Un gigante en un bosque de cuento

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Nuestro nuevo Rincón está bien escondido, un bosque de fayas le protege, unas 200.000 más o menos. Es el Bosque de Peloño (Ponga).

Desde Cangas de Onís saldremos por la carretera N-625 direción Riaño siguiendo el curso del Sella. Haremos una parada en Santillán en la panadería de Mª José a coger provisiones: bollos preñaos, empanada, boroñu, magdalenas, bizcochu, casadielles y pan de leña. Volvemos hacia atrás al cruce del Puente los Grazos para coger la AS-261 hacia San Juan de Beleño, aquí llevaremos al lado el río Ponga, precioso con el deshielo.

A la salida de San Juan nos desviaremos por la PO-2 hacia Viegu, es una carretera de curvas cerradas pero en buen estado.

A los pocos kilómetros vemos a nuestra derecha las señales que nos indican Les Bedules, cogeremos esa pista hormigonada de 1’5 kms. que nos dejará en el aparcamiento de Les Bedules. Desde aquí las vistas son un privilegio y más si hay una nevada de más de 25 centímetros. El paso de vehículos está prohibido, así que hay que coger las provisiones y ponerse en marcha.

El camino se adivina gracias a unas rodadas que están bien marcadas y por las que iremos sin mucho problema. Al bosque ya le quedan muy pocas hojas, la nieve que cayó estos días se las llevó, pero aún quedan unas pocas que destacan sobre manera en el fondo blanco.

En el Collau Granceno nos despedimos de unos montañeros que nos acompañaron un trecho y seguiremos algo más de 1 km. hasta que encontramos la señal que nos indica un camino a la izquierda al Roblón de Bustiello. Bajaremos rodeados de hayas derechas como velas y al poco destaca entre ellas un tronco enorme, anchísimo y al mirar hacia arriba veremos la copa que sobresale unos cuantos metros por encima de todos los otros árboles.

Es un paraje muy especial, con restos de cabañas totalmente destruidas, al que la nieve le da un halo de misterio.

Debajo del Roblón queda un espacio libre de nieve, hay una piedra enorme que sirve de mesa y asiento para dar cuenta de los víveres. ¡Nos saben a gloria!

Allí debajo nos damos cuenta de lo insignificantes que somos respecto a la Naturaleza tan apabullante que nos rodea.

Merecerá la pena volver en primavera, para ver al gigantón echar los brotes verdes y cubrir otra vez sus enormes ramas, que ahora también estaban verdes, pero de líquenes que nos demostraban la pureza del aire de este bosque.

En poco más de dos horas de caminata tendremos el privilegio de encontrarnos en un entorno único, un bosque inmenso de hayas, avellanos, acebos, espinos y abedules y podremos rendirle un homenaje al Roblón de Bustiello, ejemplar al que deseamos muchos más años de vida.

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