El incendio de la torre del Palacio de Ardisana

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Hoy, si tienen un ratín, quisiera que me acompañaran hasta la Iglesia de Santa Eulalia de Ardisana, en la que todavía perduran vestigios de su origen románico, y desde allí seguir un amplio y pendiente camino empedrado que baja hasta Palaciu, pueblo nacido en torno a la casa-palacio de los Posada.

Y a esa suerte de palacio, que llamaban la Torre, y concretamente a los tiempos de la ocupación francesa pretendo “transportarles” con el fin de dedicar unas líneas a Don Blas Posada y Castillo, uno de esos llaniscos que bien se merece un recuerdo.

Don Blas, que heredó el mayorazgo de sus padres, había sido elegido para participar en la redacción de la Constitución conocida popularmente como “La Pepa”, pero no llego a incorporarse como diputado para tan importante tarea, ya que no tuvo más remedio que luchar en la guerra de la Independencia.

Enseguida, empezaron a destacar sus actuaciones contra los franceses y su capacidad para mantener la moral de combate de los llaniscos, lo que dio lugar a que fuera perseguido y obligado a vivir errante, escondiéndose en Cabrales y montañas cercanas, y algunas veces acudiendo, en secreto, al lugar donde residía su familia, que no era otro que la casa solariega de Palacio de Ardisana.

En el mes de febrero de 1810, a través de un espía, los invasores se enteraron de que Posada visitaría a su esposa que acababa de dar a luz, y quisieron sorprenderle.

Aprovechando la oscuridad de la noche rodearon la mansión, la reconocieron, forzaron la salida de su mujer y sus hijos, y sin conmoverse por las lágrimas y súplicas de los pequeños y su madre prendieron fuego a la Torre para que se abrasará Don Blas.

Éste, que había tenido tiempo para huir en los primeros momentos, arrojándose casi sin ropa por una ventana, y sin saber la suerte que habían corrido su familia y los servidores, vio desde las alturas de Riocaliente el incendio de su hogar y el de sus antepasados.

No acabaron con la guerra de la Independencia los servicios que aquel hombre, en el que la inflexibilidad para sostener la razón y la justicia no estaba reñida con la generosidad y amabilidad, prestó a su país y a Llanes, ya que también se distinguió manteniendo el orden público en el levantamiento carlista y custodiando los vasos sagrados y demás alhajas de la Iglesia de la Villa, ante la posible incautación tras el decreto de desamortización de Mendizábal.

Su apoyo a Rafael del Riego para poner en valor la Constitución de 1812, proscrita por Fernando VII, y su arrojo para encarcelar al enviado del Intendente General que pretendía cobrar usureramente a Llanes cantidades de un empréstito forzoso, los dejaremos para otra ocasión.

Una vez llegado al fin de este viaje al pasado en el que los he embarcado, convendrán conmigo que debemos congratularnos porque haya habido llaniscos, como Posada Castillo, que participaran en los acontecimientos que forjaron y definieron la España contemporánea.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

3 Comentarios

  1. He llegado a este articulo tras investigar un poco. Este fin de semana estuve haciendo con mis hijos la ruta del Camino Encantado y paramos a comer en la iglesia de Santa Eulalia (Ardisana). Saque mi drone para hacer unas vistas aéreas del entorno y ante mi sorpresa me encontré lo que parecia una torre en el bosque. Me acerqué y pude ver un campanario. No se si son los restos del Palacio que llamaban La Torre y que usted cita en tan bonito artículo.

    Le adjunto enlace por si puede visualizar las fotos>:

    https://photos.app.goo.gl/6RcAjFWCR3XHyTeG9

  2. Fernando, me alegro que te haya gustado. Pensé que era una historia acertada para estos momentos. Muchas gracias y un abrazo.

  3. Muchos comentarios se pueden hacer a una historia como esta, si no es, como bien Perela, para «congratularnos porque haya habido llaniscos, como Posada Castillo, que participaran en los acontecimientos que forjaron y definieron la España contemporánea» (sic.). Si esta historia, hubiera sido protagonizada por un norteamericano, ya le hubiesen «puesto motor», distribuida a través del celuloide, y a estas alturas medio mundo conocería a este nuestro personaje. Un abrazo

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