Contra el olvido: Tejeros y mineros

0
1059

Detallar lo vivido por los asturianos en el período de la contienda civil española entre 1936 y el 1939 y de la postguerra sería muy largo de enumerar. Ahora, no decir nada, sería contraproducente y desaparecería nuestra historia por completo. Por tanto los que vivimos en carne propia todas estas secuencias tenemos la obligación moral de contarlo y luchar contra el olvido siempre.

En las cuencas mineras del Caudal, en Mieres y Turón, mineros y tejeros, como hermanos, hemos compartido las consecuencias del mayor desastre jamás conocido en España ocasionado por el fascismo y el nazismo.

En la tejera de Mieres, Bruno Sánchez Cueto de Piñeres , metía tornillos roñosos en el «pucheru» para facilitar la cocción de los garbanzos de estraperlo: a pesar de todas las precauciones, los tejeros comíamos los garbanzos medio crudos. Era nuestro plato único y sin pan. El trabajo que desarrollabamos era durísimo, de luz a luz , era sorprendente: sin la salud y la robustez heredada de nuestros padres habría sido imposible aguantar .

En la tejera de Turón de Don José Ortiz, los alimentos no variaban mucho de las otras tejeras pero estaban mejor cocinados. No era a causa de mala voluntad por parte de los dueños pero si de la escasez de los productos con los que especulaban el mercado del estraperlo. Tanto fue así que en 1948, en Oviedo, he oído decir a un guardia civil como se enriqueció en el mercado negro de alimentos y así lo contaba sin ningún rubor: «Yo, sentado al lado de mi chófer con mi tricornio bien visible, transportaba en mi camión todos los alimentos que deseaba. En ese momento yo tenía en la calle Foncalada un gran edificio en construcción y en la pila de los sacos de cemento, algunos, estaban repletos de billetes: era mi banco secreto”. Durante los años que siguieron este señor se convirtió propietario de cincuenta pisos de gran lujo.

Don José Ortiz era buena persona y estaba muy bien considerado como ingeniero de minas, la tejera de su propiedad estaba situada en una pendiente en frente del «Pozu» de la Rabaldana de hulleras de Turon. Esta empresa disponía de una torre y de un enorme ascensor que bajaba principalmente mineros y mulos hasta las entrañas de la tierra y subía los vagones del carbón sin interrupción, día y noche. Este mineral era muy apreciado en aquella época para que las locomotivas a vapor funcionaran, para la fabricación del hierro colado, para la obtención de la cal viva precisa para cocer los ladrillos y las tejas y para otros tantos y conocidos usos .

En Turón, los mineros y los tejeros, después de una semana de intenso trabajo y de muchas privaciones, nos reuníamos el domingo en la tarde, en los pequeños chigres de la época y tomábamos un café o un vaso de vino con gaseosa. La cosa no daba para más, el dinero tampoco abundaba…Durante unos instantes, olvidabamos nuestro oscuro horizonte hasta que llegaba la guardia mora en grupo; penetraban en los establecimientos distribuyendo culatazos sin reparo a la gente, gritando: «No saben que están prohibidas las reuniones?…»

Los tejeros, regresábamos a la tejera para curar nuestras heridas con agua salada y aplastar nuestros chinchones con una perrona. Los doctores y las medicinas no estaban al alcance de los pobres.

Recientemente, he recibido un libro en Francia enviado por mi amigo Fdo. Ismael González Arias, director de la Casa de Cultura de Mieres del Camin.

En esta obra titulada «EL MIERES DE ALONSO» figuran 180 fotografías de la ciudad de Mieres y de Turón. En una de ellas vemos a los mineros en grupo y a la cola esperando el «bollu preñau» y la botella de vino como regalo por las fiestas de Santa Bárbara en Hulleras de Turón. El aspecto físico de los mineros es muy revelador, mal vestidos, delgados y con cara de angustia, aunque se trataba ya del año 1951. En otra fotografía, los mineros participan en un concurso de entibadores en plena acción, eso sí, ágiles y con mucha precisión en los gestos.

Terminaré diciendo que los mineros también han sabido apreciar los méritos de los tejeros y que quedó demostrado que las guerras y el individualismo son medicinas tóxicas para la humanidad.

José Luis García Sánchez

Dejar respuesta