Nuestros tamariscos

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Paseo San Pedro (1850)

-R: Vaya horas de llegar, compañerin.

-F: ¡Buenos días! Disculpa chico, pero es que he ido a dar una vuelta por ahí, antes de venir.

-C: ¡Que milagru en ti!… ¿Por dónde anduviste?

-F: Pues mira, fui hasta San Pedro, y te digo que hablando con total conocimiento de causa (o por lo menos eso creo), y sin amor de madre, no hay en todo este mundo mundial, un paseo, y que al mismo tiempo sea un mirador sobre el Cantábrico, y por extensión sobre todo el Atlántico y Océanos limítrofes, tan bonito y espectacular como nuestro Paseo de San Pedro.

-R: ¡Mira eso sí!… y aunque no quiero que te sirva de precedente, voy a tener que darte la razón,

-F. Pues dicho lo dicho, y quedándome “más ancho que largo”, vamos a intentar desmontar un error que está en el ánimo de casi todos los llaniscos y por supuesto, en el de todos los “foriatos” (extranjeros) que nos visitan, y es el pensar que en nuestro incomparable paseo tenemos los tamarindos más bonitos de todo el Oriente de Asturias y resto del Orbe.

-T: ¡Ya empezamos!. A ver que le pasa a nuestros tamarindos.

-F: ¡Pues craso error amigu! En el Paseo de San Pedro no tenemos ni un solo tamarindo, pero eso sí, tenemos unos “tamariscos” preciosos.

Tamarisco

-R: Buenu… ¿Y eso que más te da?

-F:¡ Pues no concho!. Es como si pides una ensalada de lechuga y te la dan de borrajas.

-C: La borraja es muy rica.

-F: Si, pero no es lechuga.

-C: Ya nos estamos dispersando, como siempre, así que dinos lo que tengas que contar, pero sin demasiados tecnicismos que luego no nos enteramos de nada

-F: Pues veréis, el tamarindo (Tamarindus indica), es un árbol tropical y la única especie del género Tamarindus, perteneciente a las Fabaceae (Leguminosae), subfamilia Caesalpinioideae, da unos frutos comestibles muy apreciados en diversos países.

Tamarindo

-C: Paisano, te dije sin tecnicismos. Mira que tienes ganas de “diles”

-F: ¡Vale, vale!, pero es que me acabo de enterar y me ha hecho gracia.

-F: Bueno, sigo. Es un árbol, el tamarindo, de hojas perennes y siempre verdes pertenece a la familia de las leguminosas, como los garbanzos o las lentejas. Crece en zonas tropicales y es originario de África, aunque actualmente se cultivo se ha extendido a Asia, hacia donde lo llevaron los mercaderes árabes. Posteriormente lo trajeron a España, en la Alta Edad Media, durante la Invasión árabe y Reconquista. Puede alcanzar una altura de 20 metros, es muy frondoso, y con flores que crecen en racimos, produce unos frutos que reciben el mismo nombre, tamarindo (el nombre tamarindo proviene del árabe y significa “dátil de la India”), utilizándose para el consumo humano, tanto la pulpa de sus frutos, como sus hojas

Frutos del tamarindo
Vainas del tamarindo

.-T: Pues si que viajó el arbolín.

-F: Pues todavía hay más, porque por medio de los conquistadores españoles y portugueses en el siglo XVI, llegó a Mesoamérica y Centroamérica, siendo hoy día México y toda Centroamérica, los mayores productores consumidores de sus frutos.

-P: ¿Y para que se emplea? []

-F: La pulpa, hojas y la corteza tienen aplicaciones medicinales. Por ejemplo, en Filipinas, las hojas son tradicionalmente usadas como té para reducir la fiebre causada por malaria. Debido a sus propiedades medicinales es utilizado como medicamento ayurvédico (de la palabra sánscrita ayurveda, nombre de la medicina tradicional de la India), para algunos problemas de digestión o estomacales. También es un laxante eficaz, por lo cual puede ayudar en casos de estreñimiento pertinaz, y un somnífero natural, aunque muy suave.

En México y Centroamérica se hacen concentrados de pulpa de tamarindo para la fabricación de refrescos y bebidas o también se vende como un dulce (os acordáis de la canción), y en lo particular México y su cultura de salsas picantes, en la elaboración de salsas tamarindo, o mezclando su pulpa con azúcar o sal y chile, como lo hacen en algunos países de Centroamérica.

Frutos del tamarisco
Fruto del tamarisco

-P: Pues si que llega a dar de sí la vaina esa.

-F: Dar de sí, si da, ya que parece una botica ambulante, pues según parece sirve para proteger el hígado, para combatir la resaca, contra el dolor de cabeza, reduce el colesterol alto, previene la infección de las vías urinarias, tiene un suave efecto laxante, alivia la tos, y está aconsejado para personas que quieren perder peso y están haciendo dieta para adelgazar, es diurético, sus hojas aplicadas localmente mejoran las afecciones de la piel, ayuda a prevenir y mejorar las hemorroides, y muchas cosas más, que ahora no me acuerdo.

-C: No sigas, por lo visto es la Panacea, aquel mítico medicamento que curaba todas las enfermedades o, incluso, prolongaba indefinidamente la vida. Fue buscada por los alquimistas durante siglos, especialmente en la Edad Media. La palabra panacea proviene de la voz griega panakos y significa “remedio para todo” (pan: todo y akos: remedio).

-P: Pues mira por donde, si hubieran conocido el tamarindo, se les habían acabado todos los problemas, o por lo menos así lo parece… ¿Oíste?

-T: ¿Y cómo se toma esa maravilla de la Naturaleza?

-F: El tamarindo se puede preparar en infusión, con lo cual y para ello, solo hay que poner un vaso de agua a calentar en un cazo, y cuando rompa a hervir, añades una cucharada de pulpa de tamarindo, remueves bien y a los cinco minutos apagas el fuego; tapas, dejas reposar durante unos minutos, y a ponerte como un toro.

-C: ¿Y de eso no tenemos en el Paseo? Pues sí que estamos arreglados

-R: Nuestro gozo en un pozo… ¿Y qué hay del tamarisco?

-F: El tamarisco puede ser un árbol o un arbusto. Aunque su tronco es nudoso, las ramas suelen ser como varillas, lo que le da una apariencia plumosa. Las hojas son perennes, pequeñas, parecidas a escamas y muy pegadas a las ramas, de modo que pierden muy poca humedad por la transpiración, lo que permite a estos árboles vivir en regiones desérticas y hasta sobre dunas de arena. En la primavera, el árbol produce inflorescencias racimosas en espiga de pequeñas flores rosadas o blancas, que dan un color alegre a regiones que de otra manera serían áridas. El tamarisco gusta de un medio salino, por lo que a menudo crece muy cerca del Océano y en marismas saladas, y aunque el tamarisco no suele ser muy alto, ya que no crece más de 9 m (razón para que algunos la incluyan entre los arbustos), aunque cierta clase de ellos puede llegar a alcanzar los 18 m. de altura (Tamarix aphylla).

Tamarisco en el roquedal de La Moria, sobre la playa del Sablón. Foto de Valentin Orejas (2017)

-T: Eso es verdad, que los he visto yo.

-R: ¿El grande?

-T: No home no, el chicu.

-F: Hay otro tipo muy curioso de tamarisco (Tamarix mannifera), que cuando recibe la picadura de ciertos insectos como algunas cochinillas o escarabajos, exuda gotas de una sabia semejante a la miel, que en algunos lugares se recogen y venden a los peregrinos como “maná”. No obstante, no tiene ninguna relación con el maná con el que se proveyó a Israel en el desierto, pues según la tradición bíblica aquel “maná verdadero” se suministró milagrosamente y se recogía del suelo.

Tamarisco en La Moria, detrás de Los Piratas del Sablón Foto de Valentin Orejas (2017)

-R: De este, del maná… ¿Tampoco tenemos en el Paseo?

-T: ¡Pues no!,

-R: Vaya hombre, es que no damos ni una.

-F. Pues ahora voy a decir una cosa, que nadie se debería perder, porque es el mayor ejemplo de adaptación, fortaleza y agarre a la vida que conozco.

-C: Tú dirás.

-F: Si vais a la terraza que sobre la playa del Sablón tiene Silverio en su restaurante “Los piratas del Sablón”, a la derecha, y encima de una pura roca, veréis un pequeño, pero duro tamarisco, que parece mentira, primero como pudo ir a nacer allí, y segundo como ha podido ir prosperando, porque chico, la Mar, cuando pega en esa zona… ¡Pega con ganas!

Es todo un espectáculo de la Naturaleza, por eso y desde aquí, me gustaría hacer una llamada a todos los llaniscos en general, y Silverio, que se puede encontrar con un reclamo turístico, y no tan turístico, y a los responsables de Medio Ambiente en particular, para que hagan todos los esfuerzos necesarios para proteger dicho arbolín, ya que creo sinceramente, que no se le debe dejar morir, después de todos los esfuerzos que ha hecho para agarrarse a la vida. Dentro de unos años, será un verdadero centro de atracción.

He visto higueras viviendo colgadas en los sitios más inverosímiles, pero este tamarisco del que he intentado ver las raíces, solo me he encontrado con un tronco que se introduce en una grieta de la roca, y hasta ahí. No pude ver más, y por eso conservo como recordatorio, unas preciosas y muy interesantes fotografías que le hizo Valentín Orejas, como todas las suyas, y de las cuales me dio una copia. Ir a verlo, merece la pena.

-P: ¡Pues vale! Pasamos a verlo camino de la Barra.

-T: Andando, que tengo muchísima curiosidad.

-F: ¿Qué os parece, si mejor pasamos a la vuelta y así aprovechamos para tomar “las once” en “Los piratas?.

-R: Mira el criu…muy de tarde en tarde… ¡Pero piensa!

-F: No es merito mío, es merito vuestro, ya que cuando Dios empezó a repartir el gusto por la comida y la bebida… ¡Os pusisteis los primeros, listos!

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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