Rincones secretos XXVI

0
1151

Esta vez nos vamos a las tierras de Piloña. Desde Infiesto y por la carretera PI-4 vamos hasta Espinareu y de aquí a Riofabar y al área recreativa de La Pesanca (395m), donde podemos dejar el coche.

Salimos por la pista que va al lado del río Infiernu, disfrutando de las cascadas y de la vegetación. A los 2 kilómetros, abandonamos la pista por un camino que sale a la izquierda y que cruza un puente sobre un nuevo arroyo, el de la Estaquera, y nos disponemos a subir y subir.

Al principio es una pista hormigonada, otro kilómetro y nos toca pasar otro puente.  Aquí acaba el hormigón y tendremos un camino convencional cuesta arriba. Nos gusta mirar hacia atrás y ver lo que acabamos de pasar, un bosque enorme, tupido y con la peña Ciébana al fondo.

Poco a poco salimos del bosque y llegamos a una majada preciosa, la de Curueñu que está a 870 metros, una pradería muy verde, con cabañas y fresnos y vacas y un bebederu. Es la representación más genuina de la vida en «les mayaes». Me temo que la generación que nos siga no llegue a conocer esta forma de trabajo que está desapareciendo de casi todos los montes. Es una pena ver las cabañas por los suelos y les cotolles comiéndose los prados.

Salimos de la majada entre árboles y seguimos subiendo hacia la collada que vemos ya frente a nosotros, acompañada por el picu Maoñu.

Al llegar a Traslafuente (1.090 metros) y contemplar los 360º que nos rodean, se nos olvidan las cuestas, las moscas, el calor o el frío.

Es un balcón perfecto hacia las tierras de Ponga, hacia la Peña Taranes y la Llambria. Vemos el Pierzu y detrás, como siempre imponentes, los Picos, las cumbres del Macizo Occidental, con la Peña Santa destacando sobre todas.

Y desde ahí sabemos que está la bajada hacia un pueblo mítico, Vallelmoru, deshabitado hace años y al que sueño conocer si las fuerzas me dejan.

Y para otra dejaremos el Picu Vizcares (1.421 metros), techo de Piloña.

Dejar respuesta