La UNESCO en Llanes

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Recorriendo diversos lugares por el ancho mundo he observado en demasiadas ocasiones la desatención, dejadez, abandono e incluso desaparición de edificios públicos o privados, monumentos, jardines o rincones (incluidos los muchos que no figuran en el Órgano de Gobierno de Áreas Protegidas de la Unesco) que por su singularidad se habían convertido en emblema del lugar, y por ende, en patrimonio cultural de todos y que bajo la responsabilidad del Estado, del Municipio o privada, no cumplen las recomendaciones de dicha organización internacional.

Teniendo en cuenta que el sentir y pensar de cada individuo está muy vinculado a la subjetividad, y dando por sentado que lo que a uno emociona a otro le pasa desapercibido, es por lo que debiera intervenir una autoridad compuesta por expertos que considerara qué debiera ser o no ser patrimonio a conservar.

¿Que ya existe?, me soplan al oído mientras escribo. Y yo respondo: ¡Pues no se nota!

Llanes tenía para mi -recurriendo a lo que me toque como subjetividad- desde la temprana edad de mis nueve años en que mi madre me llevó por primera vez, tres lugares emblemáticos: El Casino, la relojería Cuende y el Teatro Benavente.

Llegado de Boquerizo y no habiendo visto en mi vida más que humildes casuchas, descubrir la fachada del prodigioso edificio modernista me fascinó hasta casi el desmayo, dejándo influencia definitiva en mis preferencias arquitectónicas para el resto de mi vida.

En frente del Casino estaba el objeto principal de nuestra visita a Llanes.

No había allí como en la parte opuesta una fachada monumental; pero mi madre escudriñaba con entusiasmo y se dejaba ganar por la tentación que irradiaban los escaparates de la relojería Cuende, dispuesta como estaba a dilapidar las cien pesetas que le habían pagado por la venta de una gallina (era un martes de mercado en la Villa). Allí tras los cristales estaba, entre otros muchos, el que iba a ser mi primer reloj.

¿Se imaginan ustedes lo que suponía para un niño de Boquerizo lucir un reloj de pulsera en los años cuarenta del siglo pasado? Los pocos que había en la aldea eran relojes de bolsillo que algunos ancianos ponían en el de su chaleco los domingos para ir a misa.

La fachada de Cuende de Llanes nos regala recuerdos entrañables, por lo que resulta emblemática para miles de personas (la de Tiffany’s lo es en New York) aunque reconozcamos y aceptemos que las fachadas de ambos establecimientos nunca figuren en lista alguna de Áreas Protegidas.

Pocos años más tarde, siendo ya residente en Llanes, adopté como nuevo edificio emblemático al Teatro Benavente. Aquella edificación hacía más amable la vida a todos los llaniscos durante aquellos tiempos sombríos y tristes.

Tanto para ver espectáculos (el cine, las compañías de teatro itinerantes…) como simplemente por su fachada, que confería elegancia, empaque y singularidad; y que por las noches a marea alta parecía flotar sobre las aguas del Riveru.

Transcurrieron muchos años y singladuras diversas me alejaron, pero cada vez que regresaba, el ritual obligado era visitar mis tres monumentos emblemáticos, para que a modo de “ventolín” me ayudaran a respirar cuanto más aire llanisco. Ahora, cuando paseando por el puente miro para el sitio vacío, ¡voto a bríos !… Me atrapa un berrinche y maldigo a los responsables de tamaña fechoría.

Lamento no saber rezar para elevar una plegaria a la UNESCO rogándoles que todo Llanes sea declarado patrimonio de interés mundial. No vaya a ser que algún mequetrefe pierda las pocas neuronas que le restan y decida desde la política alguna bribonada irreversible.

Eladio Muñiz
(El abuelo)

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