¿Petróleo en la rivera del Cabra?

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Antiguamente en las aldeas los bulos, los chismorreos, los dimes y diretes, los rumores de lavadero… eran el pan nuestro de cada día. Eran los ingrediente indispensables para aliñar la sosura, el aburrimiento y el tedio crónicos que padecieron los campesinos durante siglos en esta maltratada piel de toro nuestra.

Tal vez debido a diversas “epidemias”, pero se me antoja que la incultura (la más letal de las pestes porque genera muy mala “baba”) fuera la principal de las causas.

Aunque las “cosucas” de los pueblos son eso, sólo cosucas, como decía el “notable” de la aldea. Sí, cosucas que eran la causa de numerosos suicidios, añadiremos.

Mientras en otros lugares de la Europa más cercana ya habían pegado el salto a la civilización valiéndose de las ciencias sociales y la cultura , en este país los responsables se miraban el ombligo en la ensoñación de que aquel agujerín seguía siendo el centro del universo y que nuestra “grandeza imperial” seguía poniendo picas en Flandes y en las Quimbambas.

La realidad era muy otra: un elevadísimo porcentaje de ciudadanos era analfabeto, además de otro no negligible número de analfabetos funcionales incapaces de utilizar su capacidad de lectura, escritura, cálculo y discernimiento. Por lo que los ciudadanos eran pobres no solamente de caudales. Avanzado el siglo XX, el turismo y la televisión, el biquini de las suecas y los “ramalazos” que nos llegaban del Mayo Francés, disimularon nuestras carencias seculares y España parecía haber despegado sin romperse los dientes antes de acabarse la pista de despegue.

No obstante, reconozcamos que en las aldeas ya había algo que comentar en el lavadero al día siguiente. Ya dejaban a la vecina que pusiera los cuernos al marido (reales o imaginados), ya importaba menos que el vecino fuera “ demasiado amigo” de otro vecino. Y así una larga lista de chismes quedaba oculta tras el “un millón para el mejor” o los morrillazos del barrio latino de París.

Recientemente, «lo pantojeril» y nenas, nenes y viceversa de TV5 han dejando en minucias ridículas lo que ha sido un tragedia durante un par de siglos. ¡Bienvenidas sean!

Ahora los bulos -porque sigue habiendo- son mucho más gordos. No causan suicidios como los de antaño, pero son de los que de ser verdad, no veo otra forma para conseguirlos que recurrir a “la mordida” de algún político como es ya norma en estos últimos tiempos.

Los que conozcan la orografía del Oriente en la zona de Tresgrandas y Boquerizo entenderán mejor lo que últimamente se rumorea y castañearán dientre contra dientre aterrorizados.

Nº 1

Se ha hallado, dicen, petróleo a gran profundidad en parte de la rivera del Cabra. Desde el Molino del Redondal, tres kilómetros a un lado y otro del río (en el Gamonal y La Vega) hasta las inmediaciones del de Gasparín.

La extracción sería por “fracking”, fracturación hidráulica, una técnica para posibilitar o aumentar la extracción de gas y petróleo del subsuelo.

Leo en Google:
Fracking: La técnica consiste en la perforación de un pozo vertical u horizontal, entubado y cementado, a más de 2500 metros de profundidad, con el objetivo de generar uno o varios canales de elevada permeabilidad a través de la inyección de agua a alta presión, de modo que supere la resistencia de la roca y abra una fractura controlada en el fondo del pozo, en la sección deseada de la formación contenedora del hidrocarburo. Esta agua a presión es mezclada con algún material apuntalante y productos químicos, con el objetivo de ampliar las fracturas existentes en el sustrato rocoso que encierra el gas o el petróleo, y que son típicamente menores a 1 mm, y favorecer así su salida hacia la superficie.

Los que sepan rezar que recen y los demás pongámonos a temblar.

Nº 2

Estando en el barrio del Escajal, en Boquerizo, y mirando hacia la falda del Cuera -apenas trescientos metros de línea recta- ignorando la profunda vaguada que aparece a nuestros pies, se divisará una extensa braña, un paraje paradisíaco rodeado de picachos y con un riachuelo de aguas cantarinas que la atraviesa de sur a norte hasta despeñarse en espumosa cascada, allá abajo en unas vegas que los lugareños llaman La Fuente del Gato.

Como escolta principal, la Braña de la Gigar tiene al Pico Areños, que con su turbante blanco permanente, parece un beduino vigilando celoso su tesoro más preciado.

La Braña de la Gigar tiene a su lado una hermana menor, la llanura del Cabezu. Bellísima y curiosa, pues es el mirador natural más bello que la Naturaleza nos haya regalado. El Valle Oscuru, Tresgrandas, Boquerizo, Noriega, Bojes, Playa de La Franca… se divisan desde allí.

Castaños centenarios las adornan a las dos.

Los rumores son que le han puesto el ojo encima para hacer un golf de 18 hoyos y carretera desde Umpiones para el acceso rodado, destrozando la ladera.

Que Dios nos pille confesaos o que sólo sean rumores modernos.

Amén.

Eladio Muñiz

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