Deber de memoria

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En Julio de 1937, camiones repletos de republicanos españoles estacionaron en la plaza de la Blanca de Nueva. El motivo era la defensa de las tierras asturianas y de la democracia española desde las montañas cercanas a los pueblos de El Mazucu y de Cabrales.

Las tropas de Hitler y de Musolini principalmente se dirigían hacia Asturias. Después de lo ocurrido en Durango, Guernica, Bilbao, Santoña y Santander, la gente asturiana, asustada, llegaba por todos los medios al puerto del Musel de Gijón para embarcarse y huir de la muerte.

El 6 de agosto de 1937, más de 30.000 militares se enfrentaron con 5.000 republicanos españoles en las montañas del Cuera, Peña Blanca, Pico Turbina y Pico Benzúa.

La aviación alemana de la Lufwaffe, sola en el cielo asturiano, descargaba sus bombas de más de 500 kilos sobre los republicanos españoles, -fueron ensayos vergonzosos para lo que después sería la II Guerra Mundial- y seguían las bombas incendiarias. La artillería alemana de la Legión Cóndor demostró su eficacia. Y sus bombardeos en alfombra destrozaron la rasa de Nueva.

El crucero Almirante Cervera, desde la costa llanisca, contribuía al aniquilamiento de los republicanos españoles y el cuerpo a cuerpo fue también frecuente en encarnizadas luchas.

Los republicanos, únicos defensores de la democracia española, morían pero no reculaban. Ni un paso a tras, defendiendo heroicamente su patria.

El día 14 de septiembre de 1937, el comandante republicano Manolo García Villazón, mi tío, perdía la vida en combate.

El comandante Higinio Carrocera seguía heroicamente dirigiendo a los republicanos que quedaban con vida. El día 21 de septiembre de 1937 la sangrienta batalla del Oriente terminaba.

En 1939 recorrí los lugares de la contienda meditando: las matas de hierba muy verdes, se contaban por miles, habían sido fertilizadas con las grandes cantidades de sangre vertidas por los republicanos que quedaron caídos en el combate. La emoción me invadió y regresé a Nueva corriendo y llorando.

En ese momento yo tenía 9 años de edad, y me extrañaba no ver cruces.

Hablar, comunicar, sirve de alivio a los niños traumatizados por tantos horrores presenciados, y durante tantos años consecutivos.

Espero que nunca más ni militares, ni políticos, ni civiles desobedezcan a las instituciones legales españolas.

José Luís García. Tarbes (Francia). Marzo de 2017.

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