Homenaje a un ganadero, mi padre

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Llevo años deseando que mi padre se jubile. Creo que tras toda una vida trabajando a tiempo completo de lunes a domingo, ya es hora de que pueda disfrutar de la vida como se merece.

Mi intención era hacerle este homenaje el día que se jubilara. De esa forma le agradecería todo lo que se ha sacrificado para dejarme la mejor herencia que siempre me dijo que me podía dejar: la educación. Por desgracia, siento que cada vez le afecta más el daño que alguna gente está haciendo a su sector, ya sea por ignorancia, maldad o pasividad.

Todo lo que aquí comento es mi opinión, así que espero que nadie se sienta ofendido porque no es esa mi intención.

En Asturias pocas ganaderías quedan ya por vocación y, las pequeñas que lo hacen por necesidad, creo que están condenadas al fracaso por las razones que explico a continuación.

Por una parte, está el hecho de que los gastos que supone gestionar una explotación ganadera han aumentado mucho con el paso de los años, mientras que el precio de la leche que cobra un ganadero prácticamente es el mismo de hace 30 años. Este depende de la fábrica que lo pague, pero hay tan poca diferencia entre los precios de todas ellas que parece que estemos ante un oligopolio.

Por otra parte, está la mala gestión de la Consejería de Medio Rural y Pesca del Principado de Asturias para tratar los problemas que afectan directamente al sector ganadero, entre los cuales solo voy a mencionar dos.

El primero son los incendios. No conozco a nadie que recuerde haber visto a Asturias arder como lo hizo en este mes de octubre y ojalá nadie lo tenga que volver a ver, pero esto solo será posible si se toman medidas preventivas. Por ejemplo, mantener los montes limpios como hacían antes los pastores y ganaderos gratuitamente, simplemente para cuidar su medio de vida. De aquella, si algún irresponsable prendía fuego a mala fe la cosa no iba a mayores porque al estar los montes limpios, el fuego se terminaba extinguiendo por sí solo.

El segundo es la epidemia de la tuberculina. Ya no llevo la cuenta de los centenares de animales que se han sacrificado por dar falsos positivos en las pruebas de saneamiento de la Consejería. Me indigna mucho que los responsables de velar por el mundo rural ignoraran las peticiones y medidas que propuso en su día el sector ganadero para detectar la causa del problema, el cual afecta tanto a los animales como a las familias que viven de estos.

Pero más me indigna que mientras ocurría esto, la Dirección de Agricultura permitió que no se sacrificara una vaca que dio positivo de tuberculina, la cual, si verdaderamente estaba enferma, podía contagiar a otros animales. Lo indignante no es que la vaca Carmen de Madrid se librara de la muerte gracias a las 70.866 firmas que se presentaron para evitarlo, lo indignante es que esto ocurriera solo para que la gente que lo permitió pudiera hacerse la foto y así evitar ser molestados por 70.866 personas.

Como me hubiese alegrado papá que cuando la Consejería te ordenó en el 2015 enviar al matadero a Rama y Valentina, de 3 años; Lisa, Ilenia, Nora, Romina y Princesa, de 4 años; Gira, de 5 años; y Palma, de 10 años; alguien más, a parte de los ganaderos y sus familias, se hubiesen indignado y protestado ante esta situación.

¿Sabes lo que más rabia me da? Que el día que la sociedad se percate de lo importante que es el sector primario (el que nos da los alimentos de los que vivimos,) y la Administración se dé cuenta de todas las medidas que ha tomado o dejado de tomar para acabar con este sector; el día que desaparezcan todas las pequeñas explotaciones ganaderas en Asturias y con ellas otros negocios que viven principalmente de ellas, ese día ya será demasiado tarde para hacer algo al respecto.

¿Y sabes lo que más pena me da? Que tú sufras porque sabes lo que está pasando y por más que lo intentes difundir a nadie parece importarle. Tal vez tengas razón cuando dices que al sector ganadero no lo apoya nadie, no te lo voy a discutir, pero lo que sí que te puedo asegurar es que yo sí te apoyo.

Ojalá llegue pronto el día en el que te puedas jubilar, vendas todas tus vacas a alguien de cerca que no las tenga estabuladas para que las puedas ir a ver pastar como siempre has querido. Sabiendo por experiencia lo sacrificado y tan poco valorado que está esta profesión, no entiendo cómo puedes ser ganadero por vocación, pero te admiro por ello papá.

P.D. Mamá no te he mencionado, pero sabes que te tengo tanto que agradecer que no hay suficiente espacio en un periódico para hacerlo. Os quiero mucho a los dos (Paco y María Anita de Llames de Parres), y como me decíais siempre de pequeña: a palabras necias oídos sordos 😉

 

Inés Cibrián Barredo 

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