amable, la cercana, la encantadora reina madre municipal durante aquellos eternos once años. Es el vivo ejemplo del rostro de cemento. Acusa a los indignos sucesores de su dictadura bananera hasta de «jartarse de grifa». ¿Será una experta? ¿Es una sustancia que ayuda a hacer PGOUS? ¿Lo sabe por experiencia o habla de oídas? ¿Les salieron tan mal a ellos por ir hasta las cejas? ¿Crece junto a la higuera o se cultiva en maceta de barro cocido?

Dice que el actual alcalde está obsesionado con los socialistas y que cree que el Ayuntamiento está lleno de ellos. ¿Es que no lo está? ¿Los favores no se pagan? ¿Sabe qué significa clientelismo político? ¿Y empleos a la carta? ¿Le suenan las expresiones «concurso público» u «oposición»? ¿Le son más familiares las de «enchufismo descarado» o «trabajadores interinos»? ¿Quizás los «nombramientos a dedo»? ¿El «tira que libras»? ¿A lo mejor «hago lo que me sale del higo»?

¿Se considera un ejemplo de algo o para alguien? ¿Sus once años de terror fueron acaso más suaves para los que no comulgaban con sus ideas, si es que tiene alguna? ¿Conoce lo que significa «revanchismo político»? ¿Cree que es amada por uno solo de sus convecinos? ¿Y respetada? ¿No le cuadra mejor el adjetivo «temida»? ¿Y «odiada»? ¿No es verdad que se le advirtió, incluso desde organismos controlados por su partido, de la ilegalidad de la licencia otorgada para ese hotel del que tan alegremente bromea, y usted puso su higo por delante y se pasó por ahí mismo los consejos y recomendaciones? ¿De verdad piensa que hay un solo vecino que se crea que la culpa es de otros? ¿Nos toma por imbéciles? ¿Está usted nominada para el Princesa de Asturias de simpatía y fotogenia? ¿Quizás para algún Nobel? ¿Quién se cree usted que es? ¿Una especie de iluminada tipo Maduro? ¿Por qué parece estar siempre cabreada? ¿O es que realmente lo está? ¿No practica lo suficiente eso que dicen que a uno le alegra la vida? ¿No ha dado con la persona adecuada? Y ya que se trata de una «profesional», ¿el tamaño importa?

En fin, pido perdón, que ya estoy divagando. ¿Lo ha pedido esta mujer una sola vez en su vida? ¿Sabe lo que se siente? ¿Es consciente de lo a gusto que se queda uno? ¡Ah! Lo olvidaba. La ignorancia es osada y jamás se disculpa. La propia incapacidad para comprender la transcendencia de sus actos condena a sus poseedores a carecer de la virtud de reconocer errores propios, sólo ajenos. Tienen tanto morro, tanta jeta, la cara tan dura que antes se dejarían arrancar las uñas que admitir con humildad un fallo, un solo fallo. Son perfectos. Por eso los admiro. Que lo sepan.

Emilio Moreno

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