«Nos sentimos acosadas, perseguidas y engañadas», dicen dos ex trabajadores de la Faustino Sobrino

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Las dos trabajadoras excluidas de la bolsa de empleo convocada para la categoría de limpiadoras de la Fundación Faustino Sobrino continúan su lucha «en solitario». Aseguran que se sienten «acosadas, perseguidas y engañadas» por parte de los miembros del Patronato.

Mariana Álvarez Huerta e Idoya Barrenechea Lanceta optaron a la última bolsa de empleo convocada desde la residencia y pese a haber sido admitidas en las listas -aunque no tenían la puntuación mínima exigida en la primera fase (la experiencia)- fueron excluidas con posterioridad, cuando se cambiaron las bases tras la interposición de una denuncia que prosperó -y que no contemplaba que quien no tuviera una experiencia mínima pudiera optar al puesto-.

Álvarez y Barrenechea piden que «se convoque otra bolsa» y que se celebre una reunión con todas las partes implicadas «para poner las cartas sobre la mesa». «Es un desastre lo que puede llegar a haber ahí dentro», lamentan, «a nosotras siempre se nos dijo desde la Dirección que no tendríamos problemas porque querían tener gente en la bolsa de empleo para tener un remanente del que tirar en bajas y vacaciones, pero desde que entraron a gobernar estos» -por el Ejecutivo actual que forman Foro, VxLl, PP e IU- lo hicieron «con la fijación de ir contra el socialismo y tienen que hacer barridas, van a ir quitando poco a poco a la gente para meter a lo suyos», denuncia Mariana Álvarez.

Las ex trabajadoras aseguran que sus alegaciones -interpuestas después de darse la exclusión- no han sido atendidas y aún siguen a la espera de que el alcalde de Llanes, Enrique Riestra, las reciba. «Siempre está muy ocupado», aseguran. Lamentan que las ediles Marián García de la Llana y Soledad Celorio «estén de vacaciones» y critican que «el concejal Juan Carlos Armas» las haya recibido «con muy malas formas» para escuchar su versión de los hechos.

 

 

En la actualidad, señalan, «todas las bases se han revocado y están cambiando, cada poco exponen notas aclaratorias y han bajado las puntuaciones, han anulado una lista de admitidos y van a volver a sacar otra lista». Las empleadas lamentan que «jueguen así con la gente» y creen que el resto de trabajadores no habla «porque tiene miedo, porque aquí se juega mucho con que si no te callas no trabajarás más». Ellas, dicen, «sabemos que lo tendremos difícil para trabajar por todo lo que hemos hablado».

 

 

Por el momento no cuentan con el apoyo de los sindicatos, «estamos luchando solas», aunque advierten que «todos los papeles están en manos de un abogado» que les asegura que «tienen todas las de ganar».

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