Las llámparas

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Llámparas

-R: Hola… ¿Qué tal se presenta el día?

-T: Normal, ya sabes, dudando entre subir p´arriba, o bajar p´abaju.

-P: Pues mira que bien.

-F: Pues yo voy a hacer una cosa que hace tiempo no hacía, y es cuando después vayamos hasta la Barra, como estamos de bajamar, voy a ver si recojo unas “llámparas”.

-C: ¿Y eso?

-F: Pues para recordar aquellos tiempos, en que entre otras cosas de la Mar, les ensañaba a mis hijas lo de “el criu en la cuna”, con una llámpara, cosa que les encantó, pues la verdad es que no hace falta tener mucha imaginación para ver al guaje.

-T: ¿Qué decís?

-C: Cuéntaselo a estos.

-F: Pues que yo cogía una llámpara, y si la apretaba un poquitín por la parte baja de la ventosa, o pié, o como le quieras llamar, por la parte de arriba, le obligaba a sacar la cabeza, con la boca que parecían los “morrinos”, y los dos cuernos los “bracines”, haciendo ese efecto de…

-T: Eso ye “el criu en la cuna”

El criu en la cuna

-F: También me vinieron los recuerdos de cuando el criu, y no tan criu era yo, y me iba a bañar al Sablón, Teresina mi madre me decía, “cuando vuelvas tráete unos mejillones para el aperitivo”. Total, que ya me veías a mí en la “Punta del Guruñu”, saltando a esa especie de peña que tiene en su cara Norte, a recoger uno a uno como hasta un par de kilos de mejillones. Lo curioso, es que cuando los cocíamos, al final del aperitivo me encontraba con unas llámparas chiquitinas, bien cocidas y riquísimas.

-T: Si son ricas, si, pero algo duras si no las sabes preparar bien, pero en la época del hambre, se comía de todo.

-F: Eso lo dirás tu, porque en casa de mis tías en “Santana”, las ponían a la brasa y, tampoco se podía decir que lo hicieran por verdadera necesidad, más bien por el placer de tomarlas, ya que bajo su escudo y ancladas a las piedras conseguías este verdadero y sencillo manjar, que no necesita de mucho trabajo para que queden riquísimas

-C: ¿Y cómo las hacían?

-F: Que yo recuerde, les hacían una majada de perejil, ajo, sal gorda, aceite de oliva y un chorritín de vino blanco. Entonces colocaban las llámparas boca arriba, les ponían encima un poquitín de esa majada, y las colocaban con mucho cuidado sobre las brasas de la “cocina económica” (ya sabéis la de carbón) y cuando se despegaban de la cáscara, entonces era cuando estaban como para que “hasta los chupo me dedos de lo rico que me ha supido”. Se pueden hacer un poco más, pero no te pases ni un pelín, que se ponen como cuero.

-R: Antes de seguir… ¿Por qué no nos sueltas uno de esos rollos técnicos que tanto te gustan?

-P: Mira cómo eres, y que ganas tienes de “diles”

-F: Pues ya que lo has dicho, ahí te va. En el caso de las lapas nos encontramos ante los denominados como “moluscos univalvos”, conocidas coloquialmente con este nombre de lapas (“llámparas” para nosotros) aunque su denominación real es “Patella vulgata”, y como de buen seguro sabrás, consiste en una especie comestible bastante común de caracol de mar, el cual pertenece a la familia “Patellidae” y es muy habitual en los mares de Europa Occidental.

Lapa comun

-R: Anda que el nombrecito. Descansadines quedaron.

-F: Se convirtieron en un alimento común durante los periodos “Solutrense” y “Magdaleniense”, de ahí que hayan sido encontrados en cuevas como la de Altamira. Tras ser consumidas sus conchas se utilizaban como recipientes para la preparación de pinturas.

Y voy a deciros mas, yo las he encontrado en un conchero de esa época, creo yo, que estaba en una cuevina que había sobre la playa de Toró, a la que íbamos a jugar mucho y donde después se construyó el restaurante “El Mirador de Toro”. Alguna vez que otra vez quise volver por allí, pero no encontré la cueva, por lo que no se si todavía existe o ya fue cegada.

-T: Pues en casa las llámparas las comíamos guisadas.

-C: ¿Y cómo eran?

-T: Una tía mía, primero las tenia metidas en agua con mucha sal, durante una hora o pocu mas. En una cazuela hacia una salsa a base de cebolla, perejil y ajo muy picados, pimientos y tomates partidos en trozos, laurel y pimentón, un chorretón de vino blanco y sal, y si quería darle algo de picardía le ponía una guindilla.

-C. Buena pinta tiene la salsa…. ¿Oíste?

-T: Pues hay mas, porque cuando la salsa ya estaba hecha, le ponia chorizo y jamón en “cachinos” muy chicos, le añadia un vaso de agua, retiraba las llamparas del agua, les daba varios aclarados, las metia en la cazuela y las tapaba, dejándolas que se hicieran hasta que les llámparas se despegaran de la concha, y… ¡Riquísimas!

Llámparas a la brasa

-F: No hace falta que lo jures, te creemos

-R: ¡Concho!. Con todo este cuento de comida, me está entrando una fame, que ahora mismin marcho a tomar un pinchu de tortilla.

-F: Haz lo que quieras, pero yo me voy hasta el “Uria”, a tomar un par de pinchos de merluza rebozada, que están como para hablar con toda “La Corte Celestial”, pero de tú a tú.

-P: ¿No “vos” apetecería tomar unas “alinas de pollu fritas” con pimientos de padrón y unas vasinos de Rioja?

Guiso de llámparas

-R: “Home, dichu así”…

-P: Pues vamos primero a la Barra y después vos llevo hasta allí.

-R: Pues no se hable más chachu.

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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