Dulces tradiciones en la Confitería Vega

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Francisco Patiño, Nacho Valdés, José Avín y Kiko Vargas eran los responsables de que el mayor dulce de Llanes fuera igual que un día, en el año 1890, sus creadores le dieran forma. Los cuatro profesionales que forman el equipo más dulce de la Confitería Vega debían de ser capaces no sólo de hacer el tradicional ‘culebrón’ de Navidad, sino de que su sabor fuera impecable, perfecto y suculento. Y lo han logrado.

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La delicia más tradicional de la afamada pastelería ya está a la venta. Mide cuatro metros y pesa 210 kilos. Es un mazapán gigante con forma de reptil, decorado con escamas hechas a mano y coronadas por una flor de lis de chocolate blanco. Es exactamente igual que hace 166 años y como desde entonces, lo más probable es que «no llegue ni al 22 de diciembre».

Tres días han tardado en hacerlo y, por primera vez, desde hace 52 años, faltaba Juanjo Álvarez Melijosa, el maestro confitero que dirigía el obrador y coordinaba la elaboración. Motivos personales le impidieron acudir ayer al traslado y su jubilación lo mantiene ahora alejado del trabajo que con tanto mimo ha desempeñado durante toda su vida. Pero ha dejado un buen legado. «Hemos hecho todo como él lo hacía, hemos intentado seguir las mismas pautas para conseguirlo», pero, «es una gran responsabilidad», señala Francisco Patiño, el sucesor de Álvarez. Lo dice entre aliviado y nervioso.

Aliviado porque el culebrón la fin reposaba sobre el mostrador de la Confitería, no sin antes haber hecho un traslado digno de ver. Las dimensiones del dulce, que ha de elaborarse en dos tramos, obligan a sacar a la calle el culebrón desde el obrador, para poder llevarlo hasta la pastelería, donde se pone a la venta. Aunque los hornos y la confitería están unidas, resulta inviable hacer la maniobra en el interior, así que cada año, en el mes de diciembre, el traslado se ha convertido en una cita tan tradicional como la compra del propio culebrón.

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Y nervioso porque aún nadie lo había probado. Nadie había cortado esa delicia hecha a capas de de turrón de yema, de chocolate, de fresa, de praliné, de turrón blanco y de mazapán. Un manjar para los más llambiones. Hasta que la gerente de la Confitería, Maribel Ampudia, hincó el cuchillo y, tras un corte perfecto, invitó a los presentes -los propios confiteros y la prensa- a degustar semejante placer.

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Y así, Patiño, puede sentirse aliviado y, junto a sus compañeros, orgullosos de dar cumplida tradición en los hornos de la céntrica pastelería llanisca.

El ritual, para los clientes, comienzaba a continuación. Se sucedían las primeras llamadas, desde diferentes puntos del país, para proceder al envío por transporte urgente de un trozo del culebrón. «Hay personas que no son clientes habituales, pero sí vienen a comprarlo porque no conciben la Navidad sin un trozo», asegura Ampudia. Y los hay que aún lo miran desde bien lejos porque, por diferente motivos, no pueden degustarlo.

La gerente del negocio recuerda que había un niño que, cuando el culebrón llegaba, él también lo hacía al escaparate. Y miraba el dulce a través de aquel cristal, que llegaba a lamer imaginando el sabor de aquella obra maestra. No tenía dinero para comprarlo, aunque siempre acababa catando parte -cortesía de los confiteros-. Andando el tiempo, aquel niño creció y su capacidad económica también. Entonces acudía con su nieto a contemplar el mazapán gigante. «Antes no podía comerlo -decía haciendo tintinear las monedas en el bolsillo de su pantalón-, y ahora tampoco porque no me lo permite el médico», decía lamentándose.

Ha habido mil anécdotas, y mil momentos que rodean al culebrón y a los clientes que cuentan Navidades en Vega. La cabeza de este reptil, que también tiene historia y más de 120 años, ya tiene los ojos encendidos y el lazo puesto. Lo que significa que ya está a la venta -a 36 euros el kilo- la tradición más dulce de Llanes.

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