Días de bosque

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Me gustan los días poco soleados, incluso nublados. Tengo la impresión de que la agradable temperatura, el cielo cubierto  y el viento en calma contribuyen a crear un ambiente más tranquilo y menos ajetreado entre la gente. El sosiego invita a la reflexión, transmite una agradable sensación e influye y modifica nuestro comportamiento. Es en estos días cuando aprovecho para alejarme del tumulto y visitar los bosques que nos rodean. Esta posibilidad de trasladarse fácilmente de la costa al interior es lo atractivo y hermoso del municipio llanisco: en unos minutos a pie, o en coche si deseamos ir a un lugar concreto de la zona, podemos disfrutar del contacto directo con la naturaleza, alejados de ruidos y gentío. Alejarse de la costa unos cientos de metros en dirección a la montaña bastan para experimentar el saludable efecto que proporciona el contacto con la naturaleza. Caminar por senderos poco frecuentados rodeado de árboles y plantas y escuchar la melodía de la naturaleza es. además de un placer, un privilegio. El canto de los pájaros, el olor a tierra y el verde del paisaje hacen que uno se olvide de problemas cotidianos y pensamientos incómodos. Es como estar en un mundo de paz y relajamiento. Y si a esto añadimos la satisfacción que supone contemplar en su hábitat a los habitantes de estos lugares, podemos hablar de un paseo emocionante e inolvidable. Cuando digo habitantes me refiero a los seres vivos que viven salvaje y libremente en la espesura del bosque.

Me comentaba un conocido, aficionado a paseos y a la fotografía, que no veía  animales en sus caminatas. Son muchos los paseantes que miran al frente cuando caminan y no observan con detenimiento la vida que hay a su alrededor. Es considerable el número de criaturas que viven en nuestros bosques. Lo hacen en secreto, por lo que su existencia apenas es sospechada por la mayoría de la gente. Ellos sí nos detectan y siguen nuestros movimientos. Son esos bosques que llamamos “abandonados” los que mejor cobijo ofrecen a estos animales. Nada peor para la conservación de la fauna silvestre que las labores de desbroce o limpieza de bosques en las que se destruyen árboles y arbustos imprescindibles para la vida de los animales. Por suerte para ellos, aún quedan algunas zonas “abandonadas”. Y es ese “abandono” lo que embellece la naturaleza; ella sola se encarga de actuar. Siempre es preferible a la intervención de la mano del hombre.

Le comentaba yo a mi amigo que para ver a estos habitantes del bosque solo es necesario permanecer quieto en el lugar apropiado. De este modo, no tardaremos en ver a algunos desfilar a poca distancia de nosotros. Es cierto que puede darse algún caso inesperado, como el de la familia de “azulones” de la foto, que decidió darse un paseo vespertino a lo largo de una senda. Su presencia ha sido algo sorprendente: una escena hermosa que probablemente no se repetirá. Pero que tampoco se olvida. Respecto  a otras especies de animales, es conveniente conocer sus costumbres para localizarlos con facilidad. Sin embargo, como están ahí y merodean incluso cerca de nuestras casas, no tengo duda de que cualquier día mi amigo me dirá entusiasmado que ha visto un jabalí o un corzo. Un poco más difícil es conseguir fotografiarlos. Aunque eso poco importa: tan bellas son estas escenas que quedarán para siempre grabadas en nuestra mente.

                                            José Manuel Carrera Elvira

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