Historia de un virus en Hontoria de Llanes

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Los artículos que para este medio escribo buscan siempre relacionar tecnología y/o informática con un territorio tan bello como es el Oriente de Asturias. Hoy me gustaría llevarlo hacia un plano más personal para contar una anécdota concreta que tiene como protagonista la informática y como localización un bello pueblo del Valle de San Jorge del municipio de Llanes.

Corría el año 1989 y la informática personal comenzaba a despegar en España con cierto retraso con respecto a otros países. Los ordenadores llegaban poco a poco a los domicilios particulares, y la informática se empezaba a concebir como un conocimiento de gran importancia para el futuro.

En aquella época todavía no existían los sistemas operativos de entorno gráfico en el mundo del «IBM PC y compatibles», que era la arquitectura informática que se estaba llevando el gato al agua en lo que a informática doméstica respecta. Un sistema operativo llamado «MS-DOS», totalmente abstracto en lo que a aprendizaje se refiere, era el «buque insignia» de la informática de aquellos años.

En el año 1989 tenía 14 años de edad, y ya llevaba casi tres años disfrutando de la informática, ya programaba en dos o tres lenguajes diferentes y hacía «mis cosillas», propias de una mente inquieta que busca aprender todo lo que fuera posible. Eran mis primeros años relacionado con la informática, que a día de hoy ya son 30 en total, y también fueron los años preliminares a los 23 años que llevo como profesional de la informática.

Aunque yo nací en Oviedo y viví allí varios años (actualmente vivo en el País Vasco), el pueblo de Hontoria de Llanes –en pleno valle de San Jorge– es importante para mí debido a que es el origen de mi familia paterna; la materna tiene como origen Nueva de Llanes. Y en aquel precioso pueblo costero de Llanes, muy conocido por su festividad de «El Carmen», pasé grandes momentos de mi infancia, y otros posteriores no menos importantes de lo que ya no era infancia.

En el año 1986 se extiende rápidamente lo que a posteriori se conocería como el primer virus informático de la historia: el virus «BRAIN». Llegados a este punto sería importante comentar un poco de la historia de los virus, pero sería alargar demasiado esta anécdota… dejo aquí este enlace de un artículo que publiqué en otro medio y que trata sobre los primeros virus, para aquellos lectores que tengan a bien conocer un poco de aquellos primitivos programas maliciosos: http://parceladigital.com/2016/11/09/los-virus-informaticos-del-ms-dos/.

El caso fue que en el año 1989 tuve oportunidad de enfrentarme por primera vez a un virus informático, que no fue otro que el virus «ping-pong» o también llamado «virus de la pelota»… y no existían los antivirus como se conocen hoy en día.

Para eliminar cualquier virus era necesario desplegar una batalla entre usuario y ordenador para encontrar los archivos del sistema dañados, buscar las cadenas maliciosas, y manualmente reparar todo aquello. Y para eso se requerían fuertes conocimientos del sistema operativo, para terminar por ejecutar manualmente una suerte de comandos que pudieran resolver la totalidad de la infección. Siempre quedaba la posibilidad de formatear a bajo nivel primero, a alto nivel después, perdiendo todos los datos, para reinstalar de cero todo el sistema operativo. La habilidad estaba en evitar el camino del borrado para eliminar el virus manualmente en cada zona infectada, evitando borrar toda la información y el reinstalado posterior del sistema.

Aquella fue mi primera experiencia con un virus… durante muchas horas tuve que batallar… y el escenario fue un ordenador de un familiar localizado precisamente en el pueblo de Hontoria de Llanes. Al final gané aquella mi primera batalla contra un virus sin perder nada de información y sin recurrir al camino del borrado total. Hoy en día con los antivirus todo es diferente: Los virus son diferentes, y los antivirus lo hacen todo por nosotros.

Iniciaba este artículo pidiendo permiso para «personalizar» el tema de hoy en mi propia experiencia, porque no quería dejar de contar esta anécdota que nunca olvidé y que, en mi caso personal, siempre me llevó a relacionar directamente entre sí informática y Oriente de Asturias.

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