Creencias y costumbres marineras llaniscas

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El repunte de las medias blancas

tertulia fernando-F: ¡Buenos días pandilla!… ¿Cómo están ustedes?

-T: ¡Que! ¿Ya empezamos a hacer el payaso de buena mañana?

-F: ¡Vale, vale! No digo nada, solamente buenos días

-C: ¡Buenos días!. ¿Qué cuentas?

-F: Pues nada más que preguntaros una cosa que me llamó la atención, cuando estaba hablando con Paco “Fragarán”, y que estaba relacionado con los tenedores, en los pesqueros cuando están en la Mar, pues aunque es bien sabido que aunque el temor a lo desconocido se asienta a todas las profesiones, en el mundo de la mar parece ser más profundo, por lo que aparecen supersticiones de las más diversas procedencias, y que todavía están a la orden del día, como por ejemplo parecen ser los tenedores

-P: Esos “chismes” estaban prohibidos en los barcos, pues daban mala suerte, y no sé porque, pero hasta tal punto, que si en “el balde” de la comida ponían uno de ellos, lo primero que se hacían al verlo era tirarlo a la Mar, pues era un objeto maldito, llegando hasta el punto de que en Tazones no se podía ni nombrar.

-F: Pues si que estamos bien,

-T: Pues era así, solamente se empleaban la cuchara y la “navaya”.

-P: ¡Ah! Y ni pienses por un momento que esto era lo único que nos preocupaba, pues había otras muchas cosas, que si las sumamos a todas la que había en la Costa del Oriente, te encontrabas con “cienes y cienes” de cosas, a las que hoy en día ya no le damos tanta importancia.

-T: Bueno, habla por ti

-F: ¿Por ejemplo?

-P: Pues verás, no se podía silbar en ningún momento en alta mar cuando andabas en ella, porque podía atraer al vientu

-F: Que quieres que te diga, si nos vamos a las épocas de la navegación en que las maniobras estaban dirigidas por el silbato del contramaestre, podría ser que se dijera esto para evitar que algún marinero silbara, confundiendo así a la tripulación

-T: Ni llevar un paraguas, que eso era provocar directamente a la mala suerte.

-C: Otra era que una mujer no podían subir a bordo, porque se creía que volvería loco el “compas” (rosa de los vientos)

-F: Como esto viene de antiguo, yo lo que creo, es que decían eso, porque una mujer embarcada con una tripulación de hombres, que posiblemente llevarían muchos días sin ver tierra, podía llevar a situaciones muy tensas, y esa era una manera de evitarlas

-C: ¿Pero de qué vas ahora, de abogau del diablu?

-F: Bueno, lo mismo decían de la buena suerte que daba el llevar un gato a bordo, aunque solo fuera porque limpiaba de ratones las bodegas y sentinas. Además no tienes que preocuparte en demasía de ellos porque son muy independientes, además de cariñosones.

-T: Siempre no, pues cruzarte con un gatu negru, una mujer de pelu roxiu o una raposa, era de lo peor que podía pasarte, y solo si decías “toca fierru”, podías alejar esa mala suerte.

-T: ¿Y de los “ciguas”?. Que me decís de los “ciguas”, en cuanto uno entraba en la lancha, ya no se pescaba nada. Aquí en la Villa tuvimos a varios muy conocidos, con los que nadie quería salir.

-F: Eso es un poco raro, porque yo salía muchas veces a faenar, y si no se pescaba nada, me echaban la culpa a mí y diciendo que era un cigua, y eso no era cierto.

-T: No sé yo… Por algo te lo llamarían

-C: Total, que si no pescaban se achacaba la culpa al más joven de los que embarcaban en la lancha, y para contrarrestar y quitar esa mala suerte, a la que decían tener “la güita”, había una costumbre muy curiosa entre los marineros de La Arena, en Soto del Barco, que consistía en que el grumete tenia que quemar esa noche un vestido de la abuela.

-F: ¡Santa Ana bendita!..y…. ¿Qué culpa tenia la abuela?

-C: Y yo que me sé, pero era así

-F: ¿Alguna otra más?

-R: Pues si, como lo que pasaba en la costa de Luanco, que cuando trababan algún, pez extraño, máxime cuando además de desconocido era feo, se decía que este animal portaba “el cigúatu”, o sea que traía la mala suerte.

-F: Pues fijaros que coincidencia, pues una vez que estábamos hablando de los peces venenosos, os nombré a la “ciguatera” como la enfermedad producida por la ingestión de peces que la padezcan (“ciguatos”), o sea, que realmente “el cigüatu” mala suerte si traía.

-C: Otras eran realmente extrañas y sin una explicación lógica aparente, si es que en realidad alguna tuvo explicación, pero vaya, como otra curiosa la de los pescadores de Carreño, en la Mancomunidad del Cabo de Peñas, que para atraer la buena suerte, llevaban oculta entre sus ropas una piel de culebra.

-R: Como habéis dicho antes, en esa época y entre los marineros las supersticiones, estaban a la orden del día, por lo que había creencias como “aojar”, o echar el mal de ojo.

Pues bien, cuando se creía que alguna mujer podía “malgüeyarlos” para arruinarles la pesca, los marineros de Tazones metían entre las rendijas de la lancha, manojos de ruda, pues era tradición que esta planta ahuyenta a las brujas, conociéndosela también como la “hierba de los mil usos”, pues se dice que las cosas negativas retroceden ante ella, y es por eso que se emplea en una gran variedad de hechizos, ya que no hay mal que no pueda deshacer. También se usaba como hechizo de amor para atraer a las personas indicadas, ya se trate de amigos o de parejas, pero bueno, esa la dejamos porque es otra historia.

Flores de la planta ruda
Flores de la planta ruda

Ahora bien, cuando los pescadores no se daban cuenta de que podían “malgüeyarlos”, eran sus mujeres las que les metían en los bolsillos ajos y castañas, sin que ellos se dieran cuenta, para alejar el mal de ojo.

Estos y otros más eran algunos de los presagios y tabúes en los que creían los pescadores de nuestro oriente asturiano. Creencias que también compartían con gallegos, cántabros y vascos.

-P: ¡Home!, también está la costumbre de romper una botella de champan, sobre el casco del barco que van a botar.

-F: Eso creo que viene ya de los antiguos griegos, que rociaban una buena cantidad de vino sobre la cubierta del nuevo barco. Igual era para comprobar que no filtraba… ¡Vaya usted a saber!

-R: También al armar un barco, se ponía una moneda de oro o de plata, bajo el palo mayor antes de afianzarlo.

-P: ¿Y de los curas? Que me decís de los curas que también era un encuentro de mal augurio el tropezarse con uno de ellos antes de embarcar, y como tampoco podía ser nombrado, se usaban eufemismos como “el de largu” o “el de negru”

-F: Volvemos a lo mismo, la superstición del marinero, relacionaba al cura con funerales y entierros, y… ¿Qué crees que podían pensar?… pues que no era plato de buen gusto. Yo creo que todo tiene más o menos una explicación, que aunque no se pueda decir que muy lógica, no deja de ser una explicación, pues estos y otros más eran algunos de los presagios y tabúes en los que creían los pescadores de nuestro oriente asturiano. Creencias que también compartían con gallegos, cántabros y vascos.

-C: Mira, eso sí lo creo yo, que todo tiene algún motivo para empezar a ser.

-F: Pues ahora si no os importa dejarme que os cuente una serie de personajes de la mitología asturiana relacionada con la Mar.

-T: Empieza que p´a ti es la perrona.

-F: Pues veréis vamos a empezar, a mi modo de entender por las dos más importantes:

La diosa Deva
La diosa Deva

La Diosa Deva: Literalmente “diosa”, de acuerdo con un desarrollo vocálico ha de considerarse precéltica de origen indoeuropeo muy popular en territorios galaicos, siendo la diosa que dominaba todas las aguas, ya fueran marinas, lacustres o de ríos y manantiales y se encarga de cuidar de los ciclos de la Naturaleza.

La diosa Navia
La diosa Navia

La Diosa Navia: También de origen céltico, es la encomendada de cuidar todo lo que tiene vida, ya que el que su tarea, el hacerla prosperar y crecer depende de ella. Es la Diosa de las cosechas, de la abundancia, de la fertilidad y de la suerte, dependiendo también de ella el trabajo y la economía
En el norte de España, en Galicia y Asturias, algunos pueblos, playas y ríos llevan su nombre.

El nuberu
El nuberu

Nuberu: Representado por un anciano huraño y de mal semblante y humor, tiene en su poder y voluntad controlar el tiempo, y se divierten provocando tormentas y tempestades, y como hacedor y rector de las inclemencias, no dudará ni por un momento en utilizar los rayos como terribles armas si es molestado y no digamos atacado. La marinería le teme, y con razón, pues es el culpable de las terribles galernas del Cantábrico, que les impiden faenar y les obligan a regresar apresuradamente a puerto.

Ventolinos
Ventolinos

Los Ventolinos: Los ventolínos son unos duendes extremadamente pequeños, aunque en ciertas ocasiones se les puede llegar a ver. Flotan en el aire, y a los marineros les llevan los vientos suaves y los rayos de luna, por lo cual tienen una gran aceptación entre las gentes de la Mar. Entre otras tareas, transportan los suspiros de los enamorados, duermen a los niños y llevan el último adiós de los padres, a los hijos que embarcados están lejos.

El espumeru
El espumeru

Los Espumeros: Parientes de los ventolinos, los espumeros son duendes del mar, extremadamente pequeños y visten un traje de algas, llevan caracolas marinas que les dan les serenes, y ellos les corresponden con sus collares de flores, por lo que en ocasiones salen a tierra a recogerlas. Existen dos clases de espumerus: los espumerus morenos, que tienen unos ojos extremadamente brillantes, por lo que en ocasiones se ponen delante de los barcos en días de niebla para llevarlos a puerto, y los s espumerus rubios, que salen a tierra firme para adentrarse en las casas de los marineros, para llevar noticias de estos a sus familiares parientes y amigos.

La Serena
La Serena

La Serena: La Serena, o Sirena, era una hermosa joven, con un apetito totalmente desordenado, que comía continuamente pescados y mariscos, hasta que un día, su madre, ya harta de su comportamiento, le dijo: ¡Quiera Dios que te conviertas en pez!. Ese día, cuando la joven se bañaba en el mar, sintió como sus piernas se cubrían de escamas y se convertían en una gran aleta. No tardó en consolarse, sintiéndose libre, sin otra preocupación que nadar y bucear. Entonces, llena de alegría, empezó a cantar. Y es por sus canciones, su belleza y alegría, que los marinos la quieren, pues su intención no es desviarles de su rumbo sino alegrarles la ruta y velar por ellos.

La Seresena
La Seresena

La Seserena: Es otra versión mitológica de la serena, aunque este ser, con cuerpo de mujer y sus piernas transformadas en cola de pez, por algún otro tipo de maldición, se nos aparecen en este caso como cantantes de una dulce y bellísima voz, con la que engañan a los marineros para arrastrarlos hacia su destrucción. Quien la ha visto, dice que su visión es terrorífica.

L'home marín
L’home marín

L’Home Marin: Es este un siniestro personaje de la Mitología de la Mar Asturiana, que anda merodeando a lo largo de toda la costas en busca de barcos pesqueros, para divertirse con ellos, rompiéndoles sus aparejos de pesca al crear grandes oleajes, o aprovechando las tormentas, que puedan coger al barco desprevenido antes de que éste pudiese volver a puerto. Otra de sus diversiones es destrozar los propios barcos, dejando a los marineros en mitad del mar.

El Pataricu
El Pataricu

El Pataricu: Se cuenta que estos son unos gigantescos seres que viven en la legendaria isla de Eonavia o Eonaviega (en las costas de entre los ríos Eo y Navia), que tienen un solo ojo en el centro de la frente y un finísimo sentido del olfato que les permite detectar náufragos de los cuales se alimentan. La isla solo era accesible para los barcos que habían sufrido un naufragio, llegando a sus costas arrastrados por la marea, de modo que los supervivientes se veían atrapados en la isla, al haberse quedado sin medios para escapar de ella, siendo también víctimas del hambre de estos enormes cíclopes.

El repunte de las medias blancas
El repunte de las medias blancas

El Repunte de las Medias Blancas: Se trata de un monstruo de aterradora apariencia que vive bajo el mar y que permanece cerca de los acantilados, a la espera de que alguien se acerque demasiado al borde. En ese momento se sube a las crestas de las olas y cuando éstas se estrellan contra el rompiente, salta hacia el acantilado para llevarse a su incauta presa, y arrastrarla con él hasta el fondo de la Mar, para devorarla.

-F: Bueno compañeros, creo que ya está bien por hoy, así que vamos a dejarlo aquí, y marchar a La Barra, a ver como se está comportando hoy la Mar.

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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