El chiringuito del paseo de San Pedro

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Lejana ya la la temporada de verano e inmersos en el tiempo de reflexión y recuerdos, me agrada evocar anécdotas y detalles observados y vividos en la pasada estación. Me referiré aquí, en primer lugar, a los agradables, a los que muestran el lado bueno de las personas y mitigan la desagradable sensación que causan los malos. Como me gusta creer que hay más bueno que malo, aunque esto sea mentira, relataré los que me han parecido buenos, que son más, y dejaré el malo para el final.

Comenzaré recordando la alegría que sentí al comprobar cómo el pueblo de Lledías peleó para evitar la tala de un castaño centenario. Y lo consiguió. Fue este un hecho que me emocionó y sobre el que ya he escrito en alguna ocasión. No olvidemos que un país, una ciudad o un pueblo es lo que son sus habitantes. Los siguientes relatos tienen como protagonistas a animales y sus dueños. Siempre he pensado que quien respeta a los animales y a las plantas no puede ser una mala persona. Sobre el caso de la perrita extraviada en Nueva y hallada en Balmori se ha escrito suficiente en la prensa, por lo que poco más puedo añadir, salvo destacar el cariño que una persona llega a sentir por un animal. Puede parecer, para muchos, algo exagerado o desproporcionado. Yo no lo veo así y solo puedo sentir simpatía hacia quien que se comporta de ese modo. Este suceso me lleva a narrar otros similares y no menos significativos que, por un motivo u otro, me han llamado más la atención. Estaba yo este verano contemplando la playa del Sablón en compañía de mi mujer cuando una pareja joven pasó a nuestro lado. Llevaban un perro en un carrito sencillo, probablemente hecho por ellos mismos. El carro estaba compuesto por unas tablas colocadas sobre cuatro ruedas. En el interior del carro iba un perro. Mientras el chico iba a buscar unos helados, la chica permanecía al lado del animal. Mi mujer entabló enseguida conversación con ella y nos contó que era de Salamanca, y que tenía el perro desde hacía trece años, que era la edad del animal. Hacía un tiempo que el can estaba casi inútil e imposibilitado para caminar. Continuó diciéndonos que el animal seguiría a su lado mientras viviera y nunca le abandonaría. Sencillamente, decía, soy incapaz de hacerlo de otro modo.

Hace unos días me encontré en la calle con una señora conocida que paseaba a su perrita por las inmediaciones de la playa del Sablón. Se trataba de una señora entrada en años cuya única compañía es su perrita. Le pregunté por la edad de la mascota y me dijo que tenía catorce años. Mientras me hablaba le caían las lágrimas. Continuó diciéndome que no sabía si sería capaz de soportar la pérdida del animal.

Estas pequeñas cosas (o no tan pequeñas) muestran la parte buena y bondadosa de las personas, y son motivo de alegría y contento. Pero ay, ¡qué poco dura lo bueno!. Me entero de que a pocos metros del paseo de San Pedro, al lado de la escalerilla que conduce a la playa y pegado al acantilado se está instalando un chiringuito. Siempre había creído que el entorno del paseo de San Pedro era intocable. A ningún Gobierno llanisco, hasta ahora, se le había ocurrido instalar un chiringuito en ese entorno.

Nadie duda de la “legalidad” de este permiso; supongo que hay informes favorables y autorizaciones de acá y de allá, pero todos sabemos que la última palabra la tiene el Ayuntamiento. Si éste no lo admite, no hay chiringuito. Al parecer, nuestros dirigentes no han tenido en cuenta la estética, ni la preservación del paisaje natural en zonas urbanas, ni  han pensado en el impacto visual que puede producir un bodrio colgado encima de la playa y a escasos metros de distancia del Paseo. Y para colmo, mirando hacia arriba, desde la playa, nos tropezamos con un cartel que avisa de peligro por desprendimientos.  Son estas consideraciones las que cuentan si se pretende mantener lo bello de Llanes y beneficiar a los llaniscos. Hablar de “legalidad” en este caso no es sino un pretexto para ocultar algo que perjudica a toda una comunidad en beneficio de algún particular. Como dicen, la historia se repite y, por lo que veo, estamos en “más de lo mismo”. ¿O vamos hacia peor?

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