El palacete de Don Sinforiano

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Las primeras palabras de un artículo son muy difíciles de encontrar, así que hoy no me voy a romper la cabeza y empezaré con el socorrido y clásico: Érase una vez un singular y entusiasta llanisco, del que todos los que tenemos vinculación con la Villa hemos oído hablar, que se llamaba Sinforiano Dosal Sobrino. “Don Sinfo”- apelativo cariñoso por el que se le conocía- residía los veranos, la Navidad y la Semana Santa en su palacete denominado de la Concepción, pues allí existió una capilla bajo esa advocación; ubicado en “la milla de los indianos”, a la salida de Llanes hacia Santander. Este modernista y ecléctico pequeño palacio, en la actualidad en tal mal estado que se ha apuntalado para que evitar su desmoronamiento, fue levantado por nuestro protagonista en 1909, sobre una casa que había pertenecido a su madre, bajo la dirección y planos del famoso y prolífico arquitecto Juan Miguel de la Guardia. El Sr.Dosal, benefactor de la Villa, como sus tíos Nemesio y Faustino Sobrino, sencillo, espléndido, obsequioso y con su casa siempre abierta a todos, hacía el bien en cuanto apreciaba una necesidad, y se le consideraba una suerte de embajador de Llanes en Madrid, donde pasaba los inviernos.

También, “Don Sinfo”, era un gran aficionado a la música, que fomentó en la Villa favoreciendo a las bandas y orquestas, en las que solía tocar la viola, que después regalaría a la Academia municipal. Igualmente, le gustaba adquirir todas las novedades e inventos que salían a luz. La primera lancha a vapor ,“La Maximina”, nombre en recuerdo de su madre, elegante embarcación con toldillo de lona en la que se hacían excursiones, cuando la mar lo permitía, y que fue descrita en la novela “Agua turbia” de Antonio de Valbuena; el primer fonograma, la primera pianola, el primer automóvil, una especie de jardinera con entrada por detrás, fueron traídos por él a la Villa. Así, cada verano que regresaba de Madrid, se comentaba: ¿Con qué nos sorprenderá este año “Don Sinfo”?.

Además, era muy bromista, cuentan que cierta vez le encargaron un sacacorchos y envió un saco de corchos. En otra ocasión le solicitaron un taco (de calendario) y remitió un taco de billar, el cual anduvo años por el Casino.

Relata Vicente Pedregal Galguera, fuente principal de estas líneas, que cuando “Don Sinfo” fue a la exposición de París, vino cargado de regalos y objetos de arte, no solo para adornar su casa sino para sus amistades. Entre ellos unos artísticos relojes de pared con barómetro y termómetro.

Sinforiano Dosal Sobrino murió, sin descendencia, el 10 de febrero de 1921 en su querida casa de la Concepción.

Siempre que paso junto al palacete, tan distinguido en su ruina, me hago la reflexión de que a pesar de vivir en un tiempo en el que la idea de conservación forma parte del progreso, cada vez hay más edificios, como el de Don Sinforiano, abandonados a su suerte.

Y colorín colorado…

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

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