Castro de Las Gaviotas, el triunfo de un arco

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Era una tarde en la que en toda la Asturias central relucía el sol y las temperaturas eran casi veraniegas, pero en la costa entró una niebla del mar que cubrió prados y montes y nos dejó un paisaje de misterio. El mar gris-verdoso invitaba a imaginar a los pueblos celtas que en otro tiempo habitaron nuestras tierras. Y nos fuimos a buscar paisajes evocadores.

Por suerte es invierno todavía y en casi 3 horas de paseo no encontramos ni un alma, sólo algún rebaño de vacas entre las brumas que envuelven los prados.

En Villahormes cogemos el cruce que nos lleva a la playa de la Huelga.

El entorno de esta playa, con la desembocadura del río San Cecilio, los pinos, y una vegetación especial que le han hecho merecedora de ser considerada «Paisaje protegido de la Costa Oriental», es el comienzo de la pequeña senda que nos lleva a buscar el «castru de Las Gaviotas». Castru, islote, arco de triunfo de una naturaleza pétrea azotada por un mar Cantábrico que a través de los siglos la ha tallado convirtiéndole en una imagen de las más fotografiadas. Y eso es lo que hacemos, buscarle todas las caras, sus perfiles más atractivos. Desde la playa de la Canalina, estrecha hendidura en la que están anclados una serie de grúas con artilugios para sacar ocle, le vemos medio cubierto de bruma.

Y desde otro punto le vemos la espalda, un murallón inmenso con una pequeña ventana por la que se cuelan las olas. Nos imaginamos los días de fuerte marejada…

Y volvemos a la civilización pasando por la ermita de Santa Olaya, sola en mitad de los prados esperando que llegue el verano y con él la fiesta, les aldeanes, los ramos y la gente que viene a disfrutar de entornos privilegiados como éste que acabamos de recorrer.

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