San Antolín de Bedón

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Hablar de San Antolín de Bedón es hablar de una de las playas más conocidas del Oriente asturiano. Se la ve desde el tren y desde la autopista. Es una playa muy abierta utilizada por los surferos cuando el mar se encabrita. Tiene unos 1.200 metros de longitud y en ella desemboca el río Bedón, con fama de río truchero.

Recorrerla de este a oeste en invierno es un placer: las rocas, el arco o la cantidad de cantos rodados que se acumulan en las orillas hacen que el paseo sea de lo más entretenido. Si hay marejada, el oleaje llega a ser impresionante

Hay un camino que sube por la zona oeste y que ofrece una perspectiva diferente de la playa, con el monte del argayu en frente.

Sólo se necesita tiempo libre y ojos bien abiertos.

Y hablar de San Antolín, es hablar también de una Iglesia que perteneció al convento de monjes benedictinos construida allá por el siglo XIII.

Una verdadera joya histórica y arquitectónica del románico, víctima de un sinsentido burocrático e institucional que la llevará a su desaparición. No voy a incidir en este problema; la prensa regional y local ya se hace eco de él. Pero los años pasan y seguimos en el mismo punto con la diferencia del deterioro que el tiempo le está causando.

Enlace a un trabajo de Covadonga Cañas.

 

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