Villamayor, territorio de setas

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Cesta de mimbre para facilitar la caída de las esporas. Navaja, para cortar el tallo. Y mucho ojo, para diferenciarlas entre la hojarasca. Poco más hace falta para disfrutar de una soleada mañana de otoño buscando setas. Si además cuentas con el asesoramiento de los miembros de la Asociación Piloñesa de Micología, la jornada no puede más que salir perfecta.

Así resultó para un nutrido grupo de aficionados, que el sábado participó de una de las actividades programadas por la asociación con motivo de las XXI Jornadas Micológicas de Piloña: la primera salida popular para recolectar setas en Villamayor, que transcurrió por los montes de la parroquia piloñesa para regresar, casi tres horas más tarde, al punto de encuentro.

Allí, en el centro social de la localidad, los participantes entregaron las cestas repletas de setas recolectadas a lo largo de la mañana camino de El Chorrón, Torín o Rodiles. Parajes que albergan hasta un centenar de variedades, tal y como confirmaron los micólogos de la asociación, después de haberlas recepcionado y clasificado.

Todos los ejemplares fueron posteriormente expuestos en la sala del centro social. Entre ellos, las populares y comestibles, boletus edulis, macrolepiota mastoidea, seta del cura, carbonera, lengua de vaca, barbuda o rebozuelo. Las singulares, por su forma o color, aunque sin valor, phaeolus schweinitzii, russula sanguinea o la clathrus archeri. Las tóxicas y venenosas, como la diminuta lepiota cristata o la llamativa amanita muscaria. Y la singular, por su escasa presencia, licogala epidendron.

La próxima vez que salgan a caminar por Villamayor, no olviden mirar a sus pies. La parroquia piloñesa es territorio de setas.

Texto e imágenes, Pilar Alonso

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