Cómo conocí a Horst Rippert

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Me gusta mirar y releer los libros de mi biblioteca. La mayoría me traen recuerdos del pasado. Me entretiene recordar cuándo los adquirí, qué impresión me causaron cuando los leí por primera vez y  saber que me han acompañado a lo largo de los años. Hay algunos que, de manera especial, me trasladan a un suceso acaecido hace más de cuarenta años. El papel envejecido de estos ejemplares muestra el paso del tiempo, pero están en buenas condiciones para ser leídos. Con frecuencia releo algunos pasajes. Son todos del mismos autor, Antoine de Saint-Exupéry, y proceden de un regalo de Horst Rippert, piloto de guerra alemán en la Segunda Guerra Mundial y que, hace unos años,  poco antes de morir, se declaró autor de los disparos que derribaron el avión del también piloto y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry, noticia que dio la vuelta al mundo y que, aún hoy , pasados ocho años,  sigue siendo motivo de comentarios en la prensa internacional. Yo no presté en aquel entonces excesiva atención a la noticia. Pero hace unos meses, un periódico alemán hablaba nuevamente del tema y reproducía la entrevista con el piloto. Leí el artículo con atención, llegando al convencimiento de que el hombre que conocí en Llanes, con quien hablé y al que acompañé a lo largo de una semana, no era sino el mismo Horst Rippert.

En los años 64-65 (no puedo precisarlo) ocurrió un accidente de tráfico en Posada de Llanes. Un vehículo que circulaba por la carretera nacional en dirección Oviedo colisionó con otro que, procedente de Posada, intentaba incorporarse a la misma vía. La colisión tuvo como consecuencia, además de daños materiales en ambos coches, que el conductor que venía de Posada resultara herido de consideración, teniendo que ser trasladado al hospital de Oviedo. El conductor del otro vehículo, un ciudadano alemán, resultó ileso. Ese mismo día, creo que a las pocas horas del accidente, la Guardia Civil se presentó en mi casa preguntando por mí. Alguien les indicó que yo hablaba alemán. Me pidieron que los acompañara para efectuar el correspondiente atestado e interrogatorio al alemán, que no hablaba español. Era este un hombre de poco más de cuarenta años, tranquilo y agradable. Noté su alegría cuando nos presentaron y pudo expresarse en su idioma. Una vez realizada la declaración, la Guardia Civil le retuvo el pasaporte y la documentación a la vez que le advertían de la obligación de permanecer en el municipio hasta que se aclarara todo. Me rogó que le indicara un taller mecánico: su coche tenía daños en una aleta y en la defensa así como un neumático delantero reventado. Me ocupé igualmente de buscarle alojamiento. En los días siguientes estuvimos continuamente en contacto. Venía a buscarme para que lo acompañara al taller mecánico, a enviar algunos telegramas y a realizar llamadas telefónicas. Me contó que había sido aviador y que actualmente era periodista: se dirigía a Portugal para realizar un reportaje. Le gustaba observar el trabajo del arreglo de chapa en el coche, y en varias ocasiones, mientras el mecánico trabajaba, sacaba un libro del vehículo y me leía pasajes de obras de Saint Exupéry (pude ver que en el asiento trasero de su coche llevaba dos libros más del mismo autor). Yo me percataba claramente de su entusiasmo y emoción cuando leía, y  notaba su intención de transmitirme sus sentimientos. Me habló en diferentes ocasiones del escritor galo. Yo le dije que no había leído sus obras, a excepción de El Principito. Me respondió que toda su obra era hermosa, única.

La reparación del coche fue cosa de un par de días. Sin embargo, la documentación seguía en el juzgado de Llanes. Al fin, las gestiones realizadas por el aviador (llamadas y telegramas) dieron su fruto. Recibí un aviso del Juzgado de Llanes para que comunicara al accidentado que podía pasar a recoger su documentación y continuar el viaje. Antes de hacerlo pasó a despedirse y me preguntó cuánto me debía por mis servicios. Le respondí que nada. Me pidió mi dirección y marchó con un “gracias por todo”. Pasados algunos días, y cuando yo ya me había olvidado del caso, recibí un giro postal de Alemania por un importe considerable. No recuerdo exactamente la cantidad, pero era de varios miles de pesetas, el equivalente al trabajo de varios meses de un trabajador normal. Y varios días más tarde recibí un aviso para recoger un paquete procedente de Alemania. Contenía varias obras de Saint- Exupéry. Y es precisamente la presencia de estos libros en mi biblioteca lo que me ha animado a escribir este relato. No intento analizar la personalidad de Horst Rippert, ni mucho menos juzgarlo. Solo pretendo desahogarme relatando algo que me parece curioso, raro y llamativo, y es la relación entre un suceso casual de hace cuarenta años y una noticia de actualidad que ha dado la vuelta al mundo y cuyo protagonista está relacionado con hechos acaecidos en Llanes y en los que yo participé.

Como podrá comprobar quien haya leído la entrevista con el piloto, verá que todo, absolutamente todo, coincide, tanto su edad actual como la de la época de piloto y posteriormente la de reportero. Y su fijación casi obsesiva con el escritor galo no ofrece ninguna duda. Me sorprende el calificativo que le han dado en algunos  periódicos nacionales de “asesino de Saint-Exupéry”. En la guerra, desgraciadamente, hay muertos, pues las armas matan. Un soldado cumple órdenes y tiene la obligación de disparar a su enemigo. Pero no es un asesino por ello. El piloto habla en la entrevista del dolor que sintió al enterarse de que el avión derribado era el de “su amigo” el escritor. Y a la pregunta del entrevistador de si le conocía personalmente, responde que no, pero era “su amigo” porque le conocía a través de sus libros: los había leído todos.

He de dejar claro que no he conseguido hasta ahora ningún documento que verifique lo que expongo. No recuerdo el nombre del aviador (lo he tomado de la entrevista) ni le fecha exacta del accidente, debido a lo cual difícilmente puedo acceder a documentos que avalen lo que digo. Sin duda los hay, bien en el Juzgado de Llanes o en el cuartel de la Guardia Civil de Posada  Aún no he contactado con  una de las personas que, de una manera u otra, puede haber tenido alguna relación con lo ocurrido. Pero seguiré intentándolo hasta tener la certeza absoluta de que estoy hablando de la misma persona. Es algo que “necesito” saber. Y no  cejaré en mi empeño hasta conseguirlo.

                                  José Manuel Carrera Elvira

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