El Ángel brilla en El Mazucu

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El Santo Ángel de la Guarda brilló hoy en el cielo de El Mazucu. Más de una treintena de aldeanas, y un nutrido grupo de porruanos, dieron forma a una de las fiestas de más altura del concejo de Llanes. Una de las más especiales y la que abre el calendario folclórico, que ya no cesará hasta entrado el próximo invierno.

Como cada 1 de marzo, con un cielo azul como único techo, comenzaron los festejos en honor a este santo, que congrega a oriundos y forasteros desde tiempos inmemoriales, para disfrutar de una cita que responde a un propio ritual.

Desde el barrio de El Cantón, pasando por La Barriosa llegaron en procesión decenas de personas hasta la capilla, a los pies del Ángel. Las aldeanas, que tocaban la pandereta al son del tambor de Lena Valladares, seguían el rumbo de los dos ramos de pan y mimosas que «las mujeres» del pueblo armaron durante la tarde de ayer. Había dos ramos, uno pequeño, que llevaron a hombros Miguel González, Marcos Tamés, Alfonso Valladares y Diego Sánchez. Y otro grande, que portaron Rodrigo y Héctor Cuesta, Borja Millar y Adrián Meré. Ambos, ofrecidos por Luis Obeso.

Los gaiteros, los hermanos Monchu y Paco Cué, encabezaron con la música tradicional esta caminata, que conducía a los presentes hasta el templo donde se iniciaría, esta vez con el Santo, una nueva procesión que precedió a la Eucaristía que ofició el sacerdote Aurelio Burgos. Iván Suero, Luis Obeso, Andrés Obeso y Rubén Tamés, fueron los encargados de recorrer las calles de la aldea con la imagen a hombros.

Y en una de las zonas más altas del pueblo, frente al monumento al Emigrante, la comitiva realizó una parada para recordar a los ausentes de la localidad. Ese, siempre sucede, año tras año, es uno de los momentos con más emoción contenida de las fiestas del Ángel. Recuerdan a los que no están, aunque también, tienen presentes a los que llegan.

Porque este año en El Mazucu sucedió algo que no ocurría desde hace más de tres décadas. Hasta «30 años» hacía ya que dos niños no coincidían en la pila bautismal durante los festejos del pueblo. Los últimos habían sido Covadonga Villar y Samuel Galán. Los de hoy  fueron Arya Obeso Mier, de «casi nueve meses» y Miguel Fernández Ruiz, «de cinco meses».

Los padres de Arya, Luis Obeso y Claudia Mier, eligieron como padrinos a Andrés Obeso e Irene Mier, y decidieron esperar a que fuera durante las fiestas de El Ángel cuando la niña, «que ya casi camina», recibiera su primer sacramento.

Miguel Fernández y Juli Ruiz, bautizaron a su hijo, el pequeño Miguel en la capilla que tanto significado tiene para ellos, que aunque vivan en Villanueva de Colombres, las raíces ahondan en el pueblo llanisco. Miguel es ya ahijado de Soraya del Hoyo y de Luis Álvarez, y junto con Aria, ha sido el protagonista de un día que terminó con bailes, subasta de los roscos de pan bendito y mucha alegría

Los pequeños bautizados y sus familias, junto a la capilla

 

 

 

 

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