La Playa de Gulpiyuri y su éxito en Internet

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Hace unos días se publicó en este medio digital una noticia titulada «Gulpiyuri, entre las piscinas naturales más increíbles según un portal de Internet». Y ese artículo en cuestión, sumado a lo que conozco del mundo de Internet gracias a mi profesión, me hizo reflexionar sobre el asunto.

A finales de los años noventa, con mis «veintipocos» años, era asiduo visitante a la Playa de Gulpiyuri… la casa de mi abuela se encuentra a unos escasos dos kilómetros en línea recta de la playa en cuestión. Recuerdo perfectamente como a finales del mes de junio me podía bañar sin problema alguno en compañía de no más de una decena de personas. Lógicamente la playa es pequeña, y en los meses de julio y agosto se llenaba más rápido y había más gente, pero siempre había un hueco para estar allí en el agua y en la arena en medio de un «prao».

Recientemente, en la pasada Semana Santa pasada, estuve en la playa –posiblemente llevaba tres o cuatro años sin pisarla–, y aquello me pareció un auténtico caos totalmente desconocido si atiendo a mis recuerdos del pasado… un aparcamiento nuevo bastante grande que no conocía y que estaba completamente lleno, un caos circulatorio merecedor de la instalación de una estructura semafórica… una marabunta de gente bajando en fila india hacia la playa… no son los mismos recuerdos que tengo de los últimos años del siglo pasado.

¿Qué ha pasado desde finales de los noventa hasta esta fecha? Pues que existe Internet, y la red pasó a ser un elemento de la vida cotidiana cuando todos comenzamos a llevar Internet encima «everywhere» gracias al «smartphone». Con Internet nació el turismo «online», y con ello, el efecto llamada a los espacios naturales, solo conocidos y accesibles en el pasado dentro de un radio de acción mucho más reducido.

Antes, pocos turistas conocían la existencia de la Playa de Gulpiyuri, y los que conocían su existencia, tenían dificultades para encontrar el famoso lugar; pero después de Internet llegó Google Maps, y con ello el guía perfecto para llevar a cualquiera a cualquier parte del mundo. Ahora ya nadie se pierde buscando Gulpiyuri…

Nadie se pierde… y tampoco es necesario preguntar por Gulpiyuri porque «San Google» y sus mapas con capa de fotografía satélite logran que veas perfectamente donde está el monumento natural, y donde tienes que llegar encaminando la bola azul hacia el «tick» rojo tan característico de Google Maps, para terminar por encontrar el ansiado trofeo de pisar la playa más pequeña del mundo. El resto es el trabajo que hacen las páginas web de contenido viral que terminan dando vueltas en la espiral de las redes sociales, para terminar por difundir, sin descanso, los mejores espacios naturales del mundo.

La finalidad de este artículo no es opinar si es buena o mala la publicidad que la inagotable conectividad de Internet aporta a espacios naturales de gran belleza como Gulpiyuri; la finalidad de este texto no es otra que cada lector reflexione sobre este asunto y llegue a su propia conclusión.

Manuel Llaca

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