Llanestopía (capítulo V)

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Nota:
Lo que sigue es una historia de ficción. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

La secretaria del Gaviotu (entiéndase bien: del Muy Honorable en Grado I) tuvo suerte y localizó aún en el zulo que se había improvisado en el servicio de Honorables a la Primera ViceAlcaldesa, poniéndola al tanto del pitote que estaba a punto de organizarse si no se presentaba inmediatamente en la Alcaldía.

Tras meditarlo unos segundos y decirse a sí misma en voz baja “en fin, que le vamos a hacer” esta subió las escaleras hasta la planta noble y abrió la puerta del Despacho del Gaviotu en el momento en que este procedía a hinchar a pleno pulmón a uno de los Municipales Suplentes que se guardaban bajo llave en el armario de Alcaldía.

“Buenos días” se presentó. “Antes que nada me gustaría decirte Alcalde que aún reconociendo las diferencias que se han evidenciado entre nosotros en los últimos días no deberías dejarte llevar por un pronto y tomar decisiones políticas que dejarían a este Gobierno Municipal en una situación de peligrosa inestabilidad”.

“Cada día te explicas peor ViceAlcaldesa”, contestó el Muy Honorable tras dejar de hinchar al Municipal Suplente. “¿Se puede saber que tiene de situación de peligrosa inestabilidad que me vaya a ir mañana de vacaciones por 10 días y te vaya a dejar a ti de Alcaldesa en funciones?”

“Ah, ¿para eso me buscabas? Yo creía que era para destitu…”

“¡¡¿Cómoooo? ¿Para eso iba a convocar una Comisión de Investigación, para anunciar que se va de vacaciones?!!” El portavoz de la Oposición Única estaba al borde del ictus.

“¡¡No, no, no. Ustedes todo lo tergiversan. La Comisión no era para anunciar mis vacaciones, ¿a quién se le ocurriría tal estupidez? La Comisión la iba a formar para buscar a la ViceAlcaldesa y comunicarla que me voy de vacaciones, que son dos cosas muy distintas!!“

Ante el nuevo silencio general, sepulcral y asombrado… y ante el Municipal Suplente a medio hinchar, el Alcalde continuó hablando

“Bueno, el caso es que ya estás aquí así que estos ya no hacen falta para nada“, dijo mientras dejaba caer al suelo al Municipal Suplente. “Hala, desinflarlo y meter esto otra vez al armario que yo me largo. ¡Venga, hasta más ver!“

Dicho esto el Muy Honorable sacó una maleta de debajo de su mesa, bajó las escaleras de dos en dos y salió por la puerta del Ayuntamiento más feliz que una perdiz.

“Vivir para ver“, decía saliendo del Despacho del Gaviotu mientras meneaba la cabeza a derecha e izquierda el portavoz de la Oposición Única.

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