La triada imprescindible. Segunda Parte

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Buque corsario 'Cinque Ports'

La historia de Alexander Selkirk. Robinson Crusoe.

-F: ¡Buenos días!… ¿Qué pasó?

-C: Pues nada nuevo, por ahora… ¿Tu que cuentas?

-F: Pues en un principio nada, pero venia pensando en el segundo de los libros de los que estuvimos hablando el otro día, pues aparte de ser ameno e interesante, su fundamento es que están basados en hechos reales, y que gracias a escritores de gran prestigio, conocedores de la verdad de esas historias, las plasmaron novelándolas en libros, que en algunos casos las sitúan como las verdaderas y mas importantes novelas de aventuras, por detrás claro está y no faltaría más, de la mayor de todos los tiempos “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”

-C: ¿A cuál de ellos te refieres, porque hablamos de tres? “La Triada” le llamaste.

-F: Pues sí, porque son tres los libros, y en esta ocasión os voy a relatar, si os parece bien, la historia de un marinero escocés, Alexander Selkirk, que fue rescatado en 1709, tras pasar cuatro años en una isla desierta, en el “Archipiélago Juan Fernández”, a unas 670 millas náuticas, frente a las costas de Chile, archipiélago que en ese tiempo, las islas que lo componían se denominaban, “Más a Tierra”, “Más Afuera”, el islote de “Santa Clara” y otros islotes menores. El archipiélago forma parte del territorio de Chile, y administrativamente pertenece a la provincia y Región de Valparaíso.

Isla de ‘Mas a Tierra’ o de ‘Robinson Crusoe’

-T: O sea, que en novelas de aventuras marítimas, esas son las más importantes.

-F: No me atrevería yo a decir tanto, pero sí creo que deberían estar en todas las bibliotecas de los amantes de las Mar, tanto chicos como grandes, pues como yo os dije anteriormente, y que me disculpen Jack London, Patrich O’Brian, y algunos otros más, hay quien afirma que “Moby Dick”, es la mejor y más popular entre las novelas de aventuras de la literatura norteamericana.

-R: Todo eso está muy bien, pero… ¿Por qué no empiezas a contarnos, ya de una vez, la historia de ese paisano?

-F: Pues bien, nace este personaje, Alexandre Selcraig (ya que ese era su verdadero apellido), allá por el año 1676, en una pequeña aldea del condado de Fife, concretamente en Lower Largo, en Escocia, dentro del seno de una humilde familia presbiteriana. Era el séptimo hijo de un zapatero y curtidor, y en su educación, fue imbuido de un gran espíritu religioso, aunque en contraposición con sus creencias, era por otra parte gran amigo de juergas, correrías y pendencias,

Alexander Selkirk Mc’Near

-P: Vaya, lo que se viene a decir… ¡Un buen “puntu”!

-F: Su carácter pendenciero, problemático y aventurero, mas la férrea disciplina a la que lo tenía sometido su familia, llevó al joven Selcraig, a finales del siglo XVI y tras tener problemas con la Ley (una de las acusaciones fue por conducta inapropiada en la iglesia), a abandonar la casa de sus mayores, y embarcarse pronto en pos de aventuras y fortuna, pero fue precisamente este carácter, el que finalmente, y dominando su vida, le llevaría hasta una isla del Archipiélago de Juan Fernández, donde comenzó la que sería su máxima y trágica aventura.

-C: Disculpa mi curiosidad… ¿Pero ese Juan Fernández?

-F: Pues Juan Fernández (1528-1599) fue un marino español al servicio de la Corona, descubridor, capitán y piloto mayor. Bordeó las costas occidentales de América del Sur, descubriendo las islas de San Félix y San Ambrosio y el archipiélago Juan Fernández, este último el 22 de noviembre de 1574, y cuya propiedad le fue concedida por la Corona Española.

Navegando más alejado de la costa, se internó mar adentro para buscar una ruta de navegación más rápida entre Perú y Penco, a unos 500 kilómetros al sur de Santiago hasta que encontró una nueva ruta marítima que evitaba la corriente de Humboldt (1583), con lo cual se acortaban los tiempos de viaje de la ruta norte-sur entre Callao (Perú) y Valparaíso (Chile), siendo el tiempo total del trayecto 30 días en vez de seis meses. Según documentación fehaciente, también fue el descubridor de Nueva Zelanda, y además, distintos estudiosos europeos sobre este tema, creen que incluso visitó Australia.

Los navios ‘Duke’ y ‘Duchess’

-C: Pues ya viajó, ya.

-P: ¿Y cómo se llegó a encontrar metido en todo ese negocio?

-F: No creas que se ponen de acuerdo los historiadores de cómo fue la cosa, máxime, cuando el mismo Selkirk no cuenta casi nada de esta parte de su historia, ya que posiblemente no le interesara airear ciertos trapos sucios, En fin, la cosa está en que mientras unos dicen que ocurrió durante una aguada (abastecerse de agua dulce), que estaban efectuando para su barco, fueron atacados por un buque corsario, por lo que tuvieron que huir precipitadamente, dejando abandonados en la isla a cinco marineros. Más tarde, y partiendo desde el puerto de El Callao, volvieron a por ellos, pero debido a la férrea disciplina que en aquella época se imponía, en los buques, tanto mercantes como en los de la Armada, nuestro protagonista desertó de sus obligaciones, y se escondió en la isla, hasta que el navío zarpó dejándole en tierra.

-T: No es tan raro podría ser cierta esta historia.

-F: Podría ser, pero también es factible la opinión de otros historiadores, que relatan este pasaje de la vida de Alexandre, basándose en su carácter bravucón y pendenciero, y sobre todo en el informe del Diario de a Bordo del capitán Woodes Rogers (1679-1732), un corsario inglés, durante la Guerra de Sucesión Española, que procedente de Bristol, arribó a ese archipiélago al mando de una expedición compuesta por los buques “Duke” y “Duchess”

Serkirk, sentado en el bote, es llevado a bordo del ‘Duke’

En dicho Diario, y con la fecha correspondiente al día 31 de enero de 1709, el capitán escribe… “esta mañana a las 07:00 h. hemos llegado a la isla de “Juan Fernández”. Nuestra pinaza, a su regreso, trae junto al agua y una gran cantidad de langostas, a un hombre vestido con pieles de cabra, que tiene más aspecto selvático que sus primitivas propietarias”.

Este hombre vestido con pieles de cabra, no era otro que el mismísimo Alexandre Selkirk, que por aquel entonces, Alexander ya había perdido el habla y se negaba a volver a la civilización. A duras penas lograron convencerle y cuando pudo volver a hablar, les contó una larga historia de soledad y tristeza, pero en declaraciones posteriores, amplia sus relatos, y nos confiesa que tras pasar unos años navegando con distintos barcos como corsario, en 1704 embarca en el también navío corsario “Cinque Ports”, de 96 toneladas y 16 cañones, como contramaestre, practicando la piratería legal consistente en acosar a navíos españoles en la zona del Sur de América.

Pronto se enfrentó y peleó con todos sus superiores por las injusticias manifiestas que se cometían a bordo, por lo que el capitán Stradling, que ostentaba el mando del “Cinque Ports”, y que al parecer estaba un poco loco, determinó abandonarlo a su suerte en la isla (este barco se hundió poco después frente a las costas de Perú, muriendo casi todos sus tripulantes), con tan solo su biblia, un fusil, una libra de pólvora y algunas municiones, un poco de tabaco, el cofre de la ropa, un hacha y algunos utensilios mas, quedando abandonado desde el verano de 1704, hasta que fue rescatado por el capitán Rogers en 1709, cinco años más tarde.

Capitán Woodes Rogers

–P: ¿O sea que había sido pirata?

-F: No exactamente, había sido corsario, que no es lo mismo, ya que un pirata es un vulgar ladrón de los mares, que ataca a cualquier buque por el solo hecho de conseguir un botín, mientras que un corsario, es una persona aventurera que al mando de uno o varios buques, navega por cuenta de una nación determinada, que facilitándole una “carta de corso”, o “patente de corso”, le permite atacar tan solo a los buques que la nación que le protege considere como enemigos. Esa es la diferencia, pero claro que en la Mar, y con ese tipo de personajes, cualquier cosa era posible.

-C: ¿Que pasó después?

-F: Cuando volvió a Londres en el “Duke”, Alexandre Selkirk, al parecer se casó con una viuda, y durante diez años, después de su regreso a la civilización, Selkirk se hizo un personaje bastante popular contando sus aventuras y peripecias de pueblo en pueblo, llegando como algunos afirman a vivir como un príncipe. La leyenda de Selkirk, y su aventura, llegó a oídos del periodista, comerciante y escritor Daniel Defoe, que le inspiró, basándose en ella, para escribir una gran novela de aventuras, que se publico en el año 1719, bajo el título de “Robinson Crusoe”.

Daniel Defoe (1661-1731)
Robinson Crusoe

Pero aquella vida de espectáculo de feria no iba con el carácter del irreductible Alexander Selkirk, que volvió a embarcarse en 1717, volviendo a la Mar que años atrás tanto le había aislado.

Aquel rudo escocés moría en la Mar, a las 20:00 h del día 13 de diciembre de 1721, sirviendo como teniente, a bordo del barco de la Armada “Weymouth”, probablemente de fiebre amarilla, descansando sus restos, para toda la eternidad, en algún lugar del fondo de las aguas cercanas a las costas occidentales de África. Tenía entonces 47 años.

Murió sin leer la novela de Daniel Defoe.

La Historia ha sido sin embargo, demasiado olvidadiza con el real Alexander Selkirk y excesivamente benévola con el imaginario Robinson Crusoe.

-R: Realmente es bien cierto, que la “más fría, oscura y solitaria de todas las tumbas, es la de un marino”

-F: En 1966, la isla en la que estuvo 5 años nuestro escocés fue “rebautizada” como isla “Robinson Crusoe”, la conocida como “Mas a Tierra”, mientras que le dieron el nombre de isla “Alexander Selkirk” a un alejado islote en el que jamás puso un pie nuestro verdadero náufrago, y denominada antiguamente “Mas Afuera”

Capitan J. Stradling

-C: Pues si tuvo que pasarlo mal, pero al final parece ser que se amoldo a su suerte y consiguió salir adelante, y a Daniel Defoe le sirvió para hacerse famoso.

-F: Daniel Foe, más conocido por su seudónimo Daniel Defoe, ya era un escritor reconocido, como lo atestiguan no menos de 545 títulos, entre los que se encuentran desde poemas satíricos, panfletos políticos y religiosos, hasta volúmenes que le han sido atribuidos.

Entre estos volúmenes o novelas, se encuentra la ya mencionada “Robinson Crusoe”, clásica novela de aventuras por antonomasia, y aunque por lo general a esta obra se le conoce simplemente por el nombre del protagonista, el título original, tal como aparece en la portada de su primera edición es, “oído al parche”, compañerines:

“La vida e increíbles aventuras de Robinson Crusoe, de York, marinero, quien vivió veintiocho años completamente solo en una isla deshabitada en las costas de América, cerca de la desembocadura del gran río Orinoco; habiendo sido arrastrado a la orilla tras un naufragio, en el cual todos los hombres murieron menos él. Con una explicación de cómo al final fue insólitamente liberado por piratas. Escrito por él mismo”.

-R: ¡Santa Ana bendita!, es más largo el titulo que la novela.

-F: Pues el éxito de la novela fue inmediato y universal, considerada la novela inglesa más popular de todos los tiempos y, según dicen los ingleses, el segundo libro más leído después de la Biblia, y fue debido, no solamente a que fuera una gran novelas de aventuras, sino que además resulta admirable el personaje creado por Defoe, ya que el hecho de que Crusoe enseñe a Viernes (el indígena que rescata de los caníbales), todo lo que sabe, tiene indicios del imperialismo británico (la isla la consideró desde un principio como de su propiedad), y del colonialismo cultural, dado que también le convierte al cristianismo y le expone las riquezas del mundo occidental, temas de gran agrado en la sociedad inglesa del siglo XVI, presentándolo así como un símbolo del puritanismo, del hombre hecho a sí mismo, de su la perseverancia, e incluso en las más difíciles condiciones, de su apatía sexual, y de su autocontrol.

La isla de Selkirk

-R: Por lo tanto, supo darle a la gente, una novela al gusto de todos.

-F: Pues si, por lo que se ha demostrado, así ha sido.

-T: Pues nada, mañana más… ¿Andamos hasta la Barra?

-T: Venga, a ver cómo está la Mar, que esta tarde tengo ganas de ir a calamares.

-R: Eso, y me traes alguno que hace tiempo que no los pruebo.

-T: ¡Si home, si!… ¡P’a ti estaba buenu!… Anda y vete a segar…

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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