El origen mitológico del Palu de Poo

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Imagen, Valentín Orejas

De cría, como la mayoría de los niños, la fantasía y la realidad no estaban muy lejos la una de la otra, y la imaginación era una buena aliada. Me encantaba escuchar e inventar historias, tenía escondrijos secretos, talismanes y lugares a los que consideraba mágicos, sobre todo por las historias que sobre ellos me contaban.

Entre esos sitios que me parecían extraordinarios estaba “el Palu Poo”. Ese peñasco vertical, alto y estrecho que, junto a los castros “Pelau”, “de la Olla”, “de Poo” y “la isla de la Almenada”, forma un diminuto archipiélago a poniente de la Villa de Llanes, tenía un origen muy especial y yo me jactaba de saberlo. Mi conocimiento provenía de un cuento de Baltasar Pola que me solía referir mi abuela, sobrina- su padre y Baltasar eran primos carnales- del gran escritor, poeta y guionista llanisco. Se titulaba “Una Diosa llanisca”, y según recogió su propio autor, que lo firmó como Tasaron Peneque, uno de sus seudónimos, lo había escrito para divertir a sus hermanas.

Aquella imaginativa narración, publicada por el Oriente de Asturias por lo menos en dos ocasiones, la última en el libro “Un llanisco en Holliwood”, contaba que en las alturas del Cuera reinaba la diosa Turbina, llanisca hasta la médula. Su belleza y rebosante vitalidad inspiró amores famosos entre los dioses del Olimpo. Pero de todos los amores y amoríos de Turbina, el más celebrado fue aquel que hizo enfrentarse a Netunu y Ércoles, que según ilustres eruditos se correspondían a los mitos romanos Neptuno y Hércules. Ambos pretendientes, a petición de la diosa, que ideó un plan demostrando la sagacidad de la mujer llanisca, aceptaron disputar un partido de bolos en lugar de una brutal pelea.

La bola, al salir de la manaza de Ércoles, daba vueltas como una peonza y las hojas de los árboles se agitaban como si se hubiese desatado un terrible nordeste. No quedó ni un bolo en la improvisada bolera. Todos se habían hecho añicos, al igual que la bola, salpicando los campos desde Porrúa hasta Poo. Solo un bolo quedó entero y fue a dar a la mar, donde cayó plantado, conociéndose desde entonces con el nombre de Palo de Poo. De la bola, nada más un trozo fue reconocido por los arqueólogos como tal: La Peña de la Mazuga.

El recuerdo de este cuento me vino a la memoria hace dos años al navegar a corta distancia de los castros de Poo, y hoy al ver “el Palu de Poo” desde tierra no me he podido resistir a traer a estas líneas un humilde resumen de ese cuento mitológico de un autor que estaba convencido de que lo mejor de la vida es la imaginación, gracias a la cual se crea un mundo al gusto sin los engorros de la realidad.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

3 Comentarios

  1. Prubriton Netunin…….Doña Maiche…..securu que yerai mas cachorrón que el otru grandon de Ércoles, y al final quedose fuera y con les ganes, yo de eso entiendu un pocu………. como diría el refran…fue a deles y llevoles…… casi toi por haceme del At de Madri y viva Netunu

    gracies po la aclaración

  2. Rostroazul, veo que ha retrocedido usted casi dos años en nuestro Diario para alcanzar este artículo sobre un cuento de Baltasar Pola. Me asombra, es usted una fuente de sorpresas, que escriba tan bien en el bable su su zona, bastante más fácil de entender que el nuestro.
    En cuanto al cuento, Netunu perdió toda esperanza, más no se dio por vencido. Se limitó a decir que no era juego limpio y a gritarle destempladamente a la diosa:» Pos agora, yo no ajunto», frase que desde entonces repetimos los llaniscos sin percatamos de que es de ascendencia olímpica.
    Respecto Ércoles cuentan que sin contemplaciones cogió a la diosa por su grácil cintura, la arrancó del elevado trono que disfrutaba en la bella región llanisca y se la llevo al situal que él poseía en la costa del mar Tirreno.
    Gracias por su comentario y un abrazo.

  3. Doña Maiche…. Verá usté…. La mañana ta muy aburría por estus lares, perque tengo xuxtu a la mi esquerda, a una mozuca un tatín engalanada, que piensase ella, que a base de falar munchu, va a llévame a mi al huertu…. Y non son así les coses…. Se lo xuru per mi madre… per comu diz el refrán…. Quien munchu fala munchu fierra.

    Y buenu ye… entos.. a lo que iba… Y ye que usté no me cuenta, quien metioi manu finalmente a la Turbina esa… perque de Netunu non diz na, lo que deduzcu, que el gatu… En esti casu… el coneju…probolo Netunín… Perque fue más bizarru y non dexó un bolu vivu… Ya que ningún axoma per encima la mar.

    Muchos gracies como sempre doña Maichina y espero que entienda el bable de las sotucuenques… Que comu verá, ye más cultivau, que el bable santillanés esí que falen los de la su comarca.

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