El Raque

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tertulia fernando

-F: ¡Buenos días!

-C: Buenos días, hombre… ¿De qué te vienes riendo?

-F: No, de casi nada. Es que había ahí atrás dos paisanas “enganchadas”, que se estaban diciendo lo que no está escrito en los libros…

-T: ¿Y eso llamote la atención?… Tú no has visto peleas entre pescadoras. Eran terribles y verdaderamente raqueras

-F: Me lo puedo llegar a figurar, pero al contemplarlo en vivo y en directo, pues no deja de llamarme la atención…. ¿No?

-P: ¿Y sabes de donde viene la historia de esta palabra?

-F: Leí algo sobre ello, porque veréis, uno de los mayores atractivos que para mi tiene esti diañu de planeta nuestro, es sin duda la Mar y todos sus periféricos (como dirían los informáticos), o sea, barcos, marinería, leyendas y palabras. Por eso, y como siempre ando espatuyando en ese mundo y leyendo todo lo que sobre el tema cae en mis manos, hay veces que te encuentras con palabras que cuando las vas siguiendo hasta lo que podríamos determinar cómo sus etimologías, te encuentras con cosas verdaderamente curiosas. Eso me ocurrió con esa que acabáis de nombrar y que voy a intentar de explicávoslo.

-C: Se de cierto que proviene de una acción que se hacía antiguamente para apoderarse de la carga de algunos barcos, por gente de tierra.

-T: Así es, yo también lo había oído.

-F: Tenéis toda la razón, pues una de las mayores tropelías que se podía y se puede hacer en la Mar, es la de engañar a los barcos que por un motivo u otro, sobre todo debido al mal tiempo, se acercaban a la costa en demanda de algún puerto para su refugio, con el fin de hacerlos embarrancar y así lanzarse inmisericordemente, al despojo de barcos y náufragos, inclusivamente llegando a pasar a cuchillo a estos últimos para no dejar testigos que los pudieran envolver en quejas y reclamaciones.

Proviene “raque”, de la palabra de origen alemán “wrack”, que en sí quiere decir “barco naufragado” o “resto de naufragio”, y que derivó fonéticamente al español raque, como ya hemos dicho, y que según la definición que para ella hace la Real Academia Española de la Lengua, es el “acto de recoger los objetos perdidos en las costas que por algún naufragio o echazón”

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-P: Si señor, y que por cierto “echazón”, es la acción de arrojar al agua la carga o parte de ella, u otros objetos pesados de un barco, cuando es necesario aligerarlo, principalmente por causa de un fuerte temporal.

-F: Hasta aquí, podríamos decir y en líneas generales, que todo es legal y éticamente realizable, pues “lo que hay en la Mar, es del que lo encuentra”, ya que en un principio las gentes de la costa que veían un barco en apuros, lo que procuraban ante todo era su salvamento, recogiendo posteriormente y en el caso de naufragio, todo aquello que fuera aprovechable antes de que la mar se lo llevase para siempre.

-T: Pero no acababa siempre así.

-F: Pues no, ya que con el tiempo, algunos desaprensivos pensaron que naufragaban menos barcos de los que ellos deseaban, y que provocando sus naufragios, el botín a recoger sería bastante más substancioso que si lo dejaban en manos del todopoderoso Océano, ideando para ello sistemas diferentes, como el encender luces en la costa para lograr confundir a los patrones y capitanes, que creían encontrarse ante algún faro o farola que les indicaba la entrada a algún refugio, u otro sistema más sofisticado, como el que consistía en pasear a lo largo de la costa, unos bueyes que portaban unos fanales, que con el movimiento de los animales al andar, y por tanto el balanceo que les daban a las luces, hacían creer a las tripulaciones que entre ellos y la tierra se encontraba otro barco, por lo que no pensando en que les acechase ningún peligro, se acercaban a la costa, donde les estaban esperando las abiertas fauces de los peligrosos bajíos que desencadenaban la catástrofe, ansiadamente esperada por esos verdaderos piratas de la costa.

A estos desalmados que se dedicaban “a andar al raque”, se les denominó, por derivación de la palabra original, “raqueros”.

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-F: En otro orden de cosas, también se le llamaban “raqueras”, a unas embarcaciones de eslora media, y de poco calado, que iban armadas con una “colisa”, o lo que es lo mismo, con un cañón por lo regular de grueso calibre que se montaba en la crujía de la embarcación, sobre una cureña sin ruedas, que desplazaba a lo largo de aquella y que dedicaban a ejercitar el contrabando y robar o piratear por las costas del Canal Viejo de Bahamas.

Las tripulaciones de estas embarcaciones portaban además algunos fusiles, machetes y hachas de abordaje para el “buen ejercicio de su oficio”. Tuvieron su apogeo entre la mitad del siglo XVI y finales de XVII.

-C: Ya te has vuelto a dispersar compañerín, así que continúa con lo de antes.

-F: Bueno, pues es en esta época cuando aparece, como ya hemos dicho, la derivación fonética entre la palabra alemana “wrack” y la palabra española “raque”, pues había una importante cantidad de piratas holandeses y alemanes mezclados con hispanos, tanto en los puertos donde acostumbraban a recalar para abastecerse de víveres y pertrechos, como en las mismas tripulaciones que se alimentaban de personajes de distintas nacionalidades, siempre y cuando se juramentaran en las Leyes de la Compañía. Según otros, proviene esta palabra del inglés wrecker (ladrón de barcos, saqueador de naufragios), castellanizando la palabra raquers y los más eruditos defienden que proviene del latín rapio is (arrebatar, arrastrar, llevarse algo violenta o precipitadamente).

-P: Gracias a Dios, hoy en día ya no existe este tipo de “trabajo” , por lo menos en nuestras costas, y queda la palabra raquero o raquera (que de todo hay en los Mares del Señor), para determinar a estos rateros que se dedican a pequeños hurtos en puertos y barcos.

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-F: Recuerdo bien, que cuando yo era un criu, nos poníamos a marea alta en los muelles del Sablin, a recoger buceando las monedas que nos tiraban al agua los veraneantes, las cuales, si eran las “de plata” (los reales) se veían perfectamente, pero las de oro (de cobre), como eran las pesetas, había que envolverlas en un papelín para que no se confundieran con la arena. El “summun” era cuando lanzaban algún “duru” y entonces el desafío consistía en que había que recogerlo con la boca. Era todo una heroicidad, y me viene a la memoria el gran “Jotina”, que aparte de tener una habilidad más que especial en la recogida, se lanzaba al agua desde el muelle cuando no había ni tan siquiera un metro de agua, con lo cual veía perfectamente la moneda, y sin ningún tipo de contrincante, ya que del resto de nosotros ninguno se atrevía a tirarse desde esa altura con tan poca “lámina de agua”.

-C: ¡Muy cierto! Era un verdadera “hacha”, y cuando se lanzaba, conseguía revolverse en el aire como un verdadero gato, y entraba en el agua como un cagoche, sobrándole del metro de calado más de 20 centímetros. Era digno de verse.

-F: Pues yo, cuando ando por Santander siempre me acerco a contemplar el monumento a los Raqueros, que se encuentra en el muelle “Calderón”, entre el Palacete del Embarcadero y muy cerca del Club Náutico. Este monumento está compuesto por cuatro estatuas a tamaño natural y representa a cuatro “criucos en pelotu”. Uno de ellos está de pie, dos se encuentran sentados, uno sobre un noray y el otro en el borde del muelle, mirando a un cuarto que esta tirándose de cabeza a la Mar. Es obra del escultor José Cobo Calderón (Santander, 1958).

También fueron reseñados por José Mª de Pereda en su obra “Sotileza”, publicada en 1885, donde describe  el ambiente de pescadores, siendo esta por excelencia la novela de la Mar.

-F: El nombre de raqueros era el que también recibían los críos pobres y marginales que, a finales del siglo XIX y principios del XX, frecuentaban la zona del puerto de Santander buscando alguna forma de ganarse la vida.

Entre las gentes de la costa ha aparecido otra acepción de la palabra “raquera”, como para definir a una persona maleducada, ordinaria, chillona y malhablada… En fin, todo un encanto de criatura.

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-T: Pues nada, todo muy bien y muy interesante, pero ahora yo marcho para la Barra, a ver como tenemos a la novia. ¿Viene alguien conmigo?

-P: Pues todos, no te amuela… ¿O ya estas fartucu de nosotros?

-F: No le tires de la lengua “manín”, que no está la llar para boronas.

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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