Bojes

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Siempre he creído que, cuando se dispone de tiempo, hay que salir de la carretera, variar de camino. Así que, una mañana festiva de abril, nos aventuramos en el Valle Oscuro a tomar un desvió que señalaba Bojes.

Mientras nos dirigíamos a ese barrio, al oeste de Ribadedeva, perteneciente a la parroquia de Noriega, en el que nunca habíamos estado, pensaba que quizá se llamaba de esa manera porque abundaba el boj, ese arbusto con el que se forman fácilmente setos al no perder el follaje en invierno, y que se utiliza, por la dureza de su madera, para hacer, entre otras cosas, las bolas de los sorteos de la lotería.

No me dio tiempo a seguir dándole vueltas al origen y significado del nombre, pues según nos íbamos acercando a Bojes todo se volvió especial, unas margaritas abriéndose al sol, una mariposa arlequín de vuelo impredecible, la portilla de madera de una finca, un cuervo graznando enfadado, una yegua muy blanca, unos xatines recién nacidos, el verde claro y nuevo de la hierba en contraste con el verde brillante de los bosques; y las palmeras y la Torre de Noriega y la iglesia y los caseríos de Boquerizo, que como para mí ya eran especiales, se tornaron, desde allí, mágicos.

Además, por si fuera poco, la luz, que se afanaba en llegar a cada rincón del Valle Oscuro, iluminaba, más allá del río Cabra, los pueblos llaniscos de la Borbolla, Tregrandas y Santa Eulalia.

Una vez en Bojes, recogido en un alto y con apenas una docena de casas, me dio la sensación de estar dentro de una pintura en la que mezclaron los colores más vistosos y encuadraron entre el valle y el mar. Y en esa suerte de colorido cuadro conocimos a la entrañable Amparín, de 80 primaveras, que vive en una vivienda azul celeste, y a la que se le sale el corazón por fuera cuando cuenta que su marido construyó, en el año 2003, una capillina para albergar una imagen de la Virgen de Covadonga, nuestra Santina, que hasta entonces se la trasladaba de casa en casa; y en cuyo honor los vecinos celebran la última fiesta estival de Ribadedeva, en la que no falta misa campestre, gaitas, romería, verbena y la ancestral hoguera que, como en el concejo de Llanes, se planta, no se quema.

De vuelta, cuando paramos a hacer una fotografía más, pudimos escuchar estridular al primer grillo de la temporada.

Al llegar a casa, en un intento de seguir en el Valle Oscuro, me puse a leer sobre Bojes, y encontré que allí hallaron, a principios del siglo pasado, un enterramiento de la época asturiense, y pensé que no era de extrañar que ya aquellos primeros hombres eligieran esos parajes para vivir y morir.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

2 Comentarios

  1. Preciosa crónica de la zona del Valle Oscuru, especialmente del pueblo de Bojes. Gracias por el cariño con que se ha trascrito el relato de esa vecina, Amparín, la mujer más longeva y generosa de todo el pueblo.
    La fiesta de la Santina que, como bien dice el artículo, se celebra el último fin de semana de septiembre es recomendable por lo familiar y entrañable que resulta

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