Héroes y leyendas

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El guardián del Urriellu - Rodrigo Núñez Buj
El guardián del Urriellu - Rodrigo Núñez Buj

“Aparecían los guardianes de la naturaleza,
volvían los heroes de entre las sombras,
surgían los defensores de la historia más bella…”

Héroes y leyendas, historias que trascienden a la realidad cotidiana, aunque en la segunda década del siglo XXI sea muy complicado separar la realidad de la ficción… De cualquier forma, con la ayuda de la naturaleza, podemos encontrar momentos mágicos, escondidos en una dimensión invisible, que van reduciendo su opacidad a medida que nos acercamos a su esencia.

La pared imposible
La pared imposible

Decía Aristóteles: “Si las obras de los hombres son contingentes, están sujetas al cambio, las de la naturaleza son completamente necesarias, en el sentido en que no pueden ser de otra manera y responden a un plan perfecto.”

Un plan perfecto… Viviendo en Llanes, al nivel del mar, y con innumerables bellezas paisajísticas no muy lejos de mis pies, puedo pensar que un plan perfecto, en muchos sentidos, es subir hasta los aproximadamente 2000m que representan la base del Picu Urriellu, y formar parte de su leyenda. En meses complicados, me puede recibir una nevada tan grande que me haga quedarme con las ganas, con lo que mi plan perfecto se desmoronaría (vale, Aristóteles), “¿Cómo has pasado el invierno, viejo amigo?”. Con algo más de suerte puedo traerme de recuerdo un gran espectáculo.

Aquí comienza nuestra historia. Tengo la gran suerte de poder elegir un día cualquiera para subir, ya que confío en que mi admiración por la naturaleza haya provocado una poderosa influencia en mi cabeza, para dejar caer mi dedo en el calendario señalando un día aleatorio, el cual Aristóteles no me pueda echar en cara.

Al aproximarnos al inicio de la ascensión, el panorama no es de lo más alentador. Las formas y los colores del cielo parecían de “más allá del muro”, las nubes con sus oscuros trajes me recordaban a la poesía de William Blake… ¿Habré perdido la conexión? No lo creo, vamos a empezar a ascender.

Los colores del otoño del paisaje adyacente al camino nos ofrecían una estupenda gama cromática, además de proporcionar una energía extra para llegar a la base del Urriellu como si fueramos Kilian Jornet, mucho mejor que una bebida isotónica.

Energía otoñal
Energía otoñal

La primera visión de nuestro protagonista es como la primera vez que aparece Darth Vader en La Guerra de las Galaxias; la primera aparición de un caminante blanco en Juego de Tronos, la primera mirada de Vanessa Ives en cualquier episodio de Penny Dreadful; el momento en el que te das cuenta de como funciona la mente de Jean Baptiste Grenouille en El Perfume… Estremecedor.

El guardían del Uriellu
El guardían del Uriellu

A medida que el Urriellu se agigantaba, las nubes que en un principio lo poblaban iban despejando su cuerpo, parecía como si el Picu fuera modelando el tiempo para que pasáramos a formar parte de su leyenda sin mayores complicaciones. En el último tramo de ascensión, el más duro de todos, mientras el cuerpo se harta de pedir clemencia, la cabeza se satura de sensaciones, ya que las diferentes caras que ofrece la cima al caminar, enmarcadas por las sufridas rocas que pueblan el trayecto, y sazonadas por las nubes magnetizadas por la cumbre, son algunos de los momentos que consiguen crear mitos y forjar leyendas.

Ventana a la leyenda
Ventana a la leyenda

Al llegar a la base del Urriellu, te das cuenta que se trata de un lugar diferente, llegar a sus inmediaciones te introduce de lleno en otra dimensión: contemplar su mítica, vertical e imposible pared norte; respirar el frio y fuerte aire que acaricia su piel caliza y resuena en tus oídos como si la montaña te estuviera hablando, contándote todos sus secretos; sentir la historia e incluso la presencia de aquellos valientes que han coronado su cima o lo han intentado… Tocando su piel, uno puede hacer una especie de viaje mental temporal, y ver ascender por su pared norte a Gregorio Pérez Demaría “El Caineju” y Pedro Pidal, los primeros conquistadores de la cima en el año 1904. Si, infieles, si, se pueden llegar a ver, pero para eso la naturaleza tiene que haberte aceptado como uno de sus amigos, de sus protectores, de sus guardianes…

Cuando los sueños se desvanecían,
cuando las esperanzas por mantener la esencia de las cosas
desembocaban en derrotas,
cuando la oscuridad se apoderaba de la luz…

Aparecían los guardianes de la naturaleza,
volvían los heroes de entre las sombras,
surgían los defensores de la historia más bella…

Aunque al igual que la niebla,
permanecían por tiempo limitado,
al igual que las olas,
albergaban un rápido desenlace,
pero a pesar de su fugacidad,
el sedimento de su presencia,
nos permitía conservar momentos de paz,
en zonas y lugares,
no aptos para la falsedad
ni para traiciones.

Después de pasar un buen rato en comunión con la cima, dejamos al Urriellu y comenzamos el descenso, deshacemos lo andado y una vez se divisa el valle de Bulnes me detengo a observar algunos de los colores del otoño, ¡quiero ver a la clorofila escapar de las hojas!, absorto en esta observación pasan unos diez minutos (y podían haber pasado muchos más), y de repente me doy cuenta que un grupo de nubes se aproximan como barcos vikingos en formación a través del valle, en el que echan su ancla. ¡Néfele está aquí! la diosa de las nubes acaba de llegar para enmarcar el plan perfecto.

Ataque vikingo sobre Bulnes
Ataque vikingo sobre Bulnes

Es imposible dejar de contemplar los movimientos de femme fatale de Néfele, además el mar de nubes que había creado pasó a formar parte de nuestra expedición hasta despedirnos cuando llegamos a nuestro destino. Una despedida sin tristezas, ya que Néfele, mal llamada “una diosa menor”, está siempre presente en los sensores de mi cámara y de mi cabeza.

Viajero sobre las nubes
Viajero sobre las nubes

La naturaleza va de la mano con la fauna, reconforta encontrarte con nuevos amigos por el camino, incluyo aquellos que quedaron inmortalizados en la piel de las montañas, como este ciervo… ¿lo véis?

Compañeros de viaje
Compañeros de viaje

Hace unas semanas, leyendo sobre el viaje en el Beagle de Charles Darwin, me resultó curioso conocer las dudas que el propio Darwin tenía sobre sus apuntes durante el viaje. El decía no saber si lo que estaba apuntando en su cuaderno era lo correcto o carecía de importancia. En excursiones por la naturaleza, solo necesitamos una sensibilidad especial para poder captar y apreciar las cosas (a Darwin, evidentemente, le sobraba). Si poseemos ese don, todo lo que recordemos será importante.

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