El encanto invisible

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Llego a resucitarte
Llego a resucitarte

El encanto invisible

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Me gusta mucho leer, hay momentos puntuales en los que no paro de devorar libros, desde poemas de Miguel Hernández hasta libros del “mainstream” como el último de Dan Brown, pasando por historias increibles como “El Salvaje” de Guillermo Arriaga.

En una de tantas y tantas lecturas, en este caso una novela con tintes de ciencia ficción, empecé a sentir una enigmática sensación que recorría todo mi cuerpo, como si alguien o “algo” me estuviera llamando para que le hiciera una visita, para que le presentara mis respetos, para que fuera a saludarle… en ese momento no le di más importancia, pensé que debía estar tomándome el libro muy en serio y dejé de leer para volver a cogerlo un poco más tarde.

Con la novela de vuelta en mis manos, una vez di vuelta a la hoja que había dejado a la mitad, comprobé que en la siguiente página solo había escrita una frase: “por favor, rescátame de mi soledad”; ¡¿y esto?!, no tiene nada que ver con la trama… pasé la página y me encontré con otra sentencia: “ven a verme Rodrigo, te ofreceré lo que buscas”; definitivamente, tengo que descansar… ¡¿ven a verme Rodrigo?!, con algo de miedo seguí leyendo la siguiente página del libro: “lo que no se nombra, no existe, y a mi hace tiempo que nadie me nombra, te pido unos minutos de un atardecer cercano, SESEON۞, estaremos juntos el siguiente día que el cielo se vista de rojo”. Definitivamente… me he vuelto majara… cerré el libro asustado para abrirlo al instante y las frases habían desaparecido, en las mismas hojas el libro seguía su trama sin sobresalto alguno… Ahhh, estoy muy cansado y tengo mucha imaginación, no sin nervios, creo que hago bien en pensar: ¡hay que dormir un poco!

La luna, los cirros y los aviones
La luna, los cirros y los aviones

Unos días después, decidí salir a hacer unas fotos al atardecer en la playa de Toró, me apetecía mucho, aunque el día no parecía dar muchas esperanzas, en cuanto al cielo se refiere, ya que estaba casi casi sin nubes. A medida que me fui acercando a Toró el paisaje cambiaba, en el cielo empezaban a fluir los cirros, y un viento del sur machacón se apoderaba del ambiente. En ese momento, sin motivo aparente, pensé que mejor que Toró… sería la playa que está más al este, la playa de… si… la playa de los… ¡jopé! ahora no me sale el nombre, además… ¿cómo se llegaba? ni me acordaba… pero como un autómata tome dirección sur, en el primer desvío del camino seguí hacia el este, luego un poco al sureste, oeste y norte… Allí estaba, ahora lo recuerdo, ¡la playa de Portiellu!, ¡la playa de los Curas! Y, espera, un momento: ¿Sur, este, sur, este, oeste y norte? ¡¡¡SESEON!!!

Cuando el cielo se vista de rojo
Cuando el cielo se vista de rojo
La señal de los cirros
La señal de los cirros

En aquel momento mire al cielo, ya completamente lleno de cirros con caprichosas formas que apuntaban hacia la playa, el sol apunto de esconderse y todo de un color rojo anaranjado cada vez más intenso. ¡Eras tu quién me llamaba!, ¡es espectacular el paisaje que me brindas! ¡gracias! y no te preocupes, a partir de ahora, tu nombre volverá a resonar en el concejo de Llanes, ¡todos sabrán que existes! Desde ese momento, los cirros movidos por la fuerza de las mareas, a través de jeroglificos y señales que yo interpretaba sin pensar, me fueron colocando en diversos sitios del maravilloso enclave, para obtener una serie de fotos que representaban la esencia del lugar. La conexión de la playa con mi villa. La relación de la playa con la naturaleza. La invitación de la playa al monte para unirse. Los sentimientos de fuego que brotaban del corazón del paisaje.

La llamada
La llamada
La invitación
La invitación
Los elementos
Los elementos

Llego a resucitarte

Llego a resucitarte.
Te hallabas en el olvido.
Y en el olvido,
la vida no existe.

Vengo a darte vida,
a colorear tu mundo,
ahuyentando los grises,
insuflándote calidez.

Como en el fondo de un pozo,
aguardabas, helada y oscura,
una brizna de sentimientos
que te liberaran del letargo.

Soy yo tú salvador,
te ofrezco mis vivencias.
Vengo a recordar tu nombre
al mundo de los vivos.

Juntos, saldremos a la luz.
Olvidaremos el olvido.
Viviremos la vida.
Sentiremos, siempre, que existes.

Los habitantes del horizonte
Los habitantes del horizonte

Unos días después de haber vuelto a descubrir la playa de Portiellu, tranquilamente en casa mientras en el exterior llegaba la tan ansiada lluvia, puse la televisión para ver una serie, concretamente “Oficina de infiltrados”. En mitad de una trama en Paris con Malotru la pantalla se puso en negro, para después aparecer flashes de imágenes de costa y monte, en forma de un patrón que no paró de repetirse durante 5 minutos… A continuación aparecio Nadia El Mansour, la serie continuaba. Después de lo sucedido días anteriores, me pareció algo de lo más normal.
Fue tan intenso el patrón de imágenes que me quedó grabado (costa y monte continuamente). Cualquier teleco lo tenía que asociar con un código si o si, así que asocié un 1 a las imágenes de costa y un 0 a las imágenes de monte y me quedó lo siguiente: 01000100 01100101 01110011 01100100 01100101 00100000 01101100 01100001 00100000 01000101 01110010 01101101 01101001 01110100 01100001 00100000 01100100 01100101 00100000 01010011 01100001 01101110 00100000 01000001 01101110 01110100 01101111 01101110 01101001 01101111. ¡Aha! tengo que interpretar esto y pasarlo a texto, cada número decodificado en binario se corresponde con una letra de código ASCII, así el primer número en código binario representa el 68, se trata de la D; el segundo 101, es la e; y así fui descifrando todos los números hasta que apareció una frase: “Desde la ermita de San Antonio”. ¡Ya tengo un próximo destino fotográfico! y es que con la naturaleza de tu parte todo es posible.

Simbiosis

Rincón escondido de mi costa,
te muestras siempre accesible,
das cobijo a la fauna,
y a las almas más soñadoras.

La luna pasa por tu regazo,
las nubes se crean en tu cabeza,
la tempestad amaina a tu contacto,
nuestras penas, son arrastradas por tus mareas.

¿Désde cuando estás aquí?
¿Por qué me conoces tanto?
Me has ganado
con el regalo de tu confianza.
Juntos,
recuperaremos tu perdido encanto.

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