Mi ánima inquieta y crepuscular

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Mi ánima inquieta y crepuscular

Mi ánima inquieta y crepuscular

Hace unos días pensé que sería buena idea ir a la Península de Borizu a inmortalizar un amanecer, así que me levanté temprano, muy temprano… y me planté en la entrada de la Península antes del crepúsculo astronómico, me recibió la mar confusa y enfadada y los ojos brillantes de un par de gatos que se asustaron al ver a alguien rondar por sus dominios tan pronto. Entre el ruido y la presencia de la mar enfurecida, siendo la única luz en la oscuridad los ojos de los felinos que iban de un lado a otro y el sonido del viento jugando con los árboles, parecía que me encontraba en el perfecto escenario de una película de miedo, y que, de repente, pudiera aparecer el fantasma de la dama de blanco…

Fantasma de la dama de blanco
Fantasma de la dama de blanco

Tenía clara mi idea de la foto, así que rápidamente me planté en el lugar deseado y preparé la cámara para las primeras fotos crepusculares. En la imagen podemos ver el azul presente en estas horas del día, cuando el sol todavía no hizo acto de presencia, pero si anuncia su llegada con los tonos anaranjados del horizonte. Las nubes repartidas por el cielo de forma difuminada con algunos toques rojizos, la sierra del Cuera teñida de azul, y el magnífico escenario que nos brinda la península de Borizu, creo que consiguen una curiosa foto.

Mi ánima inquieta y crepuscular
Mi ánima inquieta y crepuscular

El tiempo avanza de forma inexorable y nos adentramos en la hora dorada, el sol aparece, el paisaje comienza a pintarse y en el horizonte parece producirse una guerra entre los dos lados del cielo, una guerra entre la mar y la montaña, una guerra entre el zafiro y el oro, una guerra entre dos mundos de la que soy espectador, me quedo disfrutando, encuadrando y disparando para guardar esta maravillosa y pacífica lucha en mi archivo, que se resolvió como deberían resolverse todos los conflictos: con las dos partes unidas, regalando cada una su mejor parte a la otra y enterrando sus diferencias.

La guerra de los mundos
La guerra de los mundos

Soy un gran fan de Enrique Bunbury, el cual en uno de sus mejores discos como es “El Viaje a Ninguna Parte”, tiene una canción de nombre “Los Restos del Naufragio” en la que dice: nos queda Leonard Cohen, Tom Waits y Nick Cave… Leonard Cohen ha fallecido recientemente, qué decir de él, gran cantautor y poeta… al escuchar muchas de sus canciones siento que mientras las escribía, tenía la intención de transportarnos al mundo que deseaba en ese momento, su mundo, el que quería que vivieramos mientras escuchamos su letra, en mi opinión lo consigue por completo. Hace mucho tiempo que su enigmática y grave voz se da paseos por mis sistemas de sonido y cada año que pasa parece que intensifica su poder musical dentro de mi. Premio Principe de Asturias de las Letras en 2011, buen reconocimiento pero creo que insuficiente. So Long Marianne, Suzanne, Everybody Knows, Coming Back to You… Seguiría una hora entera pero me quedo con su relación con Lorca y su Take This Waltz. ¿Cómo es posible mejorar esto?

Pequeño Valls Vienes
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del “Te quiero siempre”.
En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Un fragmento de la mañana
Un fragmento de la mañana

En la misma canción que cito anteriormente, Bunbury habla de otros referentes dentro del rock en castellano: Julieta Venegas, Jaime Urrutia, Loquillo, Andrés Calamaro y Santiago Auserón (Juan Perro), al que me permito robar una frase de su canción “Señora del mar” y su ánima inquieta y crepuscular…

No solamente del oriente vive la península de Borizu, hacia el occidente existen muchos más lugares llenos de ese misticismo que envuelve a toda la “media isla”, pero esa será otra historia…

Hacia el occidente
Hacia el occidente

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